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Jorge Martínez: “La escritura es un oficio ingrato y solitario. Inevitable”

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Jorge Martínez: “La escritura es un oficio ingrato y solitario. Inevitable”

Jorge Martínez (Torreón, 1994) acaba de publicar Carne fósil (FCE, 2025), su primer libro de cuentos. Una obra breve, pero prometedora, en la que el paisaje figura como personaje, acaso igual de importante que las voces que lo habitan. Como nadie en esta vida es perfecto, Martínez estudió Letras y es seguidor del Toluca. Sin embargo, ninguno de estos dos defectos le ha impedido plantar con firmeza los pies en el desierto de la literatura. Y contrario a lo que les ocurre a muchos de los que pasan por la academia, ha encontrado un estilo propio de manera prematura.

TXT::Carlos Velázquez

En su trabajo se escuchan ecos de Sam Shepard y bandoleros de la misma especie. Pero preserva una curiosidad innata por realizar sus propios descubrimientos. Él, junto a otros laguneros nacidos en los noventas, es uno de los que ha levantado la mano para continuar con la producción literaria torreonense. Es, sin duda, uno de los autores jóvenes a seguir, no sólo del Norte, sino de todo el país. Sabe, como corresponde a todo estilista, que su misión no es otra que tratar de buscar nuevos caminos para el lenguaje.     

¿Qué es lo que te atraer del cuento? 

La anécdota, por supuesto, pero también la estructura. Esta es mi opinión: en el cuento tiene que pasar algo, lo que sea, no debe ser solo una imagen. Todo relato es acción. Puede gustarme un cuento aburrido, pero cuya estructura sea muy emocionante, también aplica a la inversa. Verbos y adjetivos, ejercicios lingüísticos, incluso con un poco de dramaturgia o poesía, eso ya cae en el terreno de lo estilístico, pero que siempre esté sucediendo algo y que se resuelva (o no). Existen muchas formas de leer y escribir, tenemos acceso a una Biblioteca Universal en Internet, cada quien decide su gusto. El mío es el relato de ciencia ficción, las novelas de criminales, los poemas de amor, todas las historias oscuras. 

¿Cómo surgió el impulso de escribir Carne fósil

Por una imagen que funciona como escenario y modus vivendi: la tolvanera. Desde mi infancia lectora hasta que tuve consciencia de la ficción, me pregunté de qué forma influiría en mi escritura este paisaje que habito. Carne fósil es parte también de mi mundo interior, así es como pienso, siento y expreso mi ser norteño. ¿Una respuesta a la tradición? No. El Norte ha existido siempre, muchos queremos escribirlo. Aquí suceden las historias, nomás hay que platicar con el desierto, por eso es un personaje que aparece en todos mis cuentos. 

¿Cuáles consideras que son tus mayores influencias? 

La literatura y la música, el fútbol y la lucha libre en mayor media que el cine y, desde luego, esta hispanidad recalcitrante que inoculó en mí la Facultad de Filosofía y Letras. Si un autor definió mi infancia, no fue otro sino José Saturnino Cardozo. Luego descubrí los cuentos de Julio Cortázar, las grandes novelas latinoamericanas, Palinuro de México, el rock y el post punk, y decidí estudiar Letras Hispánicas, aunque yo nunca levanté la mano, de eso estoy seguro, cuando los profesores preguntaban quién quería ser escritor. 

¿Qué significa para ti escribir desde La Laguna? 

Desde acá, no solo para mí, aunque tampoco pretendo hablar por otros, la escritura es un oficio ingrato y solitario. Inevitable, también, porque no lo podemos (y muchos no queremos) dejarlo, por eso construimos comunidades lectoras, un taller, alimentamos nuestras librerías. Por otro lado, como autor, me conmueve hasta la ternura ver la emoción de aquellos laguneros que leyeron Carne fósil y sintieron esa identificación particular que sucede con un personaje que habla como uno, que vive en este y no en otro lugar. Es increíble cuando alguien que no nació aquí lo lee y me cuenta su experiencia porque, de alguna forma, La Laguna vuelve a inventarse: existe. Un acto de amor, eso es para mí la literatura. 

¿Qué papel juega la música en tu proceso creativo? 

Ahora mismo estoy escuchando “The ending of  dramamine”, una canción de casi quince minutos, con la voz de Will Toledo y su banda: Car Seat Headrest. Necesito RUIDO para escribir, incluso a veces para leer, no me importa. Aire acondicionado, por supuesto, pero primordialmente música. Un álbum, por ejemplo, mejor dos: Turn on the bright lights (2002), de Interpol; Bows + Arrows (2004), de The Walkmen. Cualquiera funciona, en mi caso, para entrar en el mood de lo que quiero escribir. Uno de los cuentos de Carne fósil lleva como título una canción de mi banda favorita: Él mató a un policía motorizado. Muy probablemente existan en el libro, no lo sé y tampoco lo voy a confesar, versos de Adrián Dárgelos o del Indio Solari. Estoy seguro que lo acompaña una playlist de música norteña.

 ¿En qué momento decidiste que la academia no se convertiría en un lastre de tu escritura? 

Cuando comencé a escribir ficción. Abandoné una tesis sobre la generación de la posmemoria en Chile y decidí escribir Carne fósil que, además, fue mi primer proyecto de escritura en serio, de nalgas y fumándome todos los cigarros del mundo. Es decir, claro que imprimía toda mi seriedad formal en los textos académicos, aún hoy sigo escribiendo crítica y ensayo literarios, pero a mí lo que me fascina de la literatura es la invención. 

¿Crees que el Norte todavía es el territorio por excelencia para ser narrado? 

Sin duda, el Norte no se acaba, tampoco las historias que se cuentan en el rancho o en la ciudad. Aunque en apariencia no lo parezca, en el desierto siempre está pasando algo. El chiste es observarlo, escuchar, luego escribir que aquí, en este lugar tan seco y caluroso, también sucede la literatura. Esto es importante: reconocer que en la emoción humana caben todos los escenarios, incluso lejos, en la periferia. Acá escribimos. 

¿Cómo ves el panorama actual de la literatura mexicana? 

Desolador, como todo. Esto no quiere decir que la considere “estancada”, tampoco una comparación con otras escrituras latinoamericanas, sino que la situación actual de nuestras literaturas mexicanas implica un proceso de transición. Recientemente comenzamos a publicar los nacidos en las noventa, algunos ya ganaron premios, becas, reconocimientos; también personas nacidas después del dos mil publican. Esto me parece fascinante porque significa que algunos seguimos leyendo. A mí lo que en verdad me importa es que decidamos qué vamos a escribir respecto a la vida que nos tocó, ni modo. 

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