Una reseña de Is This The Life We Really Want? por Sebastian Blendl

Is This The Life We Really Want? Nos cuestiona el ex miembro de Pink Floyd con las primeras composiciones originales desde que Amused To Death vio la luz hace 25 años, y no estoy muy seguro de qué responderle…

Hablar de Waters siempre resulta complejo para mí y asumo que para muchos otros igual. Su música ondula por mi corazón cada que éste bombea, representa los pasillos de una casa vacía en la que crecí, representa mis tardes de enojo y tristeza cuando la soledad decide tomar posesión de mis horas, y finalmente representa un sueño personal. Dicho esto, ¿qué discusión u opinión puedo organizar o compartir con relación a sus habilidades musicales? Dios mío, es Roger Waters.

Lo que sí me parece debatible es su discurso, varias veces etiquetado como narcisista y oportunista. Todos conocemos el entorno en el que vivimos, tanto en nuestro micro universo como en el macro, y resulta doloroso conocerlo en ciertos momentos. Tal como Waters nos dice en “Part Of Me Died”, una oda al pequeño niño que muere dentro de nosotros cada que aparece en nuestro medio de comunicación de preferencia una noticia confirmando que el mundo se está cayendo a pedazos, asimismo el elemento o la persona que escogemos para que tape nuestros ojos salvándonos de esa agonía:

 

Sat in the corner

Watching TV

Deaf to the cries of

Children in pain

Dead to the world

Just watching the game

 

Watching endless repeats –

Out of sight, out of mind

Silence, indifference:

The ultimate crime

But when I met you

That part of me died

 

El disco mantiene una estructura clásica de la que Waters se apropió desde su éxito en The Wall, encontramos una misma canción dividida en 12 distintas partes con un significado propio en cada una. Nigel Godrich, genio reconocido por haber trabajado con Paul McCartney, Radiohead y Beck entre otros, fue el encargado tanto de la producción y mezcla del disco como de los arreglos en conjunto con David Campbell, al cual podemos apreciar por sus minuciosos arreglos para cuerdas en “Déjà Vu”, “Is This the Life We Really Want?”, “The Most Beautiful Girl” y “Broken Bones” especialmente.

Con un sonido que ondula entre “Mother” y “Nobody Home” de The Wall mezclado levemente con tintes del Animals y momentáneos destellos de una voz asemejada a la de Leonard Cohen o hasta del enorme Nick Cave navegamos por un disco que parece recordarnos desesperadamente que tengamos fe y nos cuestionemos si esta es la vida que verdaderamente queremos…

El caso Trump, la crítica al sistema demócrata, el conflicto árabe-israelí, las guerras, la muerte, la desigualdad, el hambre, la pobreza, los falsos políticos, el egoísmo, el caos disfrazado con discursos activistas, la pérdida de sensibilidad, la ignorancia, los periodistas muertos, el engaño, las religiones, el amor, el desamor y la esperanza escrita en papel pentagramado forman parte de una obra que, sin duda alguna, quedará entre nosotros.

Qué difícil resulta reseñar a Waters. Ver objetivamente lo que este señor nos pone sobre el mantel. Creerle a los neo humanistas. Escuchar la realidad de sus versos y más que nada, qué difícil asumir la culpa de que todos hemos formado parte de su crítica.

 

So, every time the curtain falls

Every time the curtain falls on some forgotten life

It is because we all stood by, silent and indifferent

It’s normal

 

¿Cuántos de ustedes consideran a Waters y su Is This the Life We Really Want? oportunista? ¿Cuántos de ustedes lo consideran un verdadero vocero de paz y unión?

 

No, Roger, no es la vida que verdaderamente queremos… Aunque te agradecemos por pertenecer a ella.