La poesía erótica (guaraní) de Antonia Florentín
En el corazón de Sudamérica hay un idioma hablado por la mayoría de sus habitantes desde hace más de quinientos años. Es una lengua materna que nace del vientre de nuestro continente; fértil y poderosa, fue aprendida y utilizada estratégicamente como un instrumento por los jesuitas para evangelizar a los nativos. Fue una lengua creada por el génesis de la naturaleza, y de esa manera heredada por las madres originarias a sus hijos en Paraguay, Bolivia, Argentina, y Brasil. Es una lengua indígena americana, precursora de la poesía en estas tierras. Que gracias a la música fermentada de la chicha y la ebriedad lúdica y fresca de la chirimoya, juntas convergen en este poemario que es fruto prohibido de la pasión. Dicha lengua fue ofrendada por los dioses de la mitología guaraní: Ñanderuvusu (padre de la naturaleza y la creación divina) y Ñamandu (creador del universo, los seres y el lenguaje, nacido de una planta de la cual emana la palabra creadora).
Es en este origen de los antepasados guaraníes y de los mitos griegos, concatenados con los placeres hedonistas, de los cuales, los primeros textos en versos cortos y libres, emanan efluvios de embriaguez y elixires de exaltación en pequeñas dosis en la obra Jera Génesis.
Primer canto trilingüe de la poeta paraguaya Antonia Florentín. En el que confluyen el guaraní, el español y el francés como pistilos de una flor que en exquisitas dosis dan origen al florecimiento de cada unos de los veinte poemas de la obra. Y donde cada texto nace del aleteo de un colibrí, que oscila sus alas mil veces por segundo hasta que una pluma se posa en la palma de la poeta y comienza la magia de la alquimista, que nos arroja con el miocardio de su respiración un poemario totalmente intimista y a la vez sutil. En el cual, la poeta como una sacerdotisa, nos invita a participar como un voyeur en los rituales de la ceremonía, en el espacio celebratorio del amor que ocupa el lecho de la página en blanco.
“El sexo es ceremonia y rito”, liberación del ser a través de la carne, esclavitud de los cuerpos que aprisionados se hacen uno, envueltos en la sábana de la llama doble, que a su vez es una flama inextinguible de la cual hablaba Octavio Paz. Creando una mimetización, una simbiosis y un palimpsesto que encadena la dicotomía de la vida y la muerte. Ya lo decía el nobel mexicano, “la poesía es erotismo verbal, tanto como el erotismo es poesía corporal”. Haciendo del erotismo clásico una danza visual contemporánea y, de la poesía una imagen experimental en expansión”.
Por lo tanto, en el tenor de los primeros cantos de Jera-Génesis, la poeta abre su aliento a partir de los mitos entrelazados que giran alrededor del origen del fuego primigenio, en el que los dioses griegos y guaraníes se disputan con un tercero, terrenal, ladrón y embustero, el elemento simbólico y metafórico de la combustión:
“Digno descendiente de Prometeo
enfadas a mis antepasados
pues saben que esparcirás
por donde vayas
ese fuego primigenio
que me arrebataste
bajo engaño”.
Y con el cual, el descendiente de Prometeo al robar el fuego va “encendiendo la llama sempiterna”, que por medio del yo poético, la poeta encarna a la primera mujer en la tierra, poseedora del fuego de sus antepasados que le fuera conferido por Papa Mirí (Dios guaraní que trajo el fuego a los hombres). En un espacio de puro placer infinito, en el que los cuerpos se desollan de desenfreno, y las manos danzantes son vicarias de “una bestia negra llamada deseo” (parafraseando al escritor Andrés de Luna), que respira con las piernas abiertas frente al mar, y espera cautelosa la brisa del aire como una efusión de efluvios, que en la lengua del amante, florecen marejadas de aromas exóticos. De tal manera el canto de la poeta Florentín, es una apuesta por el carpe diem de los placeres telúricos de la vida, en un jardín perfumado por el halo de los amantes que se observan a toda hora con el cuerpo desnudo, lo que otros como Shakespeare miraban con el alma. Ya que contrario a lo que menciona Herman Broch, para florentín el amor no es “fuego fatuo” perdido en el pantano del tiempo, la poeta lo rescata de los abismos de las aguas insalubres por medio del erótismo, para convertirlo una vez más en llama encendida de Safo, a través de la sensualidad, donde el amor profano se transmuta de manera emblemática y traslúcida en un rito sagrado. Con ese Socrático y poderoso “deseo necesario”, que es el deseo en el amor profano; donde “el cuerpo es palabra que brota en la boca” y salpica los torsos desnudos como fruta prohibida de la pasión, hasta lamer una y otra vez, y de manera incansable, el crepitar del fuego.
La poesía de Antonia Florentín, no proviene de la enfermedad del amor, de ese amor adolorido y desesperado de la poesía árabe, que se finca con la pérdida amorosa; aunque comparte ciertos rasgos como el tono confesional y, el yo lírico de la literatura peninsular mozárabe en la época medieval del Al-andalus, con analogías y referencias a la naturaleza, pero concediendo los mitos anteriormente referidos.
Es en ese manantial de aguas tibias en el que la poeta como Dante, desciende pero en este caso no al infierno si no al paraíso de la “Tierra sin mal”. Entre gemidos y jadeos cadenciosos se sumerge en el néctar de la oscuridad y en silencio despierta al amor, salta al vacío, y se transforma en nido que bebe de la “miel bullente”. Porque ella sabe que los cuerpos por la noche son energía indómita en “tinieblas primigenias”, donde “la jugada mano como una súbdita goza danzando al ritmo de la carne”, como una fruta agrietada de dulcísima ofrenda embriagadora, para redimir los cuerpos votivos, osados, exorcizados de celo con profunda devoción, los cuales saben que no hay mañana, ayer, ni hoy, ni nunca, porque como decía Erich Fromm: “el amor es la respuesta al problema de la existencia humana”. Y por su parte Michel Onfray: “el deseo es polígamo, […] sistematicamente infiel y furiosamente nómada”.
Ese deseo no es otra cosa que el fuego encarnado de la poeta en cada uno de sus poemas, que esperemos sea así, en cada uno de sus próximos libros.

La fecha de la presentación del libro Jera Génesis/ Genèse de Antonia Florentín será el sábado 25 de octubre, 18:00 hrs en el Café Fiel a la Tierra, Merida 215, Roma Nte., Cuauhtémoc, CDMX.

Poemas
Vaharada
Abro mis piernas frente al mar.
Espero que su lengua acaricie
la flor de la pasión
que florece con aroma exótico
dulce, acre y refrescante
y en el vaivén de su
órgano
te traiga entre las olas
y puedas sentir la embriaguez
de la fusión de efluvios
de mi cuerpo con la marejada.
Génesis
Gotas de chicha
salpican las olas
de mi torso desnudo
en un ritual festivo
y animal,
y vuelo sobre
las cinco palmeras
que sustentan
la morada terrenal
en el momento exacto en
que el verdadero y primer Padre Ñamandu
crea la Tierra.
El caracol
Mis ojos se extasían en tu ombligo,
origen de tu ser
impenetrable
y oscuro.
Me sumerjo y siento
el fuego vernáculo,
el fuego habitual.
Me adueño de ese caracol
endulzando, lentamente
la punta de mis dedos
con el néctar de la
fuente que
ya hierve
y se resbala
por tus muslos.
Chirimoya
Me perturbo con tu lengua
que corre empapada,
muy alegremente,
al encuentro de la fruta agrietada.
Endulzo la ofrenda
para que puedas
embriagarte y te quedes
masticando la chirimoya madura
que se te entrega
y en el ardiente deseo,
ambos
disfrutamos.
Siesta
Mojo mis dedos
con mi saliva
los paso por tus
labios
sudo
y me estremezco
estamos en un campo abierto
solos
el sol no da tregua,
nos desnudamos
entre caricias
y allá, donde
están
nuestros cuerpos verdaderos,
ya se escucha
el jadeo interminable.







