Si la vida nos pide movernos, ante la duda tenemos la certeza de que somos quienes somos por el lugar en el que crecimos. En Norteña, Julieta Venegas sabe expresar esto bien. Su noveno disco es identitario. Doce temas en los que la tijuanense se muestra orgullosa de pertenecer a sus tierras y con ansia de volver a ellas. Un álbum personal que se traduce en alma y bastante corazón.
TXT:: Sara Chávez
La brújula apunta hacía el norte y escuchar Norteña es, en el mejor de los sentidos, como subirse a un coche y andar por carretera con un paisaje kilométrico donde el desierto, las montañas, las biznagas y un aire polvoso, seco y caluroso se cuelan por las ventanas, anticipándonos canciones que salen de las bocinas para añorar tiempos pasados, hacer confesiones importantes y celebrar la vida.
Julieta Venegas es una galardonada música y compositora con dos décadas de trayectoria, pero también es una norteña errante. Fue su vida y crianza en la frontera de Tijuana lo que la convenció de materializar un disco con el que llevaba años soñando mientras vivía en la lejanía de Buenos Aires. Conseguir esto significó para la artista volver a sus raíces, y con esto también decidir mudarse de nuevo a México. Dice la cantautora que este álbum no es un disco de música norteña tradicional y más bien lo traduce como memoria sonora, recordando cuando escuchaba a Bronco, Los Tigres del Norte y Juan Gabriel a ambos lados de la frontera.
Desde el primer tema de la obra, “Tiempos dorados”, nos encontramos con un marcado requinto de la mano de Gaby Romero. A grandes rasgos es una canción sobre la aceptación que, entre arreglos de tuba, trombón y clarinete, nos deja claro que los tiempos no volverán, que lo único que nos queda son esos espejismos que se esfuman pronto, pero que al menos tuvimos la fortuna de vivir; como los recuerdos de la infancia o aquellos amores intensos y pasajeros que no se olvidan.

Norteña es también un disco de numerosas colaboraciones. Con Natalia Lafourcade, en “Tengo que contarte” se asoman tintes que asemejan a la música de los chihuahuenses de Conjunto Primavera. Aquí hay confesiones. Es como sentarse a la mesa de una cantina a platicar con alguien sobre perder el rumbo, esperando encontrar compañía, mucho más que palabras. En “La línea”, Yaritza y su Esencia aparecen con una canción sobre la migración, la deportación y la desgarradora separación de familias que suele suceder, sobre todo, en la línea que nace entre Tijuana y San Diego.
Bronco, por su parte, juega un papel importante dentro del disco, porque la canción “Volver a ti” tiene su origen en la voz de Lupe Esparza, imaginada ahí por Julieta. El resultado: una cumbia norteña con los inconfundibles teclados ochenteros que caracterizan a los de Apodaca acompañados del acordeón de la tijuanense, quien nos habla de un reencuentro donde las confesiones emergen con la esperanza de no soltarse. El David Aguilar y Ruzzi también comparten micrófono en temas que nos cuentan historias de amores y amistades que se pierden a la distancia. Por su parte, Meme del Real se junta para cantar sobre aquellas ilusiones que suceden y se agrandan cuando conocemos a alguien, para dejarnos ir repitiendo un abre la puerta, dame un momento y esperemos lo que va a pasar.
Cuenta Julieta Venegas que para la preparación de este disco leyó mucho acerca de la historia de Baja California, sus paisajes y biografías. En la tapa del álbum (cortesía de su gemela, Yvonne Venegas) se muestra vestida de rojo en un paisaje árido, con una gran montaña de fondo. La imagen, música y letras de Norteña nos remiten a una zona geográfica que cuenta historias que resuenan más para quienes viven en contextos similares: al escuchar ese trabajo es imposible sentirse “norteada”.
Confesión: quien este texto escribe es también norteña. Por lo que conciliar la escucha de estos temas me resulta bastante familiar. Por ejemplo, hablé recientemente con mi madre y al colgar me fue imposible no sentir un nudo en la garganta. Ella parece no entender mi necedad de mudarme a otra ciudad, y pensar en esto me hace preguntarme si de verdad valdrá la pena mi plan; luego volví a mi ordenador, conecté los audífonos y me encontré con “Terca”, una composición que con requinto y acordeón se asemeja a un corrido. Ahí, Venegas cuenta lo que para ella significó mudarse a la capital: llorando preguntaba para qué es que tu te vas. Le dije “pa’ que me voy a quedar”, para luego rematar con un temblaba en mi la duda y no sabía qué pensar, si lo que hacía estaba bien o mal. Una composición que sirve para hacerle caso al instinto y darle espacio a nuestras corazonadas, para ser siempre tercos en nuestra manera de vivir.
En Norteña la clave está en el movimiento. Porque ser norteña es moverse siempre con la esperanza de volver. Es cruzar la línea, aceptar que el tiempo pasa, confesarse, levantar la mirada y leer el mensaje de aquellas amigas que recuerdan fortaleza. Es sentirse acompañada. Coproducido con El David Aguilar, es éste un disco con una identidad que se arraiga y nos muestra algo completamente diferente a lo que su autora logró en discos como Aquí o Bueninvento.
Norteña, finalmente, significa ser terca, tener el cuero lo suficientemente curtido como para que el viento árido no termine por agrietar el corazón y la razón. Y volver, Norteña es también eso, volver siempre adonde pertenecemos.

Julieta Venegas por Yvonne Venegas
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