Los procesos de creación jamás encuentran punto final; en realidad, las obras se abandonan, los artistas encogen los hombros y dejan que se vayan, lejos de sus manos. Si un hacedor de canciones tuviera la oportunidad de perfeccionar sus composiciones sin límite de tiempo, difícilmente pondría algo bajo la luz. Todo indica que éste fue el caso Joe Taylor Sutkowski, quien dejó a medio acabar un cuadro sonoro titulado Of wisdom & folly; una fortuna, porque justo así, como un esbozo, resulta fascinante.

TXT:: Alejandro González Castillo

Una decena de canciones a medio pulir, diez aproximaciones a una canción que jamás terminar de cuajar y que el escucha se encarga de meter un rato más al refrigerador, a la nevera mental donde alcanza la consistencia requerida para ser masticada como lo que es, un postre melancólico que a bocados agridulces termina por dejarnos la sensación saciedad que sólo los discos pautados con honestidad entregan.

“Jordan was a little bottle rocket” se encarga de abrir las cortinas de Of wisdom & folly (Danger Collective Records). Y lo hace con esos crac-crac que generan las cuerdas ahogadas; entradas en falso para algunos, el soundcheck del corazón para quienes entienden lo que significa abrazar una guitarra para descoserse el pecho. A partir de ahí, la constante es justo esa: el sentimiento de improvisación, la idea de que en cualquier momento los temas pueden acabarse sin aviso, sin que llegue un coro, sin que gancho alguno te agarre del cuello. “Sherry has a pretzel head” lo certifica y la que le sigue (“Never wanna see you go”) lo acentúa.

La batería luce en “Old spirit lungs”, y de vaya forma. Aunque cuando uno empieza a jalar aire para disfrutar del coro todo se cae para que el tema mute en un llaverito folkie encantador; un arpegio que permanece imantado en “The water, it turned us to gold”, con falsetes reveladores que revientan en un flashazo estruendoso que se apaga pronto. Por suerte continúa “Brother John”, donde Joe hace un dulce dueto con los tonos medios de su guitarra.

 

Hacia el final, la eclesiástica “Ada, take the socks off the bed” prepara el camino para el cierre con “Keep your voices down” y “What luck, goodbye”. De lo mejor del disco el par último. Allí hay madera y oficio. Oleajes de acordes, cascadas de cuerdas para nadar mientras la voz de Taylor Sutkowski sostiene lo que desde el primer tema dejó clarísimo: el fantasma de Elliott Smith goza de cabal salud en las mansiones abandonadas de los nuevos compositores de alma vieja que, a contracorriente, se aferran a una guitarra para, lo dicho, descoserse el pecho.