Foto: Roman Mensing

Entrevista por alias Ricardo Miranda | @aliasRmiranda

Ilya y Emilia Kabakov –él de 80 años y ella de 68- son reconocidos entre los 10 artistas vivos más grandes y famosos de origen soviético.

Ilya Kabakov fue el líder del movimiento clandestino de arte contemporáneo en Moscú y para sobrevivir se dedicó a ilustrar libros de niños durante la época post-estalinista. Los Kabakov han exhibido en las instituciones más importantes de Europa y Norteamérica, como el Museum of Modern Art, Nueva York; Hirshhorn Museum, Washington DC; Stedelijk Museum Amsterdam; Documenta IX, Kassel; Whitney Biennial, Nueva York, y el State Hermitage Museum, San Petersburgo.
En mayo y junio de este año presentaron bajo la inmensa nave del Grand Palais de París, Francia, la “Monumenta” 2014, muestra que desde 2007 ha invitado a artistas internacionales a crear instalaciones de gran escala.

Kabakov

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Angelología: utopía y ángeles”, exhibición posterior a la “Monumenta” de Paris, es la “instalación total” de maquetas, pinturas, esculturas, dibujos y fotografías de los Kabakov. En ella, los ángeles nos orientan a pensar en qué queremos hacer con nuestras vidas y qué podemos dejar como legado a los que vienen detrás de nosotros.

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El humanismo universal de los Kabakov es único en el arte contemporáneo; no expresa ni pesimismo ni las grandes cargas y dificultades de nuestra era; es el resultado de una actitud utópica que impregna el ambiente social con ideas y fe en el potencial de la persona para mejorar la convivencia de todas las culturas.

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Los Kabakov respondieron a algunas inquietudes de Marvin:

En una entrevista publicada en The New Yorker, se cita a Ilya diciendo “nosotros no queremos ser artistas rusos”, una cita matizada por Emilia, que dice “somos internacionales”. ¿Qué tan posible es producir arte que esté completamente desconectado del origen nacional de uno?
Primero que nada, nosotros no seríamos tan directos. Sí, nos gustaría ser considerados artistas internacionales, no sólo “artistas locales soviéticos o rusos, pero ese probablemente es un deseo que comparten todos los artistas de todos los países.
En segundo lugar: aún si quisieras no tener una identidad nacional, cuando pasas más de la mitad de tu vida en tu país, la vas a llevar contigo por siempre, independientemente de donde vivas y de si la quieres o no.

Siempre que la conversación se encamina hacia las artes rusas hay un punto en el que alguien menciona “el alma rusa”. Por el otro lado, sus primeras obras abordan constantemente la cultura soviética. ¿Qué tan relacionada está esa alma rusa con la “sovietidad” de su obra?
Todo lo que hacíamos antes estaba relacionado con la “vida soviética”. Ilya nació en la Unión Soviética y pasó 54 años en ella, yo me fui cuando tenía 26. No sabemos exactamente lo que es ” el alma rusa”, pero sabemos bien lo que significa “el alma soviética” y, de alguna manera, siempre se le coloca por encima del ”alma rusa” la cual fue completamente eliminada o se perdió durante la era soviética.

El acto de salir del país propio inevitablemente erosiona muchas impresiones de la nacionalidad propia, mientras que la distancia refuerza otras. ¿Hay alguna parte de esa “alma rusa” que se haya vuelto más fuerte con los años y la distancia?
La pregunta principal es ¿qué edad tenías al salir de tu país? Qué tan marcadas estaban esas impresiones de sus tradiciones y su cultura. La realidad muestra que si te vas antes de cumplir 8 años de edad esa ‘alma nacional’ desaparece de tu mentalidad y puedes asimilarte del todo en el nuevo país.
Y eso es mucho más difícil o de plano imposible si te vas cuando eres más grande. Llevas contigo todo tu ”bagaje mental” y eso definitivamente no ayuda.

¿Qué idioma o idiomas hablan en casa? Si hablan ruso entre ustedes, ¿sienten que el idioma es una especie de “territorio virtual” que los mantiene conectados con su vida anterior en Rusia?
Sí hablamos en ruso en casa por muchas razones. Pero yo creo que es igual para todos los emigrantes. No es porque queramos “preservar” los vínculos culturales o mantener una especie de “territorio mental” familiar. Después de todo, la emigración es el deseo de cortar esa conexión, nadie se va de su país porque le guste vivir en él.
Nosotros hablamos en ruso en casa por razones mucho más prácticas y prosaicas.
Es mucho más fácil, más familiar, y como dije, Ilya se fue cuando tenía 54 años, así que su inglés casi no existe, comparado con su ruso.

Un pequeño cambio de tema: en una entrevista, mientras contaba de un pequeño grupo de artistas que se formó alrededor de 1957, Ilya mencionó que todos ellos se ganaban la vida de alguna manera y aparte tenían otra vida como artistas. ¿Ustedes consideran que no poder ganarse la vida con el arte y tener que vivir esa existencia doble puede generar una cierta desesperación que puede ser útil para los artistas jóvenes?
Es muy fácil decir “sí, todos los artistas jóvenes tienen que sufrir, trabajar arduamente en algo más para mantenerse y hacer su arte en su tiempo libre”.
Pero en realidad, ese otro trabajo se come todo tu tiempo, tu energía y tu fantasía se ve menoscabada (si la tienes, por supuesto).
Actualmente el principal problema es que el comercialismo interfiere en el proceso de desarrollo de la mente y las capacidades del artista, evitando que crezca o de plano destruyendo su mentalidad, y por tanto su futuro.
Y eso es peligroso.

Se suele decir que Ilya no habla con la prensa y que él piensa que el arte debe hablar por sí mismo. ¿Qué tanto es eso posible en realidad, y qué tanto tiene que interactuar con la gente que compra su arte?
Bueno… Ilya no interactúa con la gente que compra nuestro arte. Y sí pensamos que el arte debe hablar por sí mismo.
Pero a veces es necesario explicar tu postura, tus ideas, y es ahí donde entran los textos que están en las instalaciones. O en algunos artículos sobre las obras.

Ilya escribió un libro llamado “Las décadas de 1960 y 1970… Notas sobre la vida no oficial en Moscú.” El hecho de que usó alter egos para eludir vetos políticos está ampliamente documentado. ¿Alguna vez ha sentido la necesidad de seguir usando alter egos en la vida cotidiana sin tener la necesidad política de hacerlo?
Él no usó ”alter egos” por razones o problemas políticos. Fue únicamente por problemas personales relacionados con una identidad artística y personal poco desarrollada o poco clara.
Esos problemas eventualmente se desvanecieron y ahora no tiene que ”esconderse” detrás de sus personajes.

¿Interactúan mucho con Mattituck, [el pequeño pueblo del estado de Nueva York donde viven]? ¿O viven principalmente aparte en su propia casa?
Ambas. Por un lado patrocinamos muchas organizaciones locales: (una biblioteca para niños, un hogar para ancianos, el departamento de bomberos, etc… ).
También hay tours que organiza la comunidad local para los artistas locales y la gente que está interesada en ver qué hacen los artistas que viven aquí.
Por el otro lado, pasamos la mayor parte del tiempo en casa, a menos que viajemos, y nos visita mucha gente de todo el mundo. Pero esto es por el estatus internacional de nuestra obra y tal vez por nuestras personalidades.

En una entrevista en NY Daily News se menciona a una mujer rusa de más de 100 años de edad, a quien Emilia conocía de Rusia y luego se la encontró viviendo en NY. El artículo citaba a Emilia diciendo que la mujer no recordaba a nadie más que a Emilia. “Ya ves, la gente es lo que más importa”, decía. ¿Podría contarnos un poco sobre esa relación?
En mi vida conocí a mucha gente, incluyendo a esta mujer que era muy vieja y estaba muy sola. Yo la ayudé cuando necesitó ayuda y se desarrolló una amistad.
Ella salió de Rusia en 1947, vivió en Polonia, París y Nueva York.
Para mí ella era una persona con la que podía hablar y esperar que estuviera “de mi lado”, sin importar si yo estaba en lo correcto o no. Y eso a veces es muy importante.
Para ella yo fui la hija que nunca tuvo.
Así que, aunque había perdido todos sus recuerdos y la capacidad de reconocer a la gente, seguía recordándome a mí y esperaba mis visitas y que fuera a cuidarla. Y eso fue lo que hice hasta su último día. Por cierto, ella era pobre, así que esto no fue por dinero ni por un asunto materialista.
Es algo personal y no creo que sea interesante para sus lectores. Es sólo que yo creo firmemente que este mundo sería mucho mejor y más seguro si la gente pudiera interactuar, confiar y ayudarse mutuamente un poco más de lo que se hace actualmente.

En una entrevista, hablando de la cultura occidental, se cita a Ilya diciendo: “Yo solía fantasear con que en algún lugar habría una especie de mundo donde yo me sentiría en casa, como uno de ellos.” Esta sensación suele ser compartida por mucha gente antes de salir de sus países. ¿Ese sueño llegó a materializarse una vez que se estableció en los Estados Unidos? ¿El vivir fuera de su propio país ha mitigado la sensación de “otredad”?
Esta es una muy buena pregunta; de 1987 a 2000 podemos decir que sí, esa sensación de ”tu propia atmósfera artística” estaba muy fuerte en el mundo del arte, y todas las fantasías artísticas que Ilya tenía se vieron confirmadas y materializadas.
Era una vida y un trabajo idealista, con posibilidades fantásticas de materializar los proyectos, las ideas, de trabajar en museos y espacios sin fines de lucro de todo el mundo.
Después de 2000 el mundo del arte cambió drásticamente, y de alguna manera desaparecieron todas las fantasías.

“Ilya y Emilia Kabakov, Angelología: utopía y ángeles”. Es un proyecto de Nina Menocal y el Antiguo Colegio de San Ildefonso con la curaduría de José Manuel Springer.

Se inaugurará el 28 de agosto de 2014 en el Antiguo Colegio de San Ildefonso en la Ciudad de México.

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