Hay una energía particular que se activa cuando le das play a este material: desde los primeros segundos, un beat transparente te penetra los oídos y te obliga a mover la cabeza antes de notarlo. Esa es la carta de presentación de KID PHENOMENON from EXILE TRIBE en su segundo trabajo de estudio, KIDS00’s (Kids double oh). Un proyecto con un estilo claro que fluye sin esfuerzo entre el japonés y el inglés, tejiendo barras de rap en tonos graves, falsetes luminosos y coros sobre una licuadora de ritmos que encaja en cada corte.
Pero más allá de la música, al observarlos se ve un contraste fascinante. Por un lado, se percibe esa coordinación motriz quirúrgica que caracteriza a la escena pop asiática; por el otro, en sus rostros se alcanza a notar esa soltura primeriza, emociones transparentes y una ambición real mientras persiguen un sueño. Una alineación de siete integrantes (Kensuke Sorematsu, Tsubasa Endo, Kohaku Okao, Soma Kawaguchi, Shunnosuke Sato, Kota Yamamoto y Rui Suzuki) que representan de lleno la bandera del denominado TOKYO NEO POP.
KIDS00’s: 12 tracks, muchas capas y cero prisa
En una industria acostumbrada al consumo rápido de sencillos microscópicos y digeribles, apostar por un álbum extenso de 12 canciones se siente como una declaración de intenciones. KIDS00’s no es un disco pequeño ni salido del paso; se percibe una producción pensada al milímetro donde cada pieza tiene su razón de ser.
A lo largo del repertorio, los japoneses despliegan un abanico sonoro hiperactivo: hay destellos de jazz, hip-hop, tintes de pop-rock, funk pegajoso en temas como “Snakebite” y techno crudo en “Black Flame”. Todo convive con la esencia boom-bap del sencillo principal, “KIDS” (con coreografía firmada por Sienna Lalau), y momentos de maduración como “Neo code” o la introspectiva “BLUE”, coescrita por los siete miembros, muestran que este disco es un ir y venir que te mantiene atento, y experimentando diversas emociones.
KIDS00’s deja una grata impresión: un trabajo vibrante y con una ejecución técnica impecable. Para Kensuke Sorematsu, líder del grupo, esta fijación por los ritmos noventeros y la variedad de géneros no es casualidad, sino el reflejo de absorber influencias culturales de todo el mundo. Es la carta de presentación con la que buscan derribar la barrera del idioma y saltar al escenario global tras su reciente paso por el festival SXSW en Texas.
Y aunque la ambición de la banda es clara, al terminar la escucha queda flotando una incógnita sobre el horizonte del pop asiático: ¿esta exploración nace de una verdadera curiosidad artística para conquistar el mundo o, en el fondo, simplemente están navegando la ola de nostalgia inevitable de su propia generación?
En cuanto a ellos, el tiempo dirá si esta parada en el tiempo es solo un experimento en su camino a la cima o el sello definitivo de su sonido. Por lo pronto, el objetivo se logró: llamaron la atención, y es imposible no mover la cabeza al darle play.
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