#EnmisTiempos

TXT: Arturo J. Flores

Fotos cortesía de Jam in the Van

Asistir a un festival en camioneta puede ser una patada en el culo. Sin baño, sentado durante horas en largo trayecto de carretera y con la posibilidad de que al vehículo se le acabe la gasolina.

A menos que tengas una idea millonaria y conviertas tu obsesión por la música en una forma de ganarte el pan.

Así le sucedió a Jake Cotler, una tarde remota de 2011.

Se encontraba en el despacho legal de Venice Beah, California, donde trabajaba ocho horas, cinco días por semana. Buscaba desesperadamente la mejor tarifa para rentar una casa rodante en la que pudiera transportarse junto a dos de sus amigos, Dave Bell y Louis Peek, al Festival Bonnaroo en Tennessee.

Era la décima edición y en el extenso line up destacaban Eminem, Arcade Fire, The Black Keys y My Morning Jacket, entre otros artistas. Un menú auditivo que Jake no estaba dispuesto a perderse.

Chris Robinson con Jake Cotler, creador de Jam in the Van.

El joven abogado se aflojó la corbata. Le dio un trago a su café, que ya estaba helado y resolvió que esta vez no rentaría un vehículo. Mejor compraría una casa rodante de segunda mano en CraigsList.

Sus amigos, en vez de hacerlo entrar en razón, lo animaron. Al final de esa jornada de trabajo, renunció. Había tenido una epifanía instalada en el cerebro… y una camioneta destartalada que apenas rodaba estacionada en su patio.

Jam in the Van es un canal de YouTube que presenta conciertos de bandas independientes y otras ya consagradas tocando dentro de la casa rodante de Jake, Dave ­–que en 2011 trabajaba en una casa productora– y Louis. Hasta la fecha han transmitido más de 800 actuaciones de grupos y solistas como Wyclef Jean, Gary Clark Jr, Phil Lesh, Good Graef, Yip Yops y Amo Amo, entre otras.

Ya es la tercera casa rodante que aloja el concepto Jam in the Van. La primera, reconoce Jake, “era una mierda de camioneta”. Había andado un par de cuadras cuando se le rompió el acelerador. La tripulación se vio en la necesidad de improvisar y con ayuda de un poco de cinta y una manivela, logró conducir la distancia entre California y Texas para asistir a un festival. De regreso, se la vendieron a un policía en Stockton por 300 dólares.

A esa siguió una a la que Jake y compañía le instalaron un sistema de filtros solares caseros que le permitían almacenar energía para moverse y sacar adelante los conciertos. Pero esa Van fue víctima de un choque que la sacó de circulación.

La que se existe es mucho más moderna. La compañía Solar Universe les proveyó un sistema de paneles diseñados específicamente para vehículos como el suyo, lo que les permite disponer de la energía eléctrica necesaria para grabar sus contenidos y ser lo menos perjudiciales para el ambiente.

Por dentro, la Van acumula una decoración churrigueresca compuesta por posters, stickers y recuerdos varios de las bandas que se han presentado, además de imanes y juguetes que sus dueños han comprado a lo largo de las carreteras por las que han circulado.

Por fuera, fue decorado por el artista urbano de Los Angeles llamado Mear One. Llama tanto la atención cuando se estaciona afuera de los festivales (o con suerte) puede colarse al VIP, que una vez llegó P Diddy a tomarse una foto con la Van y sus dueños.

Pero lo más importante tiene lugar en su interior.

Ahí los músicos se pueden tomar una cerveza o fumar mariguana en una pipa de agua, para relajarse antes de su presentación. La aventura –como sería la de cualquier grupo de amigos que se trepan a una camioneta– no ha perdido su personalidad y alcance orgánico.

–¿Cómo eliges a las bandas que grabarán?

–Si es bueno, está dentro. Y no tiene que ser buena música solamente, con que la historia sea interesante. Una vez llamamos a una banda llamada Drac and the Swamp Rats, que se disfrazaban como monstruos del cine clásico y tocaban punk. Hasta la fecha no recuerdo haber escuchado su demo, sólo leí la descripción del grupo y dije: “los quiero”.

Las historias no paran.

“Hemos grabado a más de 800 bandas, ¡imagínate!”, me dice Jake en una entrevista que realizamos vía e-mail. “Una vez, Dave y yo tuvimos que saltar frente a unos policías que iban a cortar nuestra grabación con Gary Clark Jr. en el Festival de Blues Telluride,  porque habían detenido a un tipo que había bebido bastante y querían despejar el área. Las cámaras siguieron grabando hasta que los policías se retiraron y ese debió ser el primero de nuestros videos que rebasó el millón de vistas”.

Jam in the Van tiene planes de expansión. Sus creadores –fans de MTV– están dispuestos a escuchar ofertas para llevar su concepto a la televisión, pero también han pensado en ofrecer la franquicia para lanzar una versión en España o en Inglaterra. Sin embargo, “de momento no ha aparecido quién quiera pagar mis préstamos universitarios (risas)”.

Por el momento, Jam in the Van representa el sueño de un abogado que se cansó de ir de corbata al trabajo y que te deja un consejo que todos deberíamos tomar en cuenta:

–Escucha todos los sonidos que te enganchen: Desde Bob Dylan y The Rolling Stones, Tupac o Taylor Swift… ¡Lo que sea!

Asistir a un festival puede ser una patada en el culo.

O el principio de una mejor forma de vida.

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