-UNA CONVERSACIÓN-

PRIMERA PARTE

 A los hombres se les conoce por su obra, pero también por la manera en que se describen y en su perfil de Facebook, Juan Antonio Vargas, catedrático de la Universidad de Guadalajara se autodefine como: Guaca-rocker, Post-punker, No-músico, No-Waver, Groucho-Marxista, ácrata y misántropo.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

He seguido sus pesquisas, tanto investigativas como de coleccionismo de vinilos, desde hace algunos años. De hecho, lo conocí físicamente cuando la FIMPRO organizó un encuentro dedicado a los acetatos y el Prof. Juan Antonio se descolgó por unos ejemplares.

Recién se ha graduado como Maestro en Etnomusicología con una tesis llamada Sonidos Sintéticos en México -Hacía la búsqueda de una voz propia, que no es otra cosa que su versión de la historia de la música electrónica en el país. Conversé con un académico muy puntual y un melómano irrefrenable para conocer sus hallazgos y posicionamientos.

¿Prof. Juan Antonio, por qué crees que en México no se le da la importancia debida a la Academia? Usualmente, casi no hay espacios mediáticos para dar a conocer sus hallazgos, y en términos de investigación musical mucho menos.

La educación en México esta desatendida, eso es un hecho, pero creo que más que no darle importancia a la Academia, se trata de dos ambientes que hablan lenguajes diferentes. He tenido la experiencia de asistir como escucha o ser invitado como presentador a foros o pláticas sobre temas de rock (u de otras cosas, trabajando como profesor), y asiste la gente y hace preguntas, y usualmente se hablan lenguajes más sencillos. Periodistas con estudios de doctorado, como David Cortes, también logran un acercamiento al ciudadano común con sus libros, que son bastante interesantes.

Por otro lado, los productos de la academia suelen tener un lenguaje muy orientado a ella que provoca no sea entendido por muchas personas. Hace tiempo me encontré un libro que salió de una tesis, o al menos creo eso, sobre el punk en México, y el lenguaje es súper elitista, entonces ¿Cómo pretendes que la gente lo lea? No olvidar que el nivel de educación promedio de México es de secundaria concluida, según INEGI, aunque eso no garantiza que los que estudiaron sean lectores.

Al problema de adaptar la tesis o el trabajo de investigación, a un lenguaje más sencillo, viene el de quién te quiere publicar, que en estos momentos así estoy, modificando la tesis y viendo quien puede interesarse. Lo ideal sería que fuera una editorial que permitiera que llegara a más gente, o al menos a la gente indicada.

¿Cómo fue que te planteaste desarrollar una historia de la música electrónica en nuestro país?

Siempre me ha gustado la música mexicana en general, sobre todo el rock. Trato de conseguir libros que hablen sobre el desarrollo histórico y el fenómeno en México, y por lo general la música electrónica va pegado a ella.

Me di cuenta de que, a diferencia del rock mexicano, donde hay bibliografía (no la suficiente claro está), no existe nada que haga un trazo de la música electrónica en México, o, mejor dicho, esta fragmentada. Hay libros muy buenos como El otro rock mexicano, Variación de Voltaje, libros sobre Nortec, me encontré un libro de la UAM sobre la escena Hi-NRG, una tesis sobre el rock progresivo mexicano, etc.

Cuando entre a la maestría en etnomusicología me plantee tomar esa línea de investigación, el desarrollo histórico, y así fue como resultó el trabajo.

Hay toda una vertiente de la electrónica vinculada a las expresiones de vanguardia y la experimentación, pero también hay un apartado de electrónica de baile y festivalera. ¿De qué manera la incluyes en tu investigación, Prof. Juan Antonio?

Ya en los años 70 grupos que hacían rock se pasaron a la música de baile, como Mr. Loco, que sacó un disco de música disco (valga la cacofonía). En México la escena Hi-NRG fue muy grande y de ahí salieron cosas interesantes.

Cuando comencé a ver los años 90, sobre todo con lo que pasó después de Madchester y el verano del amor en Reino Unido, que tuvo una repercusión mundial. Aquí tuvimos una versión del Love Parade, y las expresiones locales de esa escena rave. Algunos pioneros como Década 2 o LLT participaron en esos eventos, y las compilaciones de música electrónica que se hacían en el país retrataban esa escena festivalera, donde venían DJ y grupos incluidos: Tiny Tun, DJ Quecho, etc.

Además, muchos DJ´s sentaron las bases para algunas bandas. Un ejemplo es que lo que en Guadalajara llamamos “Danceterias”, unas fiestas clandestinas en casas abandonadas o que se rentaban para esos eventos, la música estaba mezclada por futuros miembros de Nopal Beat. Lo mismo en Ciudad de México, entonces era natural considerar esa escena.

También la relación con el Estado es importante, ya sea desde la prohibición, violencia ejercida hacia los participantes (el “Tlajomulcazo” en Jalisco) o que se terminaran por la violencia cuando comenzó la guerra contra el narco (como en Nuevo León).

¿Porf. Juan Antonio, quién es el músico de entre los precursores que creas que se debe valorar y que no ha recibido el reconocimiento que merece?

Pues la mayoría de los músicos de los 70, si bien son reconocidos, son más como de “culto” y merecen que la gente los conozca más, ahí están figuras como Alex Eisenring, Capitán Pijama (que su obra esta súper dispersa), la dupla Schmidt-Robledo, por citar a algunos.

A eso le sumamos que las condiciones para grabar y retratar lo que sucedía no estaban dadas, era difícil entrar a un estudio de grabación, los ingenieros no sabían que hacer con un sintetizador. No todos tenían cámaras de video para grabar los festivales, etc. Entonces esa memoria histórica no existe, a diferencia de lo que pasó en Londres o Nueva York, que hay evidencia gráfica y sonora. Aunque ya comienzan a rescatarse sus obras a través de reediciones.

Un ejemplo de esto es Tito. El primero hizo un disco en 1977 puramente con sintetizadores donde mezclaba lo que él considera música prehispánica y electrónica. Un disco raro y difícil de encontrar, fue hasta que una persona en España se enteró y lo reeditó. Tuvo que venir alguien del extranjero para ello. Hoy tenemos que conseguir el disco solo importado. Lo mismo sucedió con la caja de música electrónica de los 70 que editaron en Alemania, para tenerla tienes que importarla.

También hay que ver que esa música fue parte de un “club minoritario” y creo que lo sigue siendo. Ahí tenemos a Carlos Alvarado, pieza clave en México, que murió hace poco y muchos medios importantes no hicieron eco, salvo algunos donde escriben periodistas que realmente se informan de lo que sucede, más que preocuparse por el “show” o espectáculos.

Entiendo que se trató de música difícil de entender y digerir, muchos de ellos eran provocadores, pero ni siquiera en las revistas musicales, de las que sobreviven, han dedicado un número especial al desarrollo de la música electrónica en México, o si lo hacen son solo para incluirlas en un apartado aprovechando un especial de Depeche Mode.

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