Armando es un misionero, así se define a sí  mismo. Su misión dar refugio, cobijo, alimentar y regularizar a los inmigrantes más necesitados en México, muchos descalzos. Para este fin cuenta con un taller de reparación en Estado de México. Los autos que arregla y la ayuda de la sociedad civil, en forma de alimentos y ropa, son sus herramientas financieras, su conocimiento de las leyes regulatorias mexicanas, su arma para lograr legalizar a 3 mil personas al año, cifra que Armando recalca con orgullo. Su día a día es la realidad de los inmigrantes en un país de migrantes. México se ha desparramado durante décadas al otro lado de Rio Bravo, Estados Unidos se ha mexicanizado y México crece al ritmo de una economía marcada por la demanda del consumidor estadunidense. Pero lo de compartir sueños no va con el ser humano, siempre hay un hacedor, un beneficiario, un colaborador y por su puesto un damnificado de los anhelos individuales y comunales. Existe una letra pequeña, en forma de espíritu de las cosas, de tendencia a la hora de afrontar la gestión, del tratado de libre comercio que el hoy ausente Trump y el aún presentador televisivo firmaron. Una serie de pequeños asuntos reformados en temas como sanidad, educación y derechos, inapreciables salvo para los mayores marginados de la tierra, los sin papeles. Cientos de miles de seres humanos que con el afán de una mejor vida atraviesan la gigante geografía de México buscando una vida mejor. A diferencia de lo que pueda parecer esa vida mejor no siempre la buscan en EEUU. Estudios recientes demuestran que México ya es país de asimilación de inmigrantes y  estos son tratados no como una nueva realidad social, sino como un fenómeno sospechoso que solo es tomado en cuenta para completar cifras de negociación en los futuros acuerdos aduaneros y fronterizos con EEUU.

Un artículo de la revista  Nexos https://migracion.nexos.com.mx/2020/08/mexico-un-pais-de-destino-de-migrantes/  firmado por los investigadores Alexandra Haas Paciuc y Elena Sánchez-Montijano, afirmaba que “en una localidad como Tenosique, Tabasco, donde habitan 60 000 personas y el tránsito constante de migrantes es similar al total de la población registrada, hay un solo hospital comunitario de doce camas”.  Las cifras son resultado de que “los presupuestos públicos federales no contemplan líneas dirigidas directamente a la integración de personas migrantes, dejando a las distintas Secretarías lidiar con el fenómeno de manera aislada. Por otro lado, el presupuesto asignado a los municipios no contempla los flujos migratorios, lo cual expone a las localidades de recepción a situaciones de enorme presión presupuestaria y competencial”, señala el artículo. Justamente en esas Secretarias en las que las reformas de gobierno han dejado cambios abruptos y se siente el evidente objetivo de convertir a México en un país lo menos atractivo posible para un tipo de inmigrante. Quizás la muestra más clara de la postura del gobierno frente al fenómeno migratorio es el cambio en la dirección del Instituto Nacional de Migración que desde la llegada de la 4T ostenta un general. De igual manera las subsecretarías están manejadas por militares. La militarización de México no es novedad con este gobierno, pero el que un militar esté al frente de una secretaría que no sea la de defensa (México jamás en su historia ha tenido un civil al frente de su instituto armado) sí es relevante, más cuando se trata de un asunto tan delicado como el de la inmigración. Armando lleva meses intentando tener una reunión con los nuevos responsables de Inmigración del país. El misionero confiesa que en 17 años haciendo su labor nunca había visto “una situación tan terrible”, tanto de parte de la administración Biden, que al efecto llamada de su victoria subido al discurso anti xenófobo y pro inmigración ha respondido con un muro mucho más alto que el de Trump ( Según un reporte de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), la detección de personas sin documentos creció 7.6 por ciento en mayo de 2021, respecto al mes previo), como por parte del gobierno mexicano. “Antes en 12 días regularizaba a una persona, ahora me demoro más de 40, con suerte”, cuenta Armando.

Desde luego no hay prisa por parte del gobierno mexicano, ni de ningún país, por desarrollar políticas migratorias específicas para facilitar la integración de las masas migrantes. El rechazo al inmigrante da votos, no los quita. Hasta que las entrañas no salpican, a la manera del nuevo disco de Megatrend, Oberursel Bahnhof, otra exploración escatológica del label Opal Tapes; las administraciones no se dan por enteradas.

Armando repara autos rotos y toca puertas esperando evitar en la medida de lo posible la creciente catástrofe humanitaria que no solo acontece en las fronteras y los semáforos, sucede ante cualquier colegio, hospital, oficina de empleo, ministerio público, banco, tienda departamental…  donde se evidencia el rechazo a una nueva clase social, una que va detrás de los pobres amados “patriotas”, la de los desgraciados importados; esos no sirven ni para votar ni para animar a la selección.