Música

La nostalgia de Hermanos Gutierrez se junta con el soul de Leon Bridges

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Hermanos Gutierrez

Hay canciones que suenan como si alguien hubiera dejado un cigarro encendido en la mesa mientras el amor se escapa por la ventana. Elegantly Wasted es exactamente eso: un suspiro grabado en cinta magnética, envuelto en polvo del desierto, con la melancolía justificada de quien ha visto demasiadas lunas llenas sin compañía.

Hermanos Gutiérrez, son ya conocidos por su magia alquimista del paisaje instrumental, se unen a Leon Bridges, el crooner tejano de alma vieja que se le ve pasear por las calles de CDMX a la par de las mejores fiestas del Soho House de la Juárez, para invocar una especie de hechizo sónico: un bolero fantasma que flota entre los pasillos vacíos del Texas Theater mientras la historia se desarrolla en cámara lenta. Aquí no hay prisa, sólo la paciencia del eco que rebota en los muros del tiempo.

La guitarra serpentea con elegancia, como si Ry Cooder hubiera tomado mezcal en Oaxaca con Ennio Morricone. Y entonces entra Leon. Su voz —esa mezcla de terciopelo y polvo de carretera— no canta: confiesa, pregunta, suplica. Y entre cada nota, un espacio enorme, un silencio que lo dice todo. Es música para mirar el techo a las 3 a.m., para conducir solo por la frontera sin saber a dónde vas pero sin querer llegar.

No sé si esto es soul con espuelas o spaghetti western con corazón roto, pero lo que sea, funciona. Elegantly Wasted no busca ser un éxito. Es un rito. Una misa laica celebrada bajo las estrellas, donde cada acorde duele un poco y sana otro tanto.

Este no es un dueto, es un cruce de caminos. Un lugar donde el soul encuentra al desierto latino y deciden, por una noche, no hablar demasiado. Porque a veces la música no necesita palabras, sólo la sensación de que algo se está terminando… de la forma más hermosa posible.

Staff

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So Long, and Thanks for All the Fish.

Auditorio BB