Eros o Barbarie: Rosa Luxemburgo (cuyo apodo nos encanta, “Rosa Roja”), acuñó la expresión “Socialismo o Barbarie“, para enfatizar la urgencia con la que la humanidad de su tiempo necesitaba reorganizarse radicalmente para evitar el fin de la humanidad. Ese tiempo aún está caminando.
Una de las maneras de reorganizar el mundo, y tal vez la más importante, es a través de imaginar otras posibilidades amorosas. Rosario Castellanos, en “Meditación en el umbral”, escribió sobre ser otra mujer, fuera de las expectativas y estereotipos: “Otro modo de ser humano y libre”. ¿Qué pasaría si pensamos, vivimos y escribimos otras formas de ser humanos y de vincularnos?
TXT: Majo Ramírez–Jiménez
Nunca más enfermarse de amor, esta es mi promesa
He visto a mujeres maravillosas (diosas esculturales, inteligentes, bellas, cálidas) destruidas por amor, deshacerse en mares de lágrimas porque no son amadas por un sujeto cualquiera. No parecen entender que hay miles de otros sujetos cualquiera dispuestos a amarlas. O, al menos, a hacer toda clase de malabares por tres gramos de su atención. Pero, ¿por qué nos cuesta trabajo desintoxicarnos del amor? Desaprender el viejo hábito de perdernos en la pareja, de creer que estaremos solas y así moriremos si no conseguimos que alguien quiera formar un nidito con nosotras. Alguien que necesariamente quiera coger con nosotras. Alguien que no mire a nadie más como nos mira a nosotras. Desaprender todo lo que nos han hecho creer que es amor: que habría que compartimentar los afectos, los deseos, que unas personas merecen más nuestra atención que otras. El amor en sí no es una trampa, pero cómo destruimos la jaula en que se ha convertido. Queremos amar y ser amadas. Para ello hay que cambiar nuestras expectativas y nuestras formas de relacionarnos. Por qué querríamos estar juntxs para siempre y a costa de qué. Cómo dejarnos acompañar sin perdernos en un solo vínculo. Cómo reordenar el tejido amoroso: no se trata sólo de la pareja, sino de nuestrxs otrxs compañerxs de vida: amistades, vínculos platónicos, familia, tribu, animales no-humanos.

Salir del juego del amor para quererse bien
Cuando se trata del amor romántico, las mujeres (y las feminidades) son quienes la pasan peor. Aunque el juego está diseñado para que todo el mundo la pase mal. Para evitar el sufrimiento a causa de la obsesión amorosa se sugiere deshacerse de la increíble capacidad femenina de sentirse mal por amor. Un ejercicio que se dice fácil, pero qué difícil resulta no dejarse arrastrar por el drama (“me ghosteó”; “no me ha escrito”; “no quiso quedar”; “me desinvitó a la fiesta”). Seguimos tropezando, al menos yo sigo tropezando: a veces no sé si elijo coger con perfectxs desconocidxs en un intento absurdo por evitar la punzada amorosa. O porque, aunque me cueste trabajo reconocerlo, me enamoré de alguien y me resulta problemático. ¿Cómo se ama fuera del mandato monógamo? Hay muchísima bibliografía al respecto, ninguna receta. Pero [e]sto no [sólo] va de quererse, sino de decidir quererse bien. Qué es quererse bien: reconocer que amo a mi acompañamiento romántico, a mis mejores amigas (algunos de mis grandes amores, aunque les haya perdido) y a mis gatos y a muchxs otrxs; reconocer las distintas necesidades de todas las partes del tejido amoroso que nos compone. Reconocer mis propias mierdas. Reconocer mis propias necesidades y expresarlas, aunque el remitente de mi mensaje no pueda satisfacerlas. El amor es una construcción y para quererse bien hay que hacer el trabajo.
Escribo este texto con la encomienda de redefinir qué es el amor y, tal vez, poder dar mis propias acepciones. Pero entre más leo al respecto, menos lo entiendo. Le conté a D, después de coger, que estaba confundida. Confundida y cansada. “Estás tratando de razonar algo que se siente de manera profunda”. ¿Es posible que mi problema se deba a que no sé llevarme por las emociones que producen la dopamina, la oxitocina y demás hormonas? Una profesora dijo que mi mal se llama exceso de erudición. “Piensas demasiado”. Puede ser, el flujo del pensamiento suele detenerse mientras cojo: probar el sudor de otra piel, la dulzura de otros dedos recorriéndome y entregar una vulnerabilidad. Los espasmos eléctricos que me llevan a retorcerme de placer desactivan mi preocupación intelectual. Siento.
De Amor, amoris: primera definición amorosa
El diccionario de la Real Academia Española lo define como “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y la unión con otro ser”. Las tres primeras definiciones del diccionario comienzan con la misma palabra: “sentimiento”. Las tres coinciden, también, en que recae o implica a otra persona o sujeto/objeto. Entonces, el amor es un sentimiento que proyectamos hacia alguien o algo. Hay una diferencia sustancial entre decir amar a alguien y amar algo, que el objeto sea directo o indirecto. La gramática impacta cómo experimentamos el amor. O más que la gramática, el lenguaje influye en nuestra experiencia amorosa, le impone fronteras: nos enseña cómo y a quién se puede amar.
Me resulta conflictiva la parte de la “propia insuficiencia”. Quiere decir que amamos porque estamos incompletxs. Seguramente, quien realizó esta definición partió del mito platónico del andrógino: éramos unx y nos separó la divinidad. Ahora estamos condenadxs a buscar a nuestra otra mitad, sin ella somos débiles. ¿Podría el andrógino haber sido de a tres?

La Ética amatoria del deseo libertario y las afectaciones libres y alegres concibe el amor como una “máquina despótica”, “un slogan sin sentido, un significante vacío de las tarjetas Hallmark”. Le declara la guerra al amor romántico. Estamos cansadas de éste. Nada queremos saber ya sobre las promesas vacías del príncipe (o princesa) encantador que viene a salvarnos de la torre más alta.
En un video de TikTok, Leonor Silvestri dice que el amor es una herramienta de control genérico, el amor no existe. Se refiere al amor romántico, o tal vez no. En otro video nos aconseja a las mujeres y feminidades no llorar por amor. Después de él, vienen otros diez.
El amor suele asociarse con enamoramiento. El flechazo, el deseo incontenible de posesión. Se asume que el enamoramiento es algo que nos sucede. Pero no quiero detenerme en esto que parece una obviedad: el enamoramiento y la obsesión con otrx no se traducen necesariamente en amor, pues tiene fecha de expiración. La ponzoña de la flecha que lanza Cupido no suele traducirse en una relación que se sostenga sobre el apoyo mutuo, sino que la mayoría de las veces se relaciona más con el deseo sexual.
Aún no sé definir el amor que busco. Me parto entre la búsqueda del padre de mis hijxs o la persona con la que podría compartir mi vida, hasta ser unxs ancianxs. Igual no tendría que ser solo una persona: quiero vivir el sueño de tener dos maridos. Más allá de la acumulación de vínculos románticos, he llegado a pensar que el amor es una cosa animal: el apoyo mutuo, la dependencia recíproca, la solidaridad y la organización como ejes que sostienen la vida. Nada eso suena animal, pero Kropotkin escribió: El apoyo mutuo en respuesta al darwinismo social, a la teoría de la supervivencia del más fuerte. El anarcocomunista se dio cuenta de que, en realidad, la evolución no era resultado de ser el más apto, sino que se dio gracias a la cooperación. ¿Puede la creación de redes de apoyo concebirse como manifestación amorosa? Toca hacer para aprender.
El Amor – KeTeKalles
Melting – Warpaint
Multi-Love – Unknown Mortal Orchestra
Cómo Te Quiero – Khruangbin
Atribuciones
El día que aprendí que no sé amar de Aura García-Junco.
Ludditas sexxxuales. Ética amatoria del deseo libertario y las afectaciones libres y alegres de Leonor Silvestri.
Pensamiento monógamo. Terror poliamoroso de Brigitte Vasallo.

@majoramirezj
Escritora/Latinoamericanista/Ecosocialista/Promotora de lectura. Una pansexual de 1988. NME.






