Si en algún lugar debe de caber la crítica -y especialmente la autocrítica- es en el mundo del arte, un ámbito libertario donde no deben privar los fanatismos ni las militancias irracionales, por mucho que los propios autores se vean involucrados, como en el caso del grupo español León Benavente, que disco a disco recurren a uno o varios temas que ponen el dedo en la llaga.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Tiene apenas unos cuantos días que han lanzado Era (Warner, 2022) e incluyen una canción ácida y dolorosa para toda una generación, pero no exenta de razón y argumentos; en “Viejos rockeros viejos” escuchamos: “Fueron tendencia en épocas pasadas/ Algunos ya están muertos/ Otros reviven situaciones complicadas/ Siguen creyendo en un público fiel/ Y en el poder de las canciones para el cambio/ Viejos rockeros subiendo al escenario/ Reciclando los estilos del pasado”.

A través de este tipo de temas controversiales, polémicos y siempre lúcidos es que disco a disco nos mantienen a la expectativa y tras de escucharlos solemos reiterar que mantienen el nivel por lo alto, sin escatimar por ello en una especulación a propósito de su propio gremio y la gente de su edad -rebasando la cincuentena, aunque hay gente mucho más grande en activo-; me quedó con otro trozo de la canción ya mencionada: “El tiempo vuela de un modo irreparable/ Viejos rockeros viejos/ Siguen creyendo que son irreemplazables/ Siguen creyendo que lo que hacen importa/ Van bajando a poco las revoluciones/ Varias cadenas colgando de sus cuellos/ Poniendo velas a los dioses del rock”.

Cierta paradoja existe cuando se lanzan estas proclamas en un disco que puede entenderse como una obra de rock y que no toma influencias de exponentes tan recientes, quizá la influencia más próxima sea la de LCD Soundsytem, mientras que en otros pasajes parecen retomar de los años ochenta. Al final, lanzan un consejo inapelable: “Hay que saber irse de una fiesta”.

Debemos agradecer que Abraham Boba y compañía sean gente tan leída y culta, porque de esa manera utilizan su bagaje para citar en un mismo tema un libro de María Salgado y una frase de la película Blade Runner -influencia total en el mundo de hoy-, tal como ocurre en “Líbrame del mal” -un temazo-.

Era se conforma por 10 temas y en modo alguno carece del brío y la urgencia que les conocemos; tiene también otras composiciones muy brillantes como “Canciones para no dormir” y “Te comes mi corazón”, que es una colaboración con Triángulo de Amor Bizarro y ese otro manifiesto que deberá incomodar a muchos quedados: “Di no a la nostalgia” (y que se enciendan otra vez las hogueras de las vanidades y los tribunales de los políticamente correctos.

León Benavente incluso cambiaron de instrumentos y roles al interior de la banda y a la postre el sonido resultó no sólo del mismo calibre sino de mayor efecto y potencia. Hay chispazos de Kraut, pasajes industriales más densos y citas interesantes, como al gran cineasta Ingmar Bergman en “Persona”.

10 años de carrera, 4 álbumes, muchísimo rodaje en directo, hacen de León Benavente una avalancha creativa que nos inquieta y no increpa; este es su disco menos guitarrero, pero ello no resta un ápice de creatividad sonora y férreas convicciones discursivas… todo lo contrario -que se entienda bien-.

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