J.M. Servín es un escritor, periodista y editor autodidacta que ha encontrado en la literatura a su compañera de vida, la cual lo ha llevado a publicar varios títulos, entre los que se encuentran Cuartos para gente sola (1999), Periodismo Charter (2002), Al final del vacío (2007), Del duro oficio de vivir, beber y escribir desde el caos (2012) y Nada que perdonar. Crónicas facinerosas (2018).

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En sus libros abundan ambientes desolados y personajes marginados, una visión poco o nada ortodoxa de la vida cotidiana identificable en los más de 30 títulos publicados bajo su sello editorial, Producciones El Salario del Miedo (PESM), proyecto que, en colaboración con la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), ha dado cauce a obras salidas de la mente de autores que bajo el lema ¡Postre o muerte! crean relatos apelando a sus propias vivencias, sentimientos, deseos y desilusiones, ante la consigna de develar lo que regularmente se condena a ser ignorado.

Charlamos con J. M. Servín sobre PESM, escritores fichados, lo perjudicial de lo políticamente correcto en la literatura y cómo hacer de los libros objetos de deseo.

 ¿Cómo nace tu gusto por las letras y la lectura?

Mi papá compraba el periódico diario, mientras que mi mamá leía historietas, como Lágrimas y Risas, por ejemplo. Mi hermana mayor estaba suscrita a un club de lectores, compraba libros en abonos y buena parte de ellos eran lecturas infantiles. Cuando me di cuenta ya tenía una biblioteca inmensa. Durante muchos años tuve que ocultar que era un buen lector porque me traía problemas en las chambas. Viviendo en Estados Unidos, los güeyes con los que trabajaba en una gasolinera pensaban que era un soplón del patrón sólo porque mi inglés era más fluido, algo que había conseguido gracias a la lectura. De niño, mi compulsión lectora me hizo sospechoso de padecer una enfermedad mental e incluso de tener tendencias feminoides. El gusto por la lectura y la escritura no se lo debo a la escuela, sino a los libros que he leído y a los lugares en los que he estado. Mi formación ha sido autodidacta.

¿Cuándo y por qué crear un sello editorial como Producciones El Salario del Miedo (PESM)?

Este 2021 cumplimos 13 años en activo, editando libros y generando situaciones que vinculan distintas manifestaciones artísticas y las propuestas de autores locos que van dejando un testimonio de su proyecto de vida. Vengo de un mundo en donde el do it yourself punk era muy claro y el cual me ha marcado a mí y a otros personajes, como Carlos Martínez Rentería y Guillermo Fadanelli. Empecé con este proyecto editorial para publicar autores que han estado en la periferia de todo y que tratan temas que no se abordan en los medios tradicionales, como lo es la vida cotidiana, a través de un periodismo narrativo, irreverente y no complaciente.

Producciones El Salario del Miedo realmente es un colectivo en el que nos encargamos de atraer escritores chalados, que proponen y que siempre están en constante reinvención. Mi papel es el de catalizador, busco crear relaciones con los autores, las cuales muchas veces rebasan el vínculo profesional para convertirse en grandes amistades. Proyectos como PESM son de resistencia y contraculturales.

¿Cómo se da la alianza con la Universidad Autónoma de Nuevo León?

Producciones El Salario del Miedo tenía aproximadamente tres años de haberse fundado cuando José Garza, quien era director de literatura en la UANL en aquel entonces, me invitó a presentar un libro mío en un evento al que tituló “Jornadas de Periodismo Gonzo”. Cuando me presenté me dijo que estaba interesado en apoyar el proyecto editorial, que quería imprimir los libros. Vi que la cosa iba en serio y comenzamos a co editar. Cuando trabajas conjuntamente con instituciones o empresas grandes es común que se queden con todo; en este caso la relación se ha basado en el respeto y la libertad literaria, aunque también entendiendo que ellos se la juegan al publicar libros como los que editamos.

Hay dos proyectos literarios dentro de PESM: Fábrica de Monstruos y el Gran Premio Nacional de Periodismo Gonzo. Coméntanos sobre ambos.

La Fábrica de Monstruos es el título de nuestra colección principal y tiene como propósito publicar la primera obra de autores emergentes e invisibles para el gran mercado editorial. No reeditamos a nadie ni publicamos una segunda obra; buscamos autores para que luego brillen en otras partes. Ahí tienes a Fernanda Melchor y Leonardo Tarifeño. Por otro lado, el libro conmemorativo del Gran Premio Nacional de Periodismo Gonzo es el complemento de un concurso con un premio de diez mil pesos, el cual ya tiene seis años realizándose. Han participado cronistas que se han convertido en autores nuestros, como Alejandro González Castillo o Mario Panyagua, por mencionar algunos.

A través del concurso y el libro buscamos posibles autores para la colección Fábrica de Monstruos. Hemos publicado a mucha gente, sobre todo joven. Nos gustaría ser un aliciente para que sigan escribiendo porque no hay muchos medios ni editoriales para publicar crónica.

¿Cómo son los autores que publican bajo el sello Producciones El Salario del Miedo?

Son autores que siempre se están reinventando como escritores, algo que muy pocos hacen en este país, pues la mayoría creen que van a ganar el Nobel y nunca han invertido su tiempo, creatividad y dinero trabajando en una editorial pequeña como la nuestra. Aquí cada autor cuenta una parte de su vida, le da un giro de tuerca a temas que pueden estar trillados, como una reseña de un concierto, por ejemplo. Pero la diferencia que tienen con el resto es que no se enfocan en decir cómo estuvo el concierto, sino que lo narran desde sus vivencias y cuentan lo que ocurre alrededor.

¿Hay un perfil definido de los lectores que quieran entrarle a los libros editados por PESM?

Esperaría que fuera un lector que esté increpando su cotidianeidad, su realidad, que la vea de manera crítica, con rabia, que la mire con ilusión en algún momento, con absoluta libertad y que se exija mucho a sí mismo. En México somos la única editorial que publica crónica testimonial, textos que están conectados con el mundo que vivimos, literatura hecha desde el periodismo narrativo que viene de una tradición mexicana muy añeja en la que figuran escritores como José Revueltas, Ricardo Garibay y la propia Elena Garro. Se trata de un nuevo periodismo y literatura pop.

 

¿Consideras que hay un desdén hacia la crónica dentro de los medios de comunicación?

No, yo creo que la crónica tomó un lugar de mucho respeto en México de unos diez años para acá. Lo curioso es que su auge sólo lo disfruta cierta clase de periodistas y cierto tipo de periodismo. El periodismo que en Producciones El Salario del Miedo nos interesa es el de la vida cotidiana, algo que a los medios les vale madre, pues en ellos se habla de mujeres golpeadas, narcotráfico, niños desamparados y policía corrupta, temas que se han encumbrado a través de la crónica. Es como si lo íntimo y la vida diaria no valieran.

¿Hay malinchismo dentro de la literatura mexicana?

Hay un clasismo y un criollismo que en los últimos años ya no está tan marcado. También existe una tendencia ideológica sobre lo que debe o no ser la literatura. Muchos autores que hoy en día son valorados, premiados y reconocidos, su trabajo tiene que ver más con una ideología que con la literatura en sí misma. Si revisas los medios pareciera ser que en este país sólo hay 10 escritores mexicanos que merecen ser leídos. PESM es para autores que han estado en la periferia de todo.

¿Entonces impera lo políticamente correcto en los terrenos literarios nacionales?

Sí, y esto te indica qué debes escribir, cómo lo debes decir, cada cuánto y demás. En Producciones El Salario del Miedo eso nos tiene sin cuidado, al igual que esa idea de cubrir una cuota de género. Aquí se trata de talento, de que se rifen y traigan textos interesantes y disruptivos. Yo creo que nuestros autores, o la gran mayoría de ellos, se convertirán en clásicos de la literatura mexicana. Estoy convencido de ello.

¿Cómo debería ser el acercamiento a los libros y qué hacer para fomentar la lectura en las nuevas generaciones, desde temprana edad?

La lectura debe ser una experiencia muy íntima, que te lleve a increpar y a ver el mundo de otra manera. No sé si mejor o peor, pero sí distinta. Tendría que ser como cuando te metes una droga y miras tu entorno de otras formas. Sobre cómo germinar en los niños el gusto por la lectura, lo ideal es que tengan padres, familiares y otras personas cercanas que sean lectores. De otra manera, aunque los exhorten en la escuela a leer, no lo van a hacer; lo tomarán como algo obligatorio. A mí siempre me decían que era bueno leer, pero nunca me dijeron por qué o para qué. Y cuando somos niños se nos hace ver que la lectura es una tarea más que debemos realizar en la vida. Esto empieza en tu casa.