Arte

Los Objetos sin Nombre en el Zineuronas

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Los Objetos sin Nombre en el Zineuronas

Todos los tenemos. Un objeto o un par de cosas, y en efecto cosas, porque entran en esa amplia e imprecisa categoría, que no sirven para absolutamente nada, pero ahí están. Ocupando espacio y formando parte de ese acervo personal, de ese pequeño museo en el que hemos convertido nuestras viviendas. Conservamos objetos como pequeños vestigios de lo que ya no está, los cargamos de significado, los asociamos a recuerdos o sencillamente nos apegamos a ellos como una forma de resistencia. Si un objeto permanece, el tiempo también lo hará y pondremos, o al menos tendremos la ilusión, de que su implacable paso se detendrá.

TXT: Carolina González Alvarado

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En otras ocasiones, tal como se narra en el cómic de Panelismo, ocurre lo contrario, necesitamos deshacernos de los objetos como si al hacerlo, nos despojásemos de la pesada carga que trae consigo la existencia misma, de modo que desprenderse de ellos es una también una forma de reencontrarse o bien, de liberarse de todo aquello que parece accesorio y quedarnos con lo real o, acaso, con aquello que nos da la apariencia de serlo.

Tiliches, cosas, baratijas, cada uno de los objetos posee su propia historia. Tal como se narra en el comic silente de Colin Ruiz, los objetos poseen una trayectoria particular. En un ejercicio de imaginación, este comic narra la historia de uno de ellos: un llaverito de peluche que, por el desgaste y la cantidad de remiendos a los que su dueño le ha sometido con cariñoso cuidado, se deduce que ha permanecido a su lado durante mucho tiempo. Sin embargo, en un giro del destino, el llaverito se extravía. No obstante, lo que parece un accidente desafortunado, es en realidad el inicio de un viaje. Resulta seductor imaginar que los objetos posean una biografía independiente de sus dueños pues, de ser así, desprendernos de ellos nos otorgaría un breve consuelo ante la inevitabilidad de su partida.

 Los objetos, sin embargo, no son tan solo posesiones materiales sino una metáfora de la identidad. De modo que rastrear esos objetos es también una forma de reencontrase con uno mismo tal como se narra en el cómic de Bel Mejía. Un relato visual, en primera persona, que nos muestra que, precisamente, esos objetos son vestigios de la persona que alguna vez fuimos y encontrarlos, desempolvarlos, explorar sus esquinas es quizá una forma de reencontrarnos con aquella identidad que hemos extraviado. Llevar a cabo ese ejercicio de autoarqueología nos permite encontrar los fragmentos de uno mismo, releer nuestras distintas versiones y asimilar nuestros deseos, temores y contradicciones como una forma de abrazar nuestra identidad.  

Uno de los aciertos de este tercer volumen de Zineuronas radica en la diversidad de estilos visuales que ofrece. Si bien las historias están impresas en tinta azul, el tipo de dibujo, estilo y tono de cada artista es notable. Seleccionados de un grupo de creadores que participó en la convocatoria anual que organizan las editoras, los artistas aquí reunidos presentan un acercamiento diverso a los objetos. Desde la relación afectiva que se tiene con ellos hasta juegos narrativos en los que el ser humano se convierte en un objeto coleccionable tal como ocurre en el cómic de El Manchón. A través del humor y la ironía, el autor explora la práctica del coleccionismo. Así como los piratas saquean y se hacen de tesoros por medio de estrategias dignas de una historia de aventuras, el cómic sugiere la existencia un dios que colecciona seres humanos, colocando en una repisa a sus favoritos, como lo haría un devoto dueño que resguarda sus posesiones materiales, este dios “también nos colecciona”.

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 A su manera, este volumen es también una invitación a relacionarnos con los objetos representados en cada cómic. A través de una plantilla de stickers, se invita al lector a colocar los objetos en los espacios en blanco que se encuentran en las cuartas de forro de modo que estas páginas se convierten un espacio que también se puede intervenir.

Zineuronas es una publicación que apuesta por la diversidad, la experimentación y la publicación de autores que poseen lenguaje visual propio tal como se observa en el cómic de Espiga de Pasto, una narración que prescinde de las palabras y que se aproxima a la creación de símbolos visuales que el lector debe entrelazar e interpretar para develar su significado y dejarse seducir por la idea de que el ser humano puede convertirse en un objeto deseable que también desea.

En este sentido, Zineuronas es una invitación, una forma de explorar, por medio de la imagen y la palabra, nuestra relación con los objetos y de qué manera estos forman parte de nuestra existencia ya sea como preciados tesoros, repositorios de nuestra memoria o fragmentos de nuestra identidad.

Este fanzine llega a su tercera edición gracias al apoyo del programa Adelante Zapopan, edición 2024 por la Municipalidad de Zapopan en la Ciudad de Guadalajara Jalisco.

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Carolina González

Carolina González

En realidad es un conejo envestido de persona que disfruta de leer y beber café. Escribe la columna El Conejo Blanco en la Revista Marvin, sobre narrativa gráfica latinoamericana. Tiene particular interés en la relación texto-imagen en sus distintas manifestaciones.

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