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Ilegales: “La ira es una perra a la que no hay que oír ladrar”

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Dice que sí, que es caradura, pero a la vez admite que “el conocimiento viene del contacto con la gente” y que le gusta eso, hallarse frente a frente y conversar; con los animales, por ejemplo. Por eso no descarta la posibilidad de un día levantarse de la cama y andar hacia la montaña que desde su habitación alcanza a mirarse —y que además señala en el horizonte, convencido ante la cámara—, para perderse en la naturaleza. “Es que me siento bien en el escenario, pero también en el bosque. Ahora mismo podría coger una manta y subir esa montaña de allá y dormir donde sea, entre jabalíes y lobos”. Se trata de Jorge Martínez, el líder de Ilegales, una banda, él mismo acepta, arrogante por un simple hecho: sus canciones dicen verdades (recias como puños, habría que cerrar).

“Hay un jabalí que viene todos los días a mi jardín, y está en su derecho de hacer un desorden. Mientras, los lobos entran incluso de día a matar ovejas”, prosigue Jorge, mirando por la ventana de su recamara en casa, en Asturias, observando su jardín para luego virar la vista hacia esa montaña en la que alguna vez dormirá. “La verdad es que los lobos tienen un defecto que les viene de las glaciaciones: matan todo lo que pueden pensando que la carne se mantendrá bien en la nieve; entonces para comerse una oveja aniquilan doce”. El cantautor empuña ahí el teléfono y lo pasea por su habitación, y muestra su cama, un escritorio de los años treinta, algunas guitarras y su maleta aguardando para irse “a quién sabe dónde” a la mañana siguiente. Porque sí, Ilegales está de gira presentando nuevo disco, un periplo que hará parada en México, en la Sala Puebla de la CDMX (boletos aquí).     

Una vez que el tour por su recamara termina, Jorge apunta hacia la pared que hay a sus espaldas. “Justo detrás de ella están los controles de mi estudio de grabación, un sitio lleno de guitarras y tambores, amplificadores, bajos y procesadores; lo necesario para hacer un ruido infernal”. Le pregunto al español qué dirían esos muros si hablasen y se prende con la idea; “¡Uf. Esta pared ha vibrado tantas veces por el volumen que ha resistido, y vaya que entonces los vecinos han encontrado sus sueños perjudicados!”. Joven y arrogante es el álbum recién editado por Ilegales, y sobre los conceptos de mocedad y altanería va ahondarse en esta charla, aunque antes el caradura de cabeza rapada deba finiquitar el tema de los animales con los cuales ha conversado. “En la primera etapa de mi vida me gustaban los mamíferos —perros, osos, linces, de todo—. Luego me volví loco con las aves, desarrollando la habilidad de moverme lentamente para atrapar jilgueros. Después llegaron los peces, me encantaban. Y los mosquitos… ¡son unos hijos de puta! Pero hay insectos fascinantes, sobre todo lo lepidópteros”.

Mirando atrás, Jorge. ¿Te arrepientes de algo hecho en tu juventud?

Tengo una lista tan amplia de arrepentimientos que creo que podría hablar de ellos por horas (aunque también he cometido algunos aciertos). He hecho auténticas barbaridades, pero me fijaré en una: en 1988 Ilegales estábamos muy arriba, habíamos conseguido que el rock fuese popular, íbamos fuerte abriéndole el paso a un montón de bandas. La cosa iba francamente bien y se me ocurrió ignorar una disquera todopoderosa para firmar con otra que no hizo nada por nosotros. El presidente de la primera me dijo: Jorge, voy a meter un grupo de pop… Y fichó a Mecano. Esto provocó que el pop consiguiera lo que consiguió. Y muchas cosas peores he hecho. Tengo un escaso capital de miedo y me meto en peligro con facilidad, pero el peligro se porta bien conmigo, me conoce, cuida de mí, aunque yo sea imprudente por naturaleza.

¿Eres arrogante?

Es necesario serlo para tocar rocanrol. No puede haber rocanrol sin arrogancia. Me siento arrogante por ofertar lo que oferto. Mi arrogancia se basa en algo positivo: la creencia de que doy cosas valiosas al público. Este disco, Joven y arrogante, es muy bueno, por ejemplo; a mí esa falsa humildad de los que dan las gracias tantas veces me parece sospechosa. Ilegales tocamos sin respirar en directo, una canción tras otra, ¿cómo no vamos a ser arrogantes si ejecutamos con la máxima perfección 36 canciones al hilo, si transmitimos algo curativo al público? El rocanrol tiene efectos terapéuticos. Hay que ser arrogante para salir al escenario, volverse loco y luego recuperar la cordura a buen tiempo, tras darlo todo. Porque las canciones de Ilegales dicen la verdad, y tocarlas es desgastante; tocamos canciones que vienen de las oscuridades profundas del yo, de ese pretendido corazón que todos tenemos. 

¿Hacia dónde va el rocanrol ahora? Hay tanta mezcolanza de géneros. Los mismos Ilegales han echado mano de esto en un tema como “Muñequita de porcelana”, al lado de Niño De Elche.

Ilegales vamos hacia todas direcciones desde el primer disco, experimentando con toda la música que sea digna de ello. A lo largo de nuestra historia hemos coexsitido con músicas repulsivas, pero también con un montón de tendencias interesantes con las que nos hemos mezclado, desde los ancestros del rock, como el blues o el ragtime, hasta el chachachá o el bolero. Recordemos que el viaje que hizo alguna vez Lennon a España le influyó, se nota en los discos de los Beatles. Hay que robar, incluso saquear, culturalmente. Y nosotros lo hacemos porque contamos con nuestro propio estudio de grabación y con medios de producción excelentes.

Hablas de música repulsiva… por lo que has dicho antes intuiría que no te gusta Mecano.

No me gusta mucho. Pero hay gente que oye eso y se siente bien. Ha de tener propiedades terapéuticas también.

Hace poco Nacho Cano dijo públicamente que el mayor logro de España ha sido México.

Bueno, ha habido un choque de culturas, creo, beneficioso. España es un sitio donde han colisionado muchas culturas; fenicios, griegos, celtas, romanos, árabes, judíos. Esto ha sido enriquecedor. Puede que haya habido momentos donde se produjeron muertes pero, señores y señoras, no se puede hacer tortilla sin romper huevos. Es así. Hay efectos negativos, por supuesto, pero también positivos. Al final todos somos mestizos y en México había un montón de culturas, de pueblos, colisionando. Ay, qué lejos estamos de ser santos…

Para irnos, Jorge. ¿Cuál será tu mayor defecto?

Intento que no me pueda la ira, un mal que hay que contener, una perra a la que no hay que oír ladrar. Cuesta ser fuerte, controlarse, y para mí lo es más porque vivo intensamente desde edad muy temprana. La envidia no me puede, no soy envidioso aunque yo sea la envidia de mucha gente porque me va bien con muchas cosas (en realidad compadezco a los envidiosos). La ira ha de ser mi mayor defecto.

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Alejandro González Castillo

Alejandro González Castillo

Periodista, y escritor también (porque parece que no es lo mismo). Cruza párrafos con compases. Le gustan las olas, leer y chelear chachareando; además de escuchar discos dejando salir el humo por los ojos.

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