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James: La vida debe ser un concierto en vivo

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James: La vida debe ser un concierto en vivo

Cuando Tim Booth sentenció: “teníamos un setlist para esta noche que habíamos estado practicando durante un mes, y simplemente lo desechamos y lo cambiamos totalmente”, lo hizo con una convicción que definió su actuación.

TXT: Carlos Priego

La decisión espontánea se anunció al comienzo de Beautiful Beaches, el cuarto track del álbum de 2021 “All the colours of you”. Fue una advertencia para los miles que se dieron cita el domingo 16 de noviembre en el Autódromo Hermanos Rodríguez: la noche no sería una repetición. Y quizá debieron ponerse impermeables, porque Tim cantó y bailó, sudó e improvisó, salpicó y seguramente mojó a más de uno.

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Tim Booth es, en sí mismo, un torrente imparable. Su cuerpo y su voz parecen haber evolucionado con el único propósito de transmitir sentimientos del interior al exterior, una presencia fascinante que rompe el molde de los frontmen del rock. Conjugando la potencia sonora de la banda con una profunda intensidad emocional, lo entrega todo en cada movimiento y cada aliento. James, la autodenominada “banda que odia la rutina” —que transicionó de los himnos jangle a la experimentación sinfónica y de la lista fija a la improvisación total—, le viene como anillo al dedo por esa necesidad imperiosa de entretener y conectar con el público. Aunque sus temperamentos sean distintos, la dinámica es perfecta: el estilo vocal melancólico, etéreo y distintivo de Booth flota por encima de la música conocida por su impulso dinámico, repetitivo y muy rítmico (especialmente en sus inicios, vinculados al sonido Madchester). Su voz emocional a menudo se asienta como un contrapunto poético contra el constante impulso casi trance de los bajos y las baterías. La actuación de Tim Booth y James ofrecen una envergadura dramática, una energía arrolladora y un virtuosismo pasional que rompen con la contención del rockero tradicional.

En otras palabras, James es sensacional.

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La undécima presentación de la banda de Mánchester en tierras nacionales, segunda en un Corona Capital, lo confirmó. El comienzo fue un soplo de aire fresco al iniciar con Five-O. Al no ser una canción de rock explosiva, el set se desmarcó de los clichés, liberando a sus temas de la función de ser meras ilustraciones. La versión en vivo de Five-O prioriza un ritmo hipnótico, donde la guitarra slide y el violín construyen una atmósfera introspectiva sobre una estructura menos tradicional. La apertura sugería un concierto que priorizaría la profundidad lírica y una energía construida lentamente sobre la explosión inmediata.

En cambio, Tomorrow, el segundo tema del set, líricamente oscuro y con un pulso más rápido y directo, fue utilizado para aumentar la energía de forma controlada. Tim, luciendo un atuendo dramático de abrigo oscuro y pantalón ancho, alternó canciones y charlas mientras seducía al público. La estética oscura e intensa, centrada en una iluminación teatral, complementó el tono atmosférico de la banda, haciendo que los músicos resaltaran de forma espectacular.

Five-O es una canción que James interpreta en pocas ocasiones y su elección inicial demostró que la banda se siente cómoda tocando material menos comercial, creando un sentido de intimidad y aprecio mutuo. Esta apertura profunda no duró mucho; el pegadizo éxito Born of frustration sonó a los quince minutos de iniciado el show. Los arreglos orgánicos y expansivos de James en vivo, característicos de sus improvisaciones, sirvieron para magnificar la esencia de cada tema. La secuencia inicial —con la profundidad atmosférica de Five-O, la urgencia rítmica de Tomorrow y el groove de Born of frustration— demostró que las canciones se convertían en un elemento vivo del espectáculo, no solo en una mera exhibición.

La propulsión rítmica duró poco. Way Over Your Head significó un quiebre atmosférico que abandonó el estado de tensión controlada y llevó el set a un punto de partida emocional más vulnerable. Este tema, del álbum “Yummy”, aborda la asfixia mental y un clamor desesperado por la intervención de un salvador. Luego James abandonó la agonía personal y adoptó una postura más abiertamente política. “Esta es una canción sobre el pinche caos que está sucediendo en Norteamérica”, aclaró Booth al presentar Heads, del álbum “Living in Extraordinary Times”. El tema trata sobre la falsa promesa de libertad e igualdad, señalando cómo la codicia perpetúa la injusticia en una sociedad enferma de la “fiebre de codicia”.

La banda busca la cura no en la tarea imposible de curar al mundo, sino en una forma radical de liberación: el nomadismo, la destrucción del arraigo y la búsqueda de paz en la naturaleza, como plantean en Shadow of a Giant. Este detalle resultó ingenioso, pues la destrucción del arraigo musical (negarse a tocar el mismo set dos noches) es un rechazo consciente a establecer una “casa” musical cómoda, invitando a la banda y al público a vivir en el momento y aceptar la sorpresa.

La coreografía espontánea de Tim Booth en el escenario es una manifestación física de ese “nomadismo radical”, coherente con su constante evolución musical: desde el jangle pop (Stutter) hasta la experimentación ambiental (Wah Wah) y la electrónica (Whiplash). Pero a medida que este quiebre emocional y atmosférico cobraba protagonismo, la fórmula del set se convirtió en un crescendo ininterrumpido hacia los momentos más íntimos.

El cortejo hacia el ascenso del set culminó en la balada Out to get you, centrada en una descompresión emocional deliberada. La banda abandonó los temas sociales para sumergirse en la melancolía, creando en el escenario una atmósfera de luces tenues y humos sutiles que aislaron a Tim Booth como una figura solitaria. Esta manipulación emocional sirvió de puente para que el público se identificara y cantara el éxito de 1993, que funcionó como la gran válvula de escape emocional de la noche.

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Más emocionante fue la presentación de Beautiful beaches, apropiadamente colocada justo después de la declaración de principios de Booth: “cambiamos el set cada noche, así que lo que estamos presenciando esta noche solo lo veremos en esta única ocasión. Porque sabemos que la vida debe ser un concierto en vivo. No se trata de escuchar algo que has escuchado todas las semanas. Por lo tanto, lo que queremos es vivirlo”. La canción, que trata sobre enfrentar la realidad, se convirtió en el cumplimiento de la promesa de priorizar el momento y la expresión artística sobre la complacencia. Al elegir este tema de álbum más profundo en lugar de un hit viejo, James declaró que está viva, creando música actual y negándose a vivir de la nostalgia.

El paso a la interpretación de Out to get you en el Corona Capital, si bien reafirmó la entrega emocional y potencia de James, reveló, también, las inevitables fricciones del directo que acompañan a su filosofía de improvisación. Pese al virtuosismo de Tim Booth, el performance no estuvo exento de fallas técnicas menores. Se registró un corte fugaz en la microfonía a causa de la energía desmedida del frontman, y una momentánea distorsión en el clímax sonoro que obligó a una corrección inmediata del ingeniero de sonido. Más allá de los aspectos técnicos, la elección del setlist espontáneo, central en su propuesta, manifestó un micro-momento de desincronización cuando el baterista pareció dudar de la dinámica en curso durante una sección improvisada.

Algunos de estos problemas tonales se mitigan gracias la impecable ejecución del colectivo. La solidez rítmica de la banda, anclada en el bajo de Jim Glennie y la batería de David Baynton-Power, actúa como el ancla fundamental que permite a la banda recuperar el equilibrio tras cada quiebre. El sonido es enriquecido constantemente por las complejas capas multi-instrumentales: la sección de vientos, liderada por la trompeta de Andy Diagram y la guitarra/violín de Saul Davies, reintroduce la atmósfera, mientras que las aportaciones vocales y de percusión de Chloë Alper y Debbie Knox-Hewson son cruciales para la profundidad textural, haciendo que la banda suene mucho más grande y cohesiva de lo que sugieren las tomas planas de las pantallas del escenario. Este mismo dominio se hizo evidente al interpretar Laid, un tema cuya inclusión es vital en el set no solo por su popularidad masiva, sino porque su estructura melódica distintiva y su energía liberadora actúan como una explosión de catarsis pop necesaria, un puente emocional que conecta de forma inmediata la experimentación del concierto con el éxtasis colectivo, reafirmando por qué James es una de las bandas en vivo más infravaloradas y magnéticas del rock británico.

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Lejos de la rigidez de una estructura predefinida, el concierto improvisado de James en el CC25 logró una resonancia emocional superior. Demostró que las canciones, incluso los temas menos conocidos, encuentran un significado renovado y urgente en la inmediatez del directo. A medida que la intensidad emocional del setlist se apoderó del espectáculo, sumergiéndose audazmente en temas profundos como Way Over Your Head, el show no sucumbió a la “artritis narrativa”, sino que reveló una coherencia artística subyacente. Las transiciones, aparentemente abruptas, no eran fallas estructurales, sino manifestaciones de su filosofía de “nomadismo musical”, creando un flujo dinámico que se sintió orgánico y vivo. El concierto trascendió la mera revista musical al inyectar un comentario social inmediato y pertinente (como al presentar Heads), culminando en la catarsis necesaria de Laid. James nos informa, con total credibilidad y sin necesidad de notas de programa, que “están pasando cosas importantes en el mundo”, utilizando su música como un espejo urgente de la realidad.

Para cuando el concierto culminó, muy lejos de convertirse en un lúgubre elogio fúnebre, el setlist había magnificado el entusiasmo inicial con una profundidad y una cohesión que trascendían las banalidades. El espectáculo, liderado por la honestidad de Tim Booth, no temió ahondar en la angustia personal y la crítica política, actuando como una declaración audaz: “la vida debe ser un concierto en vivo”. Aunque el público se enfrentó a un quiebre estratégico (no tocaron Say something, Getting away with it (All messed up) o Moving on) el crescendo dramático que tejieron culminó en una secuencia catártica esencial: primero con la vulnerabilidad masiva de la mega-balada, que dio paso a una declaración de vitalidad creativa, y finalizó con la euforia liberadora e icónica de sus grandes himnos como Sit down, consolidando el concierto no solo como un espectáculo musical, sino como un acto de cohesión emocional y artística con su audiencia.

¿Quién se arrepiente ahora de la profundidad? James demostró que la nostalgia no es necesaria cuando se tiene tanto que decir en el presente.

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