Aquí estamos otra vez: una chica cool, una guitarra con más distorsión que filtro de Instagram y un diablo en tenis Converse. Se llama LØLØ, viene de Canadá pero suena como si hubiera crecido en un Warped Tour eterno, comiendo riffs de desayuno y confesando en voz alta cada maldito drama emocional que se le cruza por el pecho. Y “the devil wears converse”… bueno, esta rola no es una canción. Es un grito. Un llamado de guerra envuelto en glitter y sarcasmo para todas esas chicas que ya sabían que estaban cayendo por un imbécil… pero igual cayeron.
Y es que LØLØ no intenta reinventar la rueda. No está buscando el Grammy a la innovación sonora. Lo que hace es pararse frente al espejo roto del pop-punk y decirte con una sonrisa torcida: “Sí, a mí también me gustaba ese idiota con cara de ángel y playlist de Nirvana.”
El riff es pegajoso como chicle en suela Vans, y la producción —con ese pulso entre lo digital y lo carnal— sabe exactamente a qué audiencia le está hablando. Esto no es para los puristas de la distorsión ni para los boomers del emo; esto es para la generación que creció viendo a Avril en YouTube, que le puso glitter al trauma y que aprendió a sanar bailando sola en su cuarto.
Pero no todo es ironía y hooks adolescentes. Bajo la superficie, hay algo más interesante: un dejo de autoconciencia, una especie de sabiduría pop disfrazada de rebeldía. LØLØ no está llorando por el diablo, se está riendo en su cara. Es el soundtrack de la catarsis, no de la nostalgia.
Firmar con Fearless Records es apenas el primer paso de una artista que claramente entiende el juego, y tiene todas las intenciones de escribir sus propias reglas. ¿Qué sigue? Giras con Simple Plan, 3OH!3 y Bowling for Soup —o sea, un viaje directo al ADN del emo-pop de los 2000— y un público que la va a corear como si su vida dependiera de ello. Porque tal vez, por tres minutos y medio… sí depende.
¿Veredicto? “the devil wears converse” es como besar a tu ex sabiendo que te va a joder otra vez.
Delicioso, peligroso, y exactamente lo que necesitabas.






