Por Arturo J. Flores

Hace cuatro años, previo a un concierto que Tex Tex ofrecería en el teatro Blanquita, me senté a platicar largo y tendido con Everardo Mujica, el Muñeco Lalo Tex. Líder de la banda de rock más representativa de Texcoco -aunque se dice que se formaron en Tlaxcala-, estuvo flanqueado en todo momento por su hermano Chucho, bajista del grupo. La charla se quedó enlatada como les pasa a muchas entrevistas. A propósito de la muerte de Lalo, que tuvo lugar la madrugada de este lunes, producto de un paro cardíaco originado por la diabetes que padecía, vale la pena desenterrar una de sus últimas charlas extensas. ¿Y de qué hablamos? De sexo, drogas y rocanrol.

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¿Cómo era tu vida antes del rocanrol?

Lalo: Lo clásico. Estar bien apegado a la familia y a seguir los lineamientos sociales. Ser muy obediente, bien portado. En la escuela iba dando tumbos, entre 7 y 8. A veces mandaban llamar a mis papás por alguna travesura. Siempre experimenté con lo que debía y lo que no debía también.

Pero acabaste una carrera. Eres ingeniero.

Lalo: Sí, porque la presión familiar pesaba. A veces los papás tienen miedo de que los hijos no encontremos cómo sobrevivir. Ignoran que ya existe un camino trazado para nosotros. Unos seremos doctores, albañiles, obreros, dentistas o artistas.

¿Qué prefieres, que te digan Ingeniero Mujica o pinche Lalo?

Lalo: ¡Que me digan Muñeco! Porque yo escogí esta forma de vida. No terminé la carrera por miedo a que no funcionara el rocanrol. El fracaso nunca estuvo en mi mente. Yo sabía que tenía que hacerla sí o sí.

Tus hermanos tocaron contigo y hasta el manager es uno de ellos. ¿En vez de oveja negra ustedes salieron rebaño negro?

Lalo: Al principio, para mis papás era frustrante que los cuatro nos dedicáramos a esto. Pero ya después de 15 discos, conciertos por aquí y por allá… apenas a esta altura mis papás ya lo ven bien. También porque ya nos compramos una casa.

Fuiste gerente, ¿no es así? ¿qué recuerdas de esos días?

Lalo: Recuerdo haber sido lo que mis papás querían: un hombre de traje y corbata, zapatos boleados y uñas cortadas. Fui gerente de control y calidad de una empresa. Trabajaba con una línea de producción en la que había puras chavas; de todo, dejadas, solteras, con hijos. Sin hijos. Bonitas, feas. Era como un harem… pero un harem pa otros, porque a mí nunca me peló ninguna. De repente yo pensé que ahí encontraría a la futura madres de mis hijos pero ni maíz. Fueron rechazadas todas mis solicitudes amorosas. Pero ahí experimenté un cambio. De subordinado a jefe. Estaba acostumbrado a decir a todos: “sí, señor”. Pero cuando las chavas me decían: “necesito faltar”, no sabía qué hacer. Si darles permiso o no. Ahí aprendí a tener don de mando. Me enamoré de una chica muy guapa, una maestra de aerobics. Y un día dije: tengo que hacer algo muy importante en la vida, que la haga decir: “¿por qué dejé ir a este partidote?”. Que cuando me viera en la tele y abarcara toda la pantalla, yo le dijera: “mírame, sí soy yo”. Así entré al rock.

Pocas bandas son tan sinceras. Dicen que para ellas está primero el arte. Pero tú tal cual dijiste: quiero chavas.

Lalo: Porque de chavo quería divertirme y siempre me gustaron las chavas. Además veíamos la revista Conecte, en la que las bandas siempre salían con chavas muy guapas. Entonces decía: yo quiero eso.

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Y cuando ahora tú inspiras a otros chavos más jóvenes a dedicarse al rocanrol, ¿no te den ganas de decirles: pero aquí también se sufre, cabrón?

Lalo: Pobres ilusos (ríe), pero siempre es más fuerte la cuestión de subirse a un escenario. Cuando estás arriba dices: vale la pena. Eso paga cualquier crisis. Nosotros no hacemos mesas o tornillos, manejamos sueños que duran tres minutos. Canciones, pa pronto. Así pasamos a ser parte del soundtrack de la gente. Cuando escuchan su canción, sienten, huelen, regresan a ese momento, a ese escozor que los marcó. Pero lo cierto es que en México el rockstar en la mañana primero tiene que lavar los platos y llevar a los niños a la escuela.

25 años después, ¿aún recuerdas a tu primera grupi?

Chucho: Sí, le decían la Dragón. Una vez tuvimos un encuentro. Yo no sabía porqué le decían la Dragón. ¡Era porque te daba unos “cañonazos” de pussy (ríe)! ¡venía con rascahuele! Jaló mucho tiempo con nosotros.

Lalo: Había una que se maquillaba mucho, que me gustaba un resto. Siempre andaba conmigo. Se llama Lupe, pero yo le decía “Cindy Lupe”. Cotorreábamos poca madre. Cuando vas a tocar al reclusorio y ni te pagan, sólo a echar desmadre y ponerte pedo, esa es la magia que hacen las mujeres contigo. “Ni les pagan”, me decían mis papás de irme a tocar. Lo que no sabían es que llegaba yo bien besuqueado.

Entonces el verbo sí mata carita.

Chucho: Sí, las palabras siempre se vuelven suaves en el oído de una mujer.

¿Se asumen feos, como en “Qué feo estoy”?

Lalo: Más bien diferentes. Antes esa palabra, feo, horrible y gordo, discapacitado facial, en un principio me dolía y me aplacaba el espíritu. Si una chava se me quedaba viendo feo, me apachurraba. Pero ahora no. Cuando una chica se me queda viendo y piensa “¿será caricatura o humano este güey?”, yo le sostengo la mirada. Este caparazón que Dios me dio, me lo dio para protegerme. Soy como los animales que se camuflajean con el ambiente. Mi cuerpo es mi herramienta. Sé que me puedo acercar a cualquier mujer… ya que me haga caso es otro pedo. (Ríe).

Chucho: Y como dicen los universitarios: por mi raza hablará el espíritu. A las mujeres puedes cautivar con una rola.

También eres médico, ¿no es así?

Lalo: Sí, hice la carrera pero cuando estaba a punto de iniciar el Servicio Social, salió el disco de Toque Mágico y entonces tuve que decidir. O médico o rocanrolero.

¿Has curado algo?

Lalo: ¡Muchas crudas! (Ríe) Con las canciones también se cura, por culpa de alguna frase. Todavía sé inyectar.

¿Medicinas?

Lalo: (Ríe) Sí… lo terapéutico.

Me gusta mucho la manera en que Tex Tex hace crónica social, ¿dónde aprendiste?

Lalo: Es como un talento que te da el hecho de observarte a ti mismo y a tu entorno. La mayor parte de nuestras canciones tienen un 80% de verdad y un 20% de lo que me gustaría que pasara. Yo no lo pedí así. El Toque mágico es acerca de tener un empleo normal. Ver a la gente dormida en los camiones. Como chavo te preguntas: ¿así voy a terminar? Y con la guitarra todo eso que es muy duro, lo conviertes en algo más amable. Hacer canciones me da alivio.

Hace 20 años hablar de “toques” no tenía la misma connotación. Ahora que existe tanta violencia relacionada con esos “toques”, ¿lo escribirías distinto?

Lalo: Es que no la escribí acerca de mariguana, la gente lo tomó así. Yo me refería, de verdad, a un toque de magia. Porque los mexicanos la tenemos.

Pero sí escribiste “La plática”, inspirado en todos los nombres coloquiales que le damos a la mariguana.

Lalo: Sí, porque se me hacía chistoso cómo nos referimos a ella; quien nunca la ha probado no sabe de lo que habla la rola, pero el que sí, se ríe con “zacatito pa’l conejo” o “vamos a que Margarita nos diga algo”. ¿Cómo lo tomaría en este tiempo de narcos? Es una canción. Yo no aliento a que la gente se meta nada. Simplemente para quienes la hemos experimentado es un retrato. Para quienes se ha convertido en un negocio, no les importan los pachecos. Como a la industria del tabaco, que le vale madre si los fumadores se enferman de cáncer. Sólo quieren ganar dinero.

¿Cómo se vive el sexo, drogas y rocanrol en el rock urbano?

Divertido. No tienes el avión ni la limosina. Tu limosina te cuesta 4.50 y la compartes con otros güeyes. (Ríe) O pagas un taxi para llegar al hotel. Pero las mujeres están puestísimas contigo porque quieren divertirse. Cuando un rocanrolero se baja del escenario, se baja con magia El feo se vuelve guapo. El tartamudo habla bien. El ciego ve. El cojo… ¡coge! (Ríe)

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¿Cuál es tu mejor recuerdo de Tex Tex grabando en BMG, con videos en MTV y grabando en Londres?

Chucho: Te cambia el panorama. De repente ibas a los tacos, pero en Londres teníamos una cocinera particular. ¡Hay que vivirlo! Porque se acaba. En Londres, unas chavas amigas de la cocinera le presumían a sus amigos que tenía con ella a unos rockstars mexicanos. Y entonces nos llevaba con sus amigas a los mejores pubs. Cotorreamos muy chido y tuvimos relaciones internacionales (Ríe). Pero además vimos a muchos músicos tocando en los pubs y comprobamos que en Europa también hay músicos bien pendejos (Ríe).

Lalo: Pero esto se acaba hasta que te mueres. Antes de entrar a BMG, nuestra primera disquera, Discos Gas, no creían en nosotros. Decían que venderíamos un disco entre nuestra propia familia. Pero cuando desplazamos a su artista estrella, Lola Belrán, y que nos pasamos su cifras de venta por el arco del triunfo, en el segundo disco, Perdidos, nos dieron carta abierta. Fue tan exitoso que la gente no se explicaba que una banda con güeyes nada flacos y bien parecidos, un trío de pueblerinos que se codeaban con los Caifanes, estuviera pegando. ¿Quién los llevó a Hollywood?, nos decían. ¡Pues nosotros solos! De repente vivimos cosas muy locas. De repente nos daban un estudio para que grabáramos el Tex Tex III, pero ¡cuál disco! Esa madre se convirtió en hotel, bar y cuanta madre. Hacíamos carnes asadas encuerados con unas viejas al lado. Nos dejaron encargados con un güey que según cuidaría que nos portáramos bien, pero nada. Le dijimos a una chava que se lo cogiera y con eso tuvo. La neta. Para nosotros era vivir como rockstars. No bebíamos más que Jack Daniel’s. El policía de la entrada nos decía: ustedes hagan su desmadre, sólo no vayan a romper nada, por favor. Claro que no, le decíamos, sólo romperemos dos o tres hímenes. (Ríe) Estaba perrón. En BMG hacíamos lo nuestro con varo, pero que no era nuestro. Lo tuvimos que pagar después con trabajo. Cobramos regalías hasta 15 años después de estar en la disquera, porque nos descontaron hasta el último boleto de avión.

¿Nunca les dijo la gente del urbano que se les había subido?

Chucho: Sí, pero era por envidia. La esencia de la banda Tex Tex es así, como somos. Pero los medios te engrandecen.

Lalo: Te voy a platicar algo. Antes de entrar a BMG nosotros íbamos a donde nos invitaran. Que al reclusorio, a una pulcata o a un festival con hotel de cinco estrellas. Íbamos a donde fuera. A Chalco, donde ni baños había. O a Televisa. A todos los espacios nos gustaban para tocar. Pero cuando firmamos con Ariola nos pusieron limitantes. Ya no podíamos ir a todos lados. En esos tiempos Brozo no estaba en Televisa; nos buscaba y nosotros teníamos un resto de ganas de ir con él, pero la compañía no nos dejaba. Había amigos que nos echaron la mano en un principio y cuando nos pedían algo, teníamos que salirles con la mamada de “velo con el A&R de la disquera” y los cabrones ni les contestaban. Por eso nos decían: “pinches mamones, como ya se fueron a Londres se creen mucho”.

¿Nunca los quisieron vestir distinto?

Lalo: Sí, pero como somos una banda ruda nos metimos en muchas controversias. Entonces nos decían: “se acabó el presupuesto”.

¿Cotorrearon con las actrices de Televisa?

Lalo: Sí, con María Conchita Alonso… era a toda madre, bien cariñosa.

¿Qué te parecen las bandas indie? Esos sí son espigados y guapos. Les escribiste Asesinos del Rock.

Lalo: Los medios de comunicación imponen modelos de aspiraciones que han surtido efecto en la gente. La imagen ayuda a pegar. Pero la prueba de ácido te la pone el tiempo. A lo mejor ahorita te metes el dedo pa vomitar, ¿pero cuánto te durará? Yo no puedo ocultar mi origen. Y con lo que tengo hay que aprender a desarrollarse. Pero lo importante es que nunca nos auto marginamos. Siempre quisimos estar ahí. Porque tampoco necesitas tener facciones indígenas para hacerte valer como mexicano. Si me dicen que soy una banda muy vieja, de ancianitos, me vale madre. No voy a echar competencias con nadie. [m]