Recientemente se produjo en México una polémica alrededor de un humorista, otro de los payasos de la tele que pueblan el mundo. En ella se vio envuelta la presidencia de México, por medio de la primera dama, título absurdo del que reniega el personaje que lo ostenta, pero del que disfruta comprobando el alcance de un tweet o el poder de una simple sugerencia a su esposo. El tema fue de tanto calado que provocó la dimisión de un alto cargo de una institución pública. En medio de los muertos Covid, la pobreza que no cesa de crecer, la impunidad de narcos que entran y salen de la cárcel, los asesinatos de 20 en 20, el asunto copó primeras planas y debates entre los ciudadanos mexicanos. Y todo por qué, por un chiste.

Semanas después, un presentador de telediario nocturno, aseveró convencido, “no se puede hacer humor de todo”. Esta afirmación es un anatema que solo en este tiempo de reconversión puritana puede tener cabida. La esencia del humor es poder reírse de todo,  lo más saludable es de uno mismo. La capacidad de ofenderse es directamente proporcional a la incapacidad de tolerar. La censura del humor es la última y más drástica de todas. Tras la prohibición de la risa solo queda un desierto de tristeza. Este episodio sucedido en México se vive en el mundo entero como parte del cuestionamiento sobre la libertad de expresión en redes sociales. Llama la atención, pues el humor es un contenido mayoritario en el intercambio de imágenes. No es la primera vez que burlarse es sospechoso. El filósofo Platón  consideraba la risa una muestra de arrogancia y deseaba desterrarla de la sociedad de su tiempo. En la alta Edad Media, época de oscuridad y superstición, de pestes, guerras y pobrezas, dominio del cristianismo y su platónica iglesia; también tenía al humor entre los enemigos de Dios, un sospechoso desafío a la espiritualidad mística. En cambio para los egipcios la risa fue una fuerza creadora. Aristóteles consideraba que solo una democracia podía soportar la crítica de las comedias. Para Kant el humor era una expresión de inteligencia y la risa la consecuencia de  diluir la tensión con un absurdo, causando un goce físico e intelectual, la evidencia de la unión entre espíritu y cuerpo para el pensador alemán. En el libro del 2016 La Risa Caníbal, del escritor Andrés Barba, advierte del peligro, en esta sociedad idealista, en el que se halla el humor. Barba habla del cinismo también como instrumento social para aceptar lo inaceptable. Desde luego parece un chiste que la semana pasada el gobierno de EEUU, por primera vez en 17 años, volviese a las ejecuciones federales, justo ahora que la sociedad USA está en pleno Lives Matter. Cuatro vidas segadas con recursos públicos debería ser fuego para la hoguera de un movimiento supuestamente humanista. El chiste cínico es que los cuatro ejecutados eran seres humanos de raza blanca, el primero que recibió su inyección letal además era un supremacista racial. Casi nadie se ha despeinado al otro lado de Río Bravo con estos asesinatos de venganza público bíblica. Si alguien puede tolerar la violencia, es el que cree ciegamente en una causa. Para aquellos que la justicia debe ser un castigo ejemplar, una venganza, y nunca un mecanismo de responsabilidad y reinserción.

En su libro, Barba, señala al punk como el último movimiento radical y performático que utilizaba el humor para mostrar su descontento. El punk ha ido perdiendo la burla y cargándose de indignación moralista. Pero bueno, al fin y al cabo el principal axioma punk es Not Future, qué demonios hace todavía coleando el género tan serio y respetuoso. Justamente Future es el nombre del rapero que en su último disco, High Off Life, carga sus canciones de ironía, otra de las artes humorísticas.

La expresión máxima de cuánto el humor puede indignar lo vivió la revista francesa Charlie Hebdo al ser atacada por integristas islámicos escandalizados por unas caricaturas de Mahoma. El atentado dejó varios muertos entre sus trabajadores. Mahoma perdonó de un castigo al poeta de La Meca que durante años se había burlado de él. Me pregunto si hoy se permitiría  la película de Billy Wilder, Berlin Occidental. Rodada en el Berlín de 1946, masacrada la ciudad por las bombas, con aspecto“de queso de gruyer”, exclamación realizada por un personaje al observarla desde un avión, . El film se burla del hambre, de la ocupación de las tropas aliadas, de los abusos que provoca la necesidad, de la violación masiva que las tropas rusas ejercieron sobre las berlinesas, del puritanismo, de las relaciones hombre mujer, de la desnazificación… Todo es susceptible y merecedor de lograr un dialogo cómico que al tiempo sirve para alumbrar los pasajes más siniestros de la historia. Además no olvidemos, como cínica y magistralmente plasma Marlene Dietrich en el largometraje con su representación de Erika Von Schluetow, que el humor es un mecanismo de supervivencia.