La tradición sobrevive precisamente porque es capaz de traducirse a nuevos lenguajes, desplazarse hacia otros soportes y adquirir significados distintos en cada época. K-Art 2026. Tradición traducida, futuro imaginado. Arte contemporáneo de Corea, presentada en el Museo Nacional de las Culturas del Mundo en colaboración con la Embajada de Corea, el Museo de Arte Contemporáneo Savina y el Centro Cultural Coreano, parte de esa premisa para explorar las múltiples maneras en que el patrimonio cultural puede convertirse no sólo en un vestigio del pasado, sino también en una herramienta para imaginar el futuro.
TXT: Carolina González Alvarado
Lejos de proponer un recorrido nostálgico por la cultura coreana, la exposición plantea una relación distinta con la herencia cultural. Aquí, la tradición no aparece como un conjunto de formas inmóviles ni como un repertorio de símbolos que deban reproducirse de manera fiel. Por el contrario, se presenta como un archivo vivo: un conjunto de imágenes, materiales, textos y memorias susceptibles de ser intervenidos, modificados y traducidos a nuevos soportes y lenguajes.

Para Michel de Certeau, el pasado no constituye una entidad fija que pueda ser recuperada de manera directa, sino un campo que se reorganiza desde las operaciones del presente. El archivo no posee un significado estable; se trata de un conjunto de rastros que sólo adquieren sentido cuando son activados por una práctica interpretativa. En K-Art 2026, esta lógica se vuelve visible en el propio funcionamiento de las obras: las piezas no se limitan a representar una tradición preexistente, sino que la reescribe al someterla a distintos procedimientos de lectura y reconfiguración. La muestra evidencia así que toda herencia cultural depende de esas operaciones para seguir existiendo, no como conservación de un patrimonio intacto, sino como una continua reescritura bajo condiciones históricas cambiantes. En ese sentido, la exposición propone entender el patrimonio cultural como herencia y posibilidad, es decir, un legado que se preserva en la medida en que se reinterpreta y dialoga con las inquietudes del presente.
Las obras reunidas en K-Art 2026 se desplazan entre la pintura, la instalación, el arte digital y la creación asistida por inteligencia artificial. Aunque las propuestas de los diez artistas que conforman la muestra son formalmente diversas, comparten un mismo horizonte de búsqueda. Más que oponer tradición y contemporaneidad, la exposición las presenta como dimensiones que se interpelan. Las piezas convergen en una preocupación compleja: la necesidad de imaginar formas de modernidad que no anulen la profundidad del pasado cultural.

Esa tensión adquiere una de sus formulaciones más sugerentes en las piezas de IUM. Sus videos generados mediante inteligencia artificial reconstruyen el universo interior de la princesa Deokhye, última princesa de Corea e hija menor del rey Gojong, a partir de la convergencia entre registros históricos e imaginación artística. La tecnología deja de funcionar como un despliegue de capacidades técnicas para convertirse en un medio de exploración de la pérdida, la memoria y la fragilidad humana. El resultado no consiste en ilustrar un episodio del pasado, sino en abrir un espacio de especulación donde una figura histórica adquiere nuevas resonancias emocionales mediante estrategias digitales que desplazan y reescriben una narrativa del pasado.
Una operación distinta, aunque igualmente significativa, aparece en la serie Relación-Naturaleza, de Kim Chun-ok. La artista trabaja con hanji, el papel tradicional coreano, y mediante la técnica del décollage, construye la obra a partir del desprendimiento y sobreposición de capas de papel. De tal forma que el papel no funciona tan solo como un soporte neutral, sino que forma parte constitutiva del significado de la pieza. Las texturas visibles, los fragmentos y las huellas del proceso remiten al tiempo como acumulación, desgaste y transformación constante. La obra sugiere así que las tradiciones no permanecen intactas ni se transmiten de manera inalterada; se configuran a través de sucesivas capas de experiencia, de procesos continuos de relectura y una relación renovada con el pasado.

La escritura ocupa también un lugar central en la exposición. En Letras convertidas en luz, Hwang Sun-tae transforma los manuscritos del poeta Yun Dong-ju en una instalación lumínica donde las palabras abandonan la página para adquirir una dimensión espacial. La pieza adquiere una resonancia particular al recordar que parte de la obra de Yun Dong-ju fue escrita en coreano durante el periodo de ocupación japonesa, cuando el uso de la lengua estaba restringido. La escritura se presenta entonces como expresión poética, memoria histórica y afirmación cultural. Al transformar la palabra escrita en experiencia lumínica, la obra desplaza el legado literario hacia otro lenguaje artístico y sugiere que la memoria colectiva puede encontrar nuevas formas de permanencia.
En conjunto, las obras de K-Art 2026 proponen una comprensión de la tradición alejada tanto de la nostalgia como de la ruptura. La herencia cultural aparece como un campo de posibilidades en permanente transformación: puede manifestarse en la maleabilidad del papel, en la permanencia de una lengua, en la composición visual o en las imágenes producidas mediante inteligencia artificial. Las estrategias digitales y las formas contemporáneas de creación se presentan como medios para reinterpretar el pasado, interrogarlo y traducirlo desde otras sensibilidades. Quizá por ello la muestra trasciende el ámbito de una experiencia exclusivamente coreana. Las cuestiones que la recorren —la relación entre memoria y futuro, entre continuidad y transformación, entre identidad y cambio— constituyen inquietudes ampliamente compartidas en la sociedad contemporánea. En ese sentido, la exposición recuerda que la cultura opera también como un puente a través del cual, sociedades distintas pueden reconocerse en problemas comunes y explorar, a partir de ellos, otras maneras de imaginar el mundo.
La exposición puede visitarse en Museo Nacional de las Culturas del Mundo, Centro histórico, del 16 de junio al 27 de septiembre de 2026.







