Fue a inicios de 2019, una noche cuando regresaba a casa de trabajar, cansado y cabizbajo, cuando recibí una llamada de nuestra entonces manager. Migrant Motel, la banda en la cual toco, había recibido una invitación de Lollapalooza para presentarnos en la edición 2020. Inmediatamente le marqué a David Stewart Jr., quien vive en Los Ángeles y con lagrimas en los ojos nos felicitamos mutuamente y celebramos a distancia con unas cuantas palabras la gran oportunidad que habíamos recibido.

TXT:: Salvador Ilizaliturri

Adelantamos el tiempo y sabemos lo que pasó… La pandemia nos encerró a todas y todos y el mundo se apagó por un tiempo. Naturalmente, los festivales y conciertos serían de los principales afectados y Lollapalooza 2020 fue cancelado. Una edición virtual se llevó a cabo, a la cual inicialmente fuimos invitados a participar, pero somos una banda que radica en dos países y no pudimos tomar esa oportunidad. Ni hablar,
continuamos trabajando y creando música, estudiando nuestro entorno y relacionándonos con nuevos y nuevas aliadas durante la pandemia, con la esperanza de ser considerados por Lollapalooza más adelante.
A inicios de 2021, enero si no mal recuerdo, recibimos el correo con una nueva invitación para participar en el festival. Esta vez, lo tomamos con más calma y entendimos que todo podría cambiar y que no cantaríamos victoria hasta no ver el nombre de Migrant Motel en el cartel. Hicimos los trámites necesarios y esperamos…
El 18 de mayo, David me escribió y me comentó que las redes de Lollapalooza anunciarían el cartel al día siguiente. No habíamos intercambiado correos con la organización del festival desde que confirmamos nuestra participación, habían transcurrido meses. Estaba nervioso. En mi cabeza existía la posibilidad de que pudieran olvidarse de nosotros; otra caída sería dolorosa. David y yo hablamos por teléfono y nos dimos ánimo, lo que pasara tendría que pasar y con o sin festival, nosotros seguiríamos haciendo lo que más amamos, echar el rock.
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El 19 de mayo, 2 minutos antes de que las redes se incendiaran con el primer cartel oficial desde la pandemia, mi novia me mostró la página oficial de Lollapalooza y ahí encontré el nombre de nuestro amado Migrant Motel. Fue uno de los momentos más bellos de mi vida. Le marqué a David, quien por la diferencia de horarios seguía dormido. Le escribí a su mamá y le pedí que lo despertara. De nuevo nos abrazamos a distancia y celebramos lo que habíamos logrado. Nuestra primera participación en un festival, y vaya festival.
Partí a Los Ángeles mes y medio antes del día que se nos había asignado para tocar y durante ese tiempo ensayamos de 3 a 4 veces por semana; tuvimos múltiples sesiones para preparar (junto con nuestro productor) todas las pistas que usaríamos para el show; afinamos hasta el más mínimo detalle y arreglamos cualquier posible error o falla. Teníamos que dar el show perfecto. Nuestra presentación estaba meticulosamente planeada para ser impecable. La energía, los movimientos, las transiciones entre canciones, cada sección de ellas, las pistas, la mezcla del sonido en vivo, la interacción con el público, la comunicación entre nosotros.
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El 27 de julio tuvimos nuestro ensayo final y el 28 tomamos el vuelo desde Burbank para llegar a Chicago después de una escala en Denver. El 29 en la mañana comenzó el que sería hasta entonces, el mejor día de nuestras vidas. Nos despertamos temprano para desayunar y tomar unas cuantas entrevistas telefónicas. Por ahí de las 10:30 AM nos reunimos con el equipo (manager, ingenieros y la banda) para tomar la camioneta que nos llevaría a la villa de artistas. Al llegar, nos instalamos, dejamos nuestras cosas y fuimos a la carpa de prensa para hacer un par de entrevistas más. A las 2:00 PM, nos alistamos para ir al Escenario Toyota, para tocar el primer show de los dos que tendríamos en el día.
Nos transportamos en carritos de golf, disfrutando de una increíble vista de la ciudad (edificios enormes, el día soleado, música en vivo sonando y la gente disfrutando). Cuando llegamos al escenario, nuestro equipo estaba ya instalado y listo para treparnos a rockear. Fue un show increíble, el escenario no era muy grande y muchísima gente se acerco conforme el show fue avanzando. La gente bailo y saltó con nosotros. Tocamos un set más corto que el que tocaríamos en el escenario BMI a las 6:45 PM. Fue un gran calentamiento.
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Después del show, tuvimos tiempo de convivir con nuestras familias y amigos y con el público que se acercó para saludarnos. Después nos montamos al carrito de golf y fuimos al área de comida. Tomamos nuestro almuerzo, nos relajamos y por ahí de las 4:00 PM nos dirigimos al escenario BMI, en donde nos tocaba cerrar el día. Estando ahí, hicimos algunas actividades como firmar pósters y hacer algunas dinámicas en video. Después tuvimos un rato libre en donde hicimos el necesario networking con la gente que estaba en el área además de que tuvimos unos minutos para ir a ver el show de Jimmy Eat World.
A las 6:30 ya estábamos instalándonos. No había una prueba de sonido como tal así que fuimos lo mas rápidos posibles para acomodarnos, hacer un line check y asegurarnos de que todo estaba en orden. Y así, en punto de las 6:45 PM ,comenzamos a dar el mejor show de nuestras vidas. Fue perfecto. Más allá de lo técnico, David y yo nos divertimos como nunca y contagiamos nuestra felicidad y energía al público que se reunió a vernos y el cual se acrecentaba conforme transcurría el show. Vi a David graduarse con honores, logrando que todo el público se agachara para brincar y gritar a su señal. Fue un momento mágico.
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Al terminar, nos tomamos la respectiva foto con el público de fondo, nos abrazamos y con toda la adrenalina que cargábamos fuimos a abrazarnos con nuestras familias y amigos y a convivir con toda la gente que se quedó para saludarnos y platicar. Regresamos al hospitality y nos preparamos para regresar a la villa y dejar nuestras cosas para así, comenzar a disfrutar del resto del festival como público y alcanzar a ver la presentación de Miley Cyrus. Luego nos dirigimos nuevamente a la villa y disfrutamos de nuestra última cerveza dentro del camerino. Fue un momento de alegría y paz entre todo el equipo el cual concluyo con el viaje en camioneta de vuelta al hotel, en donde cenamos y rompimos filas, para que cada quién disfrutara la noche como mejor le pareciera.
Tocar en Lollapalooza ha sido la mejor experiencia que hemos tenido. Lo sentimos como un premio a todo el trabajo realizado por el equipo que tenemos, todo el empuje realizado a través de los años y las batallas que las redes sociales no cuentan, aquellas ganadas y muchas perdidas. Somos una banda que ha aprendido a adaptarse y a trabajar desde todos los ángulos posibles para seguir creciendo y abriendo puertas. Sabemos que nuestro viaje no termina en la experiencia de Chicago. Seguimos trabajando arduamente para contar las experiencias de Monterrey, las de la Ciudad de México, las de Austin, Boston, Bogotá, Buenos Aires o Santiago. Lollapalooza fue solo el comienzo y no pararemos hasta llegar a todos los escenarios y, más importante aún, a tus oídos.
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