Licht: mirar sin ojos

Licht se proyectará del 21 al 26 de agosto en Black Canvas – Festival de Cine Contemporáneo 

La normalidad es la base por excelencia de nuestra sociedad; una argamasa monolítica sobre la que descansa la propia utilidad práctica de los modelos hegemónicos de cualquier civilización.

Desde los orígenes más arcaicos de nuestra historia, el incumplimiento biológico de esta normatividad ha desembocado en la inmediata exclusión del otro a partir de una serie de  prejuicios que están vinculados a los regímenes de corrección que son consustanciales a la anatomía humana. Sin embargo, es bajo los rigores de esta misma “anomalía” que también suelen florecer nuevos paradigmas que dejan en claro que la felicidad es un fenómeno mutable que puede ser concretado bajo distintas formas y contextos. La vida de la pianista Maria Theresa von Paradis (1759-1824) es uno de los ejemplos más potentes dentro de dicho asunto.

Reconocida como uno de los prodigios musicales más remarcables de su época, esta magistral compositora se vio a luchar desde sus edades más tempranas con una ceguera crónica la cual la obligaría a explorar nuevos mundos estéticos en un intento por escapar de la oscuridad en la que se veía sumergida día con día.

Decidida a capturar de forma eficaz la esencia de dichas inquietudes, la directora austriaca Barbara Albert se da a la tarea de retratar uno de los momentos más apremiantes de la vida de von Paradis a través de Licht (2017), cinta que recrea el tratamiento que la pianista recibió a la edad de dieciocho años por parte del controversial médico Franz Anton Mesmer.

Configurada mediante un manierismo visual que va de la exuberancia pastelosa a los matices más oscuros, esta cinta se alza como una reflexión ultra-sensorial acerca de aquellos paradigmas que definen nuestra percepción. Misma propuesta que se ve acrecentada mediante una cámara inmersiva que nos permite acariciar la experiencia de volver a utilizar nuestros ojos por primera vez.

Licht aborda un tópico plenamente perturbador: la contradicción que nuestro propio inconsciente nos impone; misma que se ve materializada mediante síntomas físicos que parecen confirmar esa unión irreversible que persiste entre psique y carne.

El aislamiento, el abuso y el sometimiento que los seres “anormales” se ven forzados a padecer –no sólo aquellos que ostentan capacidades diferentes; sino también quienes están marcados por la desigualdad social y de género-  queda registrado de forma afilada mediante una serie de construcciones dramáticas que nos recuerdan ese cinismo con el que nuestra sociedad es capaz de cosificar a aquellos quienes no cumplen con los roles impuestos por sus estereotipos de funcionalidad. Sin embargo, el discurso de la cinta también guarda un ápice de salvación que nos recuerda que la dignidad es un derecho por el que debemos de luchar todos los días.

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