Hay voces que no requieren gritar para subsistir y vivir en la memoria. iLe vuelve a tender puentes entre tradición y presente con Como las canto yo, un trabajo donde el bolero respira con nueva piel, intimidad y elegancia. Son canciones que huelen a madrugada y a corazones que aprendieron tarde. A propósito de su próxima visita a Xalapa para el cierre del Cauz Festival Uno y de su presentación del 6 de mayo en el Foro Cultural Hilvana, charlamos con Ileana sobre raíces, emociones y el arte de cantar verdades que no caducan, aunque el mundo insista en vender versiones baratas del amor.
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En Como las canto yo no solo rescatas boleros; pareciera que les limpias el polvo, les quitas la naftalina y les devuelves el pulso. ¿Qué descubriste de ti misma al cantar historias escritas para otra época, pero que siguen doliendo como si fueran de ayer?
Quería hacerlo desde hace mucho tiempo. Soy fanática del bolero. Me crié escuchando distintos géneros musicales en mi casa, pero, pues, como buenos puertorriqueños, escuchábamos mucha salsa, y dentro de la salsa hay muchos boleros. Fui profundizando también dentro de lo que es el bolero femenino, interpretado por mujeres o compuesto también por mujeres.
¿Cómo encuentras el equilibrio entre respetar un género clásico y no convertirte en prisionera de su tradición?
Yo lo veo como un humilde homenaje de mi parte a estos compositores y compositoras que admiro mucho, intérpretes también, porque muchas de estas canciones se cantaron un montón de veces por muchas personas. Pero yo tengo mis versiones favoritas, y esas fueron las que usé de referencia. Y al mismo tiempo está esa parte retadora de desprenderme del fanatismo y tratar de hacer estas canciones mías, a pesar de que fueron escritas en otra época. En el disco hay solo una canción original, compuesta por mi abuela, Flora Amelia de Gracia Barreiro, y me honra siempre cantar sus canciones. En este disco es la única así nueva, es una de mis favoritas y también de ella.
Muchos artistas jóvenes corren detrás de tendencias para sobrevivir. Tú pareces ir en sentido contrario: hacia la raíz, hacia la canción desnuda.
Hay procesos difíciles, porque nunca es fácil. Por más conocedora que yo pueda ser del bolero, por más que sea algo que disfruto hacer desde hace mucho tiempo y siento que conozco, como quiera es un aprendizaje y cantar estas canciones es un reto. Por eso mismo: porque es otra época y va más allá de transportarte. Es como vivírtelas, como si hubiesen sido escritas ahora, porque creo que dialogan con un montón de cosas con las que todavía nos podemos sentir identificados. Desde un lugar bien mío también, de compartir un poco lo que me gusta. Sentía la necesidad de hacerlo con este disco y estoy contenta de que lo hice.
Vienes a México, una tierra donde el bolero no es nostalgia sino sangre viva en cantinas, casas, taxis y corazones rotos. ¿Qué relación emocional has construido con México y qué sientes que este país entiende del bolero que otros no?
Yo soy fanática de México y creo que justamente ese lado ancestral, energético, siempre me ha capturado. A mí me encanta toda esta música de otros tiempos. Escucho un poco de lo que pasa ahora y me gusta música también de otras generaciones, pero realmente lo que más escucho es música bastante añeja ya.

Compartirás diálogo con Vivir Quintana en “La voz como territorio”. ¿Para ti la voz nace en la garganta, en la memoria, en la rabia o en las cicatrices?
México mantiene viva esa esencia, aunque se siga transformando en otras cosas. Lo que es la interpretación, la importancia de la voz. Ahí hay muchísimo talento y muchísima alma en las canciones. Admiro eso mucho, porque a veces, a través de los años, me da miedo que eso se pierda también.
Tu música siempre ha tenido identidad, postura y belleza sin concesiones. En tiempos donde muchos artistas parecen diseñados por algoritmos, ¿Cómo se protege una voz propia sin volverse rehén del mercado?
Me encanta que haya de todo y que estemos rompiendo barreras a la hora de escuchar música, y que simplemente aceptemos que nos gustan cosas distintas y no hay nada malo con eso. Pero al mismo tiempo creo que es importante apreciar también, no sé, la fuerza interpretativa, la musicalidad, los instrumentos, cómo se utilizan y cómo cada cual los juega. Y siento que el bolero es un género que fue tan popular en su momento que por eso, aunque sea en menos cantidad que antes, se mantiene.
Esos boleros callejeros, desgarradores, son los que más me gustan, los que disfruto, van más allá de la elegancia y del glamour, es la parte más directa, más íntima, más de corazón, más de alma, más decadente. Puerto Rico es tan chiquito que cuando voy a lugares donde está gente mayor cantando karaoke y boleros viejos, me lo disfruto un montón. De eso se trata: de conectar más allá de admirar y ya, es darnos ese permiso de conectar con la música.
Llegas al Foro Cultural Hilvana, en la CDMX, un espacio íntimo donde la música suele sentirse a centímetros de la piel. ¿Cómo cambia tu manera de interpretar cuando sabes que no hay distancia entre la canción y la respiración del público?
Lo que más me intimida, no he ido a este lugar, sería la experiencia nueva. A veces en los teatros, por ejemplo, tiende a haber mucho silencio, eso me intimida un poco, y los espacios bien íntimos también. Lo que pasa es que, como son boleros callejeros, hay algo que me da balance. Siento que de repente un espacio un poquito más íntimo se transforma en algo más llevadero, más suelto y no tan tenso. Eso me relaja. Lo disfruto, como si estuviese en una barra, trato de no meterme esa presión.
Trato de irme un poco en ese viaje del bolero y ya. Si fuesen canciones solo mías, quizá sería diferente. Aunque voy a tener una mezcla, voy a presentar este disco, Como las canto yo, pero también voy a cantar canciones mías. Es todo mental. Realmente tienes que buscar la manera de relajarte y encontrar el balance. Definitivamente de los más intimidantes son los que están siempre ahí, más cerquita tuyo.
Entre la energía urbana de la Ciudad de México y la atmósfera cultural de Xalapa, en el Cauz Festival Uno, con un line up conformado por artistas de México y Puerto Rico, vivirás dos escenarios distintos en pocos días. ¿Te gusta adaptar el show según la ciudad o prefieres defender una misma narrativa sin importar el lugar?
Cada público energéticamente sí puede cambiar cosas, uno nunca sabe. Pero sí, voy a presentar un mismo show. Nunca he ido a Veracruz. Solo fui una vez hace años, porque ahí hay otro festival, El Tajín, pero fue hace muchos años. No pude ver nada realmente. De Xalapa me han hablado maravillas, porque tengo una amiga que vive allí. Estoy loca por ir a visitar y conocer. Me encanta la Ciudad de México, bien opuesta a lo que es Puerto Rico, tan chiquito, pero las ciudades grandes pueden ser abrumadoras. Es raro para nosotros tanta gente en la calle. He ido a otras ciudades, a otros lugares en México, y me doy cuenta de las diferencias: la energía, todo eso. Hay una tranquilidad también, el aire inclusive, que a veces hasta cambia. Y ha sido bien lindo por eso, porque a pesar de que me falta mucho por conocer de México, me he dado esos viajecitos donde he podido ir a otras partes y ver otras cosas más allá de la ciudad, que han sido increíbles también.

Si una adolescente descubre hoy Como las canto yo. ¿Qué te gustaría que entendiera sobre el amor, la pérdida y la dignidad antes de que el mundo le venda versiones baratas de todo?
Yo creo que el estar en alerta, pero no demasiado. Siempre mantener los pies en la tierra un poco. Por lo menos así fue cuando yo era adolescente. Yo siento que, en ese momento, cuando me embollé más con el bolero y con los boleros femeninos… o sea, yo estaba justo procesando el divorcio de mis papás. Y siento que esos boleros, dentro de su drama, de su pasión, y sobre todo los que eran cantados por mujeres, que decían tantas cosas tan directas, fue como: “Ah, Ok, esto se puede decir de esta manera”. De repente me dio una perspectiva.
Aunque hay boleros masculinos hermosísimos y me encanta también que se muestre una sensibilidad masculina, no solamente del intérprete sino del compositor, hay varios compositores que tienen una sensibilidad que parece femenina también; se mezclan esas cosas y me parece lindo. Y lo puedo notar en el bolero. Ves canciones que a veces estás acostumbrada a escucharlas cantadas por hombres, de momento en una voz femenina les da otra fuerza y otro significado, porque sí, hay que reconocer que las perspectivas son distintas. Hay que disfrutarse el amor, pero siempre enfocada y conectada con una misma y con la intuición. El bolero te lo vives y todo, lo sacas y lo sueltas. Pero en la vida creo que hay que tener siempre esa alerta, sin que te abrume demasiado. Así que nada, yo creo que el desahogo, definitivamente, es por la música.
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