Juan Carlos Hidalgo, colaborador de esta revista y coordinador de la colección de libros Rock Para Leer, enlista sus doce discos hispanoamericanos favoritos de este año. Algunos viajan desde España y otros desde el sur del continente, en donde todo el tiempo sucede algo. A continuación, su dedicada selección.

TXT: Juan Carlos Hidalgo

Un año de tensión… de crispación… de una región (más bien socio-cultural) atribulada por un violento choque de ideologías. Se cierra un ciclo marcado por la toma de decisiones y el viraje brusco de los posicionamientos. En todas las ocasiones, la música brinda siempre lo que se le pida, ya sea complicidad o compromiso. El arte funciona como una trinchera, pero también es una puerta hacia una dimensión alterna donde las cosas ocurren de otra manera y donde siempre encontramos resguardo y abrazo. Termina un año agitadísimo que nos lega música maravillosa que trascenderá –sin duda- cualquier tipo de coyuntura.

  • Nicola Cruz (Ecuador)
  • Siku
  • ZZK Records

La consolidación y confirmación de una estrella global de la electrónica avanzada. Lo que comenzó siendo llamado Andes step fue mucho más allá y se nutrió de referencias tomadas de África, Asia y otros territorios del continente americano, como Brasil. Un concepto muy amplio del folklore se une al downtempo para crear texturas y pasajes hipnóticos que parten del registro y procesamiento de instrumentos tradicionales. Aquí lo ancestral se funde con un espíritu futurista, que también se atreve con la cumbia. ¡Trance y fiesta!

La prueba irrefutable que el universo de lo afterpop se encuentra en total expansión. Guille Milkyway lo tomó como un disco de transición, pero sobran evidencias de que ya se encuentra en otro estadio distinto, uno en el que las referencias se amplían hasta un trap mutante o la enésima vuelta de tuerca al j-pop. Su narrativa traspone una ruptura amorosa y la manera de emerger reinventado. Es un malabarista del arte musical que logra que hasta la jerga científica quepa en sus letras.

El ascenso de un hijo de la Amazonía ha sido vertiginoso y en su segundo álbum hay una exploración del pensamiento místico, el concepto de sanación e incluso el chamanismo, pero también un vistazo a la ciencia. Se basa en una variante densa de hip hop y una electrónica que esta vez varía mucho más la velocidad. El arte de Mateo es generoso y auténtico, por lo que conduce un trepidante viaje multidimensional. Él sabe moldear al tiempo y el espacio.

Parecía que Moctezuma (2014) sería una obra muy difícil de superar, por lo que requirieron y apostaron por un gran esfuerzo creativo. Le dieron una importancia superlativa al ser humano y sus tribulaciones como hilo conductor de las canciones. Alejados del tema de la voz de Juan Son (ex vocalista), la banda decidió trabajar en la construcción de un nuevo sonido y personalidad sonora, y lo lograron. Cuenta con un estilo muy propio en el que lo universal no riñe con ecos de mexicanidad. Que nadie los acuse de falta de riesgo y perseverancia. Encarnan la versatilidad en el rock contemporáneo.

Podría decirse de los madrileños que lo suyo es la ironía y el sarcasmo, pero son tan directos que más bien lo suyo es un sentido del humor muy hijo de puta. En cada uno de sus seis discos ha ido sacando más filo a su rock guitarrero que tiene partes justas de pop-punk y de noise. Esa personalidad freak y un discurso canalla e inteligente los aparta del resto. Ello saben cómo hacer cera y pabilo de lo público y lo privado, y hasta darse a sí mismos un sopapo.

  • Jhon Montoya (Colombia)
  • Otún
  • ZZK Records

Un violinista de formación clásica se radica en Italia y desde la distancia recrea diversas formas folklóricas de su país y las filtra a través del tech-house y hasta un poco de pop (junto a Pedrina). En este disco se evoca una ceremonia religiosa rural, pero también se ofrece una experiencia up beat para darle cierto exotismo a la pista. Lo orgánico encaja perfecto en un entorno digital y potencia lo evocativo de esta música.

En tiempos en que la velocidad pretende condicionar todo, aquí hay un elogio de la lentitud, pero no por ello falta de grandes emociones. Indie folk de prosapia poética y que suma matices instrumentales a la historia de los vascos. Una obra de enorme madurez compositiva que se vincula con la naturaleza y la atenta observación de las cosas. Un álbum que se destacó en gran medida por las soberbias letras de Ricardo Lezón.

  • Mitú (Colombia)
  • Tandem
  • Ajabú Records

El dueto ha decidido enfocarse más al downtempo y sumar una guitarra procesada al enjambre de sintetizadores que los caracteriza. Aquí no hay trance selvático sino una progresión emotiva en cada tema (en dos de ellos brilla la sensual voz de Ela Minus). Ocho años y cinco discos a todo tren del beat los llevaron hasta esta introspección deliciosa en la que la electrónica busca evocar a los secretos de la nocturnidad reposada.

  • Belafonte Sensacional (México)
  • Soy Piedra
  • Independiente

Es esencial el asunto del relevo generacional, y la banda de Israel Ramírez levantó la mano grabando un disco lleno de capas simbólicas que lo hacen sentir casi una obra conceptual. El grupo tiene mucho barrio y cultura a partes iguales, así que va fluidamente de Los Rupestres a los escritores de La Onda. Bien pueden hacer suyo al krautrock que disfrazar a una cumbia triste de balada. Lograron cohesionar densidad con soltura lírica y abarcar muchos elementos de forma natural. ¡Un pasón de órdago!

  • Fuerza Nueva (España)
  • Fuerza Nueva
  • El ejército rojo-Sony Music

La unión de Los Planetas con Niño de Elche ya era un acontecimiento en sí mismo, pero no podía tratarse de un proyecto típico de flamenco rock. Para dar un paso adelante hurgaron tanto en la influencia de la religión católica como en otros elementos de la cultura popular más añeja. Provocaron un shock cultural que dejó pasmado a más de uno. La parte instrumental apoyó a un discurso lleno de significación histórica.

El disco chileno del año tenía que ser guerrero, fiero y confrontador. Se trata de una veterana agrupación que combina rock áspero con hip hop, electrónica y la libertad del jazz. Esta vez insertan poesía mapuche junto a una colaboración de Chino Moreno de Deftones. Les interesa ir llevando la intensidad hasta estallar mediante un torrente de palabras comprometido social y espiritualmente.

  • Mi amigo invencible (Argentina)
  • Dutsiland
  • Crack Records

Los de Mendoza llevaban una carrera dilatada y ascendente, pero les apeteció casi una refundación total y decantarse por el sonido más refinado del indie rock del que fueran capaces y lo lograron. Compusieron mejor que nunca, pero acertaron en sus decisiones: produce Luke Temple de Here We Go Magic y mezcló John McEntire, baterista de Tortoise. El resultado danza elegantemente sobre la misma línea que Zoé y Siddartha. Refinamiento, exquisitez y parsimonia, ¿para qué más?