Autor: Toño Quintanar

Julian Schanbel es un director quien, antes de desarrollarse en el mundo audiovisual, primero se forjó un renombre entre las huestes más encumbradas de las artes plásticas.

Esto permite que su cine alcance una nueva dimensión estética que se desprende de sus propias experiencias en el formato de la pintura.

La obra fílmica de este realizador es un ejercicio cautivador que captura la potencia de las plataformas pictóricas de carácter plástico para llevarlas al plano de la imagen en movimiento.

Tempranas muestras de su ingenio como la fenomenal Basquiat (1996) dejan en claro que Julian es un especialista en capturar los procesos orgánicos que se esconden detrás del quehacer creativo.

Misma cualidad que se ve rematada por una serie de inquietudes biográficas que buscan fijar la personalidad más íntima de las grandes mentes del arte contemporáneo.

At Eternity’s Gate (2018), su más reciente cinta, es una prueba fehaciente de que, para este realizador, la pantalla de cine es el lienzo por excelencia.

Pocas veces el dispositivo fílmico se había mostrado tan propenso a develar la belleza subliminal de un mundo que parece adquirir nuevas tonalidades a través del escrutinio de la lente.

La propia cámara se convierte en un pincel que marca trazos a partir de las herramientas propias del lenguaje fílmico.

Mismo asunto al que se suma una perspectiva plenamente emotiva que nos sumerge de forma estrujante en la personalidad de un Vincent van Gogh quien está por perderse para siempre en el abismo de sus propias ensoñaciones.

Esta cinta no fue nominada a los Premios Oscar porque, simple y sencillamente, es demasiada cosa para un galardón tan venido a menos.