Durante los últimos años, el gobierno canadiense ha puesto en práctica una serie de medidas que parecen ideadas para erradicar de forma absoluta el legado de los pueblos autóctonos norteamericanos.

Misma situación que ha traído consigo un ambiente de profunda desolación y aislamiento para las comunidades indígenas canadienses.

Los Grizzlies, de Miranda de Pencier, es una contundente aproximación ha dicho fenómeno.

Esta cinta narra la historia de Russ Sheppard, un joven profesor quien es transferido a una aislada comunidad del Ártico -conocida mundialmente por sus altas tazas de suicidios en jóvenes- con el fin de enseñar historia a un grupo de adolescentes iniut.

Sumidos en una amplia gama de carencias sociales, los muchachos quienes habitan este pueblo no tienen otra forma de lidiar con el día a día más que emborracharse mientras sus existencias transcurren en el sin sentido más abrumador.

Es bajo esta desoladora situación que Russ tratará de motivar a sus problemáticos estudiantes a través de la conformación de un equipo de lacrosse. Mismo proyecto que, a pesar de encontrarse con cierta resistencia y apatía en un inicio, pronto se transforma en el único salvavidas emocional de los protagonistas.

Si bien, esta trama podría parecer una adaptación de argumentos clásicos como Al maestro, con Cariño o Con Ganas de Triunfar, no cabe duda de que la atmósfera opresiva que logra conjurar la transforma en algo único.

A lo largo de esta cinta nos encontramos con una abrumadora puesta en escena la cual logra sumergir de forma palpable al espectador en la aislada cotidianidad de los personajes.

Misma situación que se ve concretada mediante una serie de espacios naturales donde la relevancia humana parece volverse casi imperceptible ante la descomunal blancura del Ártico.

Sin embargo, la desolación de este mismo escenario se transforma en el nicho por excelencia para que la esperanza más tozuda tenga lugar.

Los Grizzlies es, ante todo, un homenaje al espíritu humano y a su inagotable sentido de lucha. Misma inquietud que se ve reiterada mediante una serie de choques culturales los cuales, a pesar de ostentar cierto halo de ingenuidad positivista, nos hacen albergar esperanzas con respecto a un posible diálogo entre arquetipos que anteriormente parecerían irreconciliables.

Muchos escépticos podrán pensar que el contenido de esta cinta es un guiño al progreso neoliberal -el profesor blanco quien enseña a los jóvenes indígenas que existe algo por qué vivir-; sin embargo, es necesario tomar en cuenta que, a lo largo de la cinta, observamos un aprendizaje que se da de forma recíproca. Mismo fenómeno que da pie a un acercamiento humano que va más allá de las diferencias étnicas.

Esta producción forma parte de la Semana de Cine Canadiense. Checa los horarios aquí.