Homero Ontiveros finalmente decide llevar a la práctica un proyecto largamente planeado. Si no se había resuelto es porque, quien también es tecladista de Inspector, respeta a la música y si decidió acercarse a la cumbia no fue por un chispazo momentáneo de inspiración, sino algo premeditado. “Cuando me decidí a grabar un par de temas -cuenta- a expensas del resultado, lo hice primero para saber sí podía, como productor y compositor, hacer sonar bien una cumbia, puesto que nunca antes lo había hecho. Estos dos temas son ‘Cumbia fuego’ y ‘Cumbia veneno’”.
“Afortunadamente el resultado me gustó y ahí decidí darle formalidad al proyecto. No quería que sonara a un ‘intento’, sino a algo bien hecho”, prosigue el músico de Monterrey. “Antes de decidir grabar unos temas, porque además este proyecto no nace en un ensayo con otros músicos, sino en un estudio de grabación, dediqué algunos años a estudiar la historia de la cumbia y toda la cultura que hay a su alrededor, además de escuchar muchísima música, y por eso era importante para mi que sonara bien y con respeto. Esa era una exigencia personal”.
Hace diez años, Ontiveros descubrió a Lucho Bermúdez y su Orquesta. Al escucharlo, le impresionó su sonido y esa fue la chispa que detonó su acercamiento serio (“conocer todo lo que se pueda de este género y esta cultura”) hacia la cumbia. Homero y su Cumbia Fuego es el nombre oficial del proyecto y, concluye su artífice, la diferencia con proyectos similares es que “pocos le dan la voz principal al órgano. Por otro lado, creo que hay un cuidado significativo en la construcción de la melodía, que eso hacían músicos como el mencionado Bermúdez o Pacho Galán y algunos otros más. Hay influencia también de reggae y el dub en cuanto a los efectos que utilizamos. Y creo que, además del ritmo, cuidamos mucho la armonía, con la que tratamos de jugar mucho. Eso lo hace muy musical”.
Si algo tiene la cumbia es ser contagiosa y en el caso de Homero y su Cumbia Fuego esto se da por sentado desde el comienzo; sin embargo, la diferencia entre una cumbia con un poco más de cuerpo y aquella que solo es bailable es pequeña, pero muy significativa, y en el caso de este álbum debut viene dado por la utilización del clarinete, un instrumento poco usado que el tecladista tomó de Lucho Bermúdez y que se hace notar en el corte inicial del álbum y que da título al mismo.
La policía del rock y de la cumbia brincará al escuchar la versión de “Boys don’t cry”, una original de The Cure que ha sido muy bien adaptada y no ha perdido su rostro definitivo, aunque el maquillaje no es el de Robert Smith, síno de las “reinas” que aparecen en el video. “La idea -cuenta Ontiveros- realmente fue de Big Javy, mi compañero en Inspector; él fue quien me dijo que por qué no grababa ese tema en cumbia. Me dejó la curiosidad dando vueltas y cuando probé cómo podía ser, resultó que tenía muchas posibilidades de sonar en cumbia sin que pareciera algo kitsch o exótico. Me gustó la idea, me gustó como sonó, y entonces la grabamos”.
“El sonido de la montaña” sencillamente es un corte que inicia con una sensual cadencia y de pronto, al grito de ¡cumbia!, gana en dinamismo, pero sin perder la suavidad y elegancia, porque si hay otro detalle en la música de Ontiveros, no mencionado anteriormente, es la elegancia de sus arreglos, y este corte es un buen ejemplo; el primero en ser cantado y cuya melodía es más que pegajosa y, en unos años, será una especie de himno a la ciudad del norte donde habita su autor.
En “Sal y agua” reaparece el clarinete que con su tono agudo. Insisto, marca una diferencia importante y el órgano aquí despliega una totalidad que no había aparecido anteriormente, ademas de poseer un tiempo más ralentizado, el cual habrá de incrementarse en “Cumbia salvaje”, tema más cercano a la chicha peruana (algo de ella encontraremos también en “Cumbia veneno”, otro track con clarinete y muy contagioso gracias a la voz de Ontiveros) y sus destellos psicodélicos (también impregnados en “Inagada la cumbia”). “Brillas” (original de León Larregui) tiene algunas pizcas de ska, pero es un corte suave, cadencioso, una declaración de amor en donde lo que brilla es el teclado que le da un toque especial.
Cumbia fuego: una placa caliente, sabrosa, con una decena de cortes que si bien están perlados de ritmo, también muestran diversidad (pongan oído, por ejemplo, a “La tropicosa”), sin perder la unidad. En la grabación participaron músicos regiomontanos relacionados con la cumbia. “La primera parte del disco -dice- Homero-, fue hecha con músicos de sesión, donde, por ejemplo, Iván Tamez, guitarrista de Celso Piña, grabó guitarras. La segunda parte ya la hicimos con los músicos que forman la banda: Abel y ‘Pepino’ Figueroa en percusiones, Mandril y Rod Rob en las guitarras, y Panda en el bajo”.
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