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León Larregui desnuda su universo emocional en ‘Manifiesto de un tremendo delirio’

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León Larregui desnuda su universo emocional en ‘Manifiesto de un tremendo delirio’

Manifiesto de un tremendo delirio es, ante todo, un manual de las emociones más sinceras de León Larregui. Un proceso de desnudez sensible en el que no queda un solo temblor sin narrar. Todo sucede en la vida del compositor en constante movimiento.

Larregui no es un artista que oculte su interior al momento de componer. Es un lírico que entiende la fuerza inspiradora de los desgarros emocionales: el amor ocupa el primer lugar en la carrera de las musas, aunque también aparece un compromiso social notable a través de su poesía.

Musicalmente, el disco se mueve principalmente en los terrenos sonoros de los años 70. Hay chanson francesa con aspiraciones internacionales, producciones barrocas, sintetizadores casi sinfónicos y momentos de pop que rozan el proto-house. Todo ello con una notable homogeneidad, sello característico de la casa.

¿Y qué nos cuenta el divo sideral?

Nos entrega canciones redondas, de estructuras elaboradas, donde estribillos y desarrollos brillan con igual intensidad.

Desde la bruma soñadora de “Bruma”, donde se presenta como un espíritu inalcanzable en constante tránsito —una pieza de pop electrónico con aires franceses—, hasta otra ligera tonada de esencia gala donde el adiós se asume como forma de vida.

Acordes a lo Prince abren “RIP”, una confesión de agotamiento que funciona como carta de despedida con tintes de autoinculpación.

“Con amor” es un hit lánguido para bailes enamorados, descaradamente francés. En contraste, “Venimos” se abre a la tradición mexicana, entre la carrilera y el corrido: una exploración de la geografía emocional patria y un homenaje al migrante, figura también presente en el universo sensible de Larregui.

El artista no es ajeno a las corrientes musicales contemporáneas. El uso de arreglos neoclásicos aparece en un breve “Interludio”, que sirve como transición delicada.

Con “Juntos pero separados” retoma la línea pop, entre sintetizadores y ecos de Giorgio Moroder, reafirmando su afinidad por un sonido que evolucionó de los años 70 a los 80.

“Cometas” se sumerge en el folk psicodélico, con versos atrevidos y una lírica libre, donde no se busca necesariamente el entendimiento, sino la expresión interior. Aquí, incluso, asoma un compromiso político que confronta la indiferencia y el egoísmo.

De nuevo los años 70 aparecen en “Tremends”, un pop moderno entre el funk y la orquesta, sin timidez sonora: guitarras, cuerdas y baterías al servicio de la expresividad vocal.

Larregui tampoco se resiste al vocoder en “Romper en pedazos”, con un nuevo guiño al disco de acento francés.

Sorprende “Telepatic”, cuya atmósfera remite al Transformer de Lou Reed. Aquí, León se sitúa en su ciudad como un lugar donde puede ser encontrado, pero bajo su nombre original: Tenochtitlán.

El álbum cierra con un canto al amor, a la luz de cada ser. Un destello de esperanza en tiempos turbulentos, que también forman parte de los temores y delirios de León Larregui.

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Staff

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So Long, and Thanks for All the Fish.

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