Música

Javier Barría y ‘Un cariño antiguo’: Un pop de distorsiones exquisitas

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El año 2016, la periodista Marisol García dijo que Estación Pirque era un disco del que podía brotar algo nuevo para la música chilena. Pasaron nueve años. Javier Barría dejó de hacer canciones y sólo pudimos saber de su creación en otros trabajos, ajenos, en su rol de productor. Produjo a más de cincuenta artistas (yo fui uno de ellos) y desapareció. Pero si uno pone atención a esas canciones, sus ideas rondan como el fantasma de la portada de ese último disco: una silueta diluyéndose.

TXT::Emilio Gordillo

Un cariño antiguo trata sobre ese agujero negro de nueve años. Sobre lo que importa y lo que no, sobre las crisis y el gozo de encontrar un motivo suficientemente honesto para seguir creando. ¿Por qué un verdadero artista calla durante nueve años? Bartleby, ese tinterillo en los albores de Wall Street especulador, renunció y calló. Qué bueno que Barría no se calló, porque con esta industria cultural, y sus faltas de cariño, a veces dan ganas de hacerse bolita y desaparecer.

Cariño le sobra a este disco, enfocado en seres significativos. “Tesoro”, la gata-portada que le da nombre a la primera canción, es una declaración de amor interespecie que, entre el ritmo del beat, el CP 70 y un Rhodes en loop, nos muestra a un Barría confesional en clave pop: Tesoro, me muero de ganas de renunciar.  

Una clase de amor”, “Iván y la emperatriz” y “Mi nueva canción” confirman no sólo la línea temática de este disco sino también otro cariño: ese que sentimos por músicas y sonoridades de épocas formativas, y las influencias son muchas. En Un cariño antiguo ser fiel a sí mismo es también serlo a todas esas músicas del siglo pasado. Y no, no hay ninguna influencia de este siglo entre los cariños de Javier, todas pertenecen a un mundo ya antiguo.

Festival” abre la zona más reflexiva del disco, con una atmósfera enrarecida a lo Angelo Badalamenti y su Twin peaks, en un tono irónico y amargo. “Puma triste”, probablemente la mejor canción del álbum, es la alegoría central de este disco. Anverso de “Perro fiel”, el músico se enfrenta a la bestia: Puma, fuiste mi canción / Puma triste, voy por ti / La ternura es una fruta deliciosamente atroz. El punto más triste, más bajo, el hito más bello del disco. 

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Es la fe en ese beat la que sostiene el conjunto de Un cariño antiguo. Un beat que había desaparecido en Estación Pirque y que ahora acompasa el ritmo pegajoso de este álbum en donde, por primera vez, Barría no trabaja con programaciones de batería. Fue el rosarino Álvaro Manzanero quien desplegó ese beat: el pop, la balada y un rock que se reanima en “Dominó” y sus distorsiones exquisitas junto a un elemento nuevo en la obra de Barría: el trabajo con bronces que dan cuerpo a varias canciones de esta obra. 

Mis calaveras” y “Maravilla de un solo golpe” aunque en distintos tonos, son puro festejo. Es la tribu celebrando alrededor del fuego, y el fuego son todas esas músicas amadas de un tiempo antiguo que perviven en escuchas y reinterpretaciones. “Venus” y su vaivén cierran el disco. Venus, diosa del amor, la belleza y la fertilidad, protectora de los jardines y la naturaleza, llega, nos toca y se va.

Barría le compone una plegaria en donde aparece, precisamente, el título de este disco. La frase dice: Cuídate que Venus nos deja / anticipándose a nuestro adiós / Un refugio, un cariño antiguo / El incidente que hizo al universo. Un cariño tan antiguo como el origen del universo. Esta obra busca estar a la altura. Tardó nueve años y, en el panorama actual de singles, ruido, furia, fast-music y revivals, eso se nota.

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Staff

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So Long, and Thanks for All the Fish.

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