Con Prietto viaja al cosmos, Maxi obtuvo un halo de culto que le sirvió para entender que podía llegar mucho más lejos y entonces formó Los Espíritus, una banda con un proceso de crecimiento acelerado, que no sólo se limitó al público local sino que muy pronto los tuvo girando en diversas partes del mundo.

TXT: Juan Carlos Hidalgo

Durante muchos años, Maxi Prietto ha empujando desde el underground bonaerense; es un músico sobrado de talento y personalidad que cuando canta lo hace con una voz destemplada que lo vuelve algo muy peculiar. Ha picado piedra y arremetido a contracorriente en un momento en que al rock argentino le urgían nuevas figuras y propuestas que ayudaran a soltar algo de lastre histórico.

Todo lo que tiene que ver con Los Espíritus está marcado por el vértigo; su poción que mezcla blues tabernero, psicodelia tropical y otras hierbas auditivas es sumamente potente y embrujadora. Se trata de una banda cuyo influjo se sostiene a partir de un directo tremendo y en el que se produce un alto volumen interpretativo (en este caso no es volumen de rock and roll en estricto sentido).

Desde su debut homónimo en 2013, se embarcaron en un trip acelerado y en alza constante, pero llegaron el año pasado las acusaciones de acoso sexual sobre Maxi –en plena ebullición del Me Too- y la banda perdió tres miembros, comenzando por Santiago Morales, que codirigía la agrupación. Una vez que se aclararon las cosas, el resto de músicos publicaron una carta en que señalaban que se había escuchado sólo a una parte (anónima) y reemprendieron la marcha apoyando a su compañero.

Lo que terminó siendo Caldero (Alto Valle, 2019) ya estaba prácticamente listo, pero lo tuvieron que retrabajar para mostrarlo en la nueva faceta. Ya se había levantado gran expectación en lo estrictamente musical, más allá del sainete mediático. Habían aprovechado sus viajes para hacerse espacio en estudios de grabación en distintos países e inyectarles a las canciones el influjo de cada uno de esos lugares.

La poción psicodélica y tropical de Los Espíritus

Los Espíritus se preparan para su gira.

Durante 2018 tuvieron sesiones en los Estudios Trixxx de Berlín, Estudio Uno en Madrid, el Estudio Naranja localizado en Bogotá más los legendarios Estudios Egrem de La Habana. Registrando temas en sitios tan distantes fue como prepararon este Caldero, un brebaje sonoro en el que sobresale el groove, el ir generando tensión y vibra musical alargando los pasajes para ir hipnotizando al escucha y colocándolo en un trance placentero.

Destaca en el cuarto álbum de Los Espíritus cierta evocación al sonido de Carlos Santana –quizá por el toque que le dan las percusiones, sobre todo-, pero también esa veneración por el blues desértico que se produce en el norte de África –principalmente por el pueblo Tuareg–. El grupo comenzó una relación con el tema “Tar Hani”, del guitarrista Bombino; lo tocaban durante las pruebas de sonido y lo pinchaban en sus fiestas. Esto provocó que de plano buscaran la manera de colaborar con él, lo que se facilitó luego de que el africano pasara por Argentina para tocar dos noches en la sala Niceto su blues desértico.

A fin de cuentas, concretaron “El árbol de los venenos”, una pieza que –como el resto– busca subyugar e introducir a su interior a la gente; en ella, Maxi va desgranando sus palabras casi como haciendo spoken word, aunque la prensa local señala cierta cercanía al estilo vocal de Andrés Calamaro (también apuntan que “Motivos” –el tema de apertura– se vincula con Los Rodríguez). ¿Será que les cuesta dejar de lado las comparaciones con las figuras que lo anteceden?

Por otro lado, no faltan las voces que especulan cómo hubiera sido el disco con la presencia de Santiago Moraes, Fernando Barrey y Francisco Paz –quienes dejaron la banda–; hay elementos para creer que las ocho canciones que lo conforman no hubieran variado de manera notable, sigue estando lo esencial de Los Espíritus, y Caldero es muy buen disco, por mucho que se pretenda también compararlo con su exitoso antecesor Agua Ardiente (2017).

La alineación ha quedado conformada por Maxi Prietto, Miguel Mactas, Martín Ferbat y Pipe Correa, y ellos han sabido hacer las acotaciones necesarias al sonido; además, los invitados apuntalan el resultado final. Mario Kaona, percusionista colombiano, está presente en “Destino” y el músico callejero René Díaz Blanco pone su voz al comienzo de “Plegarias”, que se grabó en Cuba. De parte del talento local, Santiago Córdoba, miembro de Violentango, toca congas y bongó en las canciones “El Servidor” y “Semillas de luz”.

Pese a las sacudidas del destino, Maxi no se traiciona y en “Cigarros y tragos” se mantiene fiel a su escuela arrabalera y noctámbula. Caldero es embrujo, contiene una poción atrapante y mestiza. Sigue despidiendo esa esencia tribal que conduce al trance más gozoso y latino. Se trata de un disco que deja que la música se escurra, que corra como un río perfumado que brota de esa marmita en la que se ha cocinado a fuego muy lento.

La próxima vez que nos encontremos con Los Espíritus será el 28 de noviembre en el Foro IndieRocks! Y aquí te compartimos un link para que te hagas con tus entradas.

La poción psicodélica y tropical de Los Espíritus

No more articles