#SangredeMetal

Los últimos 4 o 5 años de los 80 para mi fueron de absorber decenas de sonidos nuevos, o por lo menos de bandas nuevas. Ya traía un bagaje musical importante en cuanto al rock en general, y bastante decente en cuanto a metal, pero en esos años fue la explosión, el conocer más sub géneros y enamorarme de ciertas bandas que hoy veo todavía como amores de mi vida. Una de esas es Helloween.

Honestamente no recuerdo cuál sería la primera canción que escuché de ellos pero me gusta creer que con ellos en particular, mi descubrimiento no fue por algún casete de alguien más sino porque me atrapó la portada de un EP de 12” llamado “Judas”. Lo compré importado porque esas bandas no se editaban en México, en una tienda que en ese tiempo se llamaba Discos Ser. Más tarde ese mismo sitio se llamó Rock and Roll Circus y luego se ha convertido en peluquería y muchas cosas más. Era la planta baja de lo que por muchos años fue un antro conocido como La Última Carcajada de la Cumbancha, o LUCC.

Mucho se ha dicho que la influencia Iron Maiden en ellos era notoria, y puede ser, aunque en realidad, más allá de los ataques de riffs a dos guitarras, Helloween era una banda con estilo propio desde el inicio. Mucha velocidad, un incomparable gusto por la melodía y desde el inicio, una voz que rompía tímpanos y cristales fueron y son su marca registrada.

Después de obtener ese disco vino la etapa de investigación. Buscar en revistas importadas y nacionales referencias a ellos, descubrir que existían los “Keeper of the Seven Keys” que ya entonces eran considerados discazos, sobre todo el segundo. Luego, algunos años más tarde y ya en los 90, que el baterista se había suicidado, que el “Pink bubbles go ape” y el “Chamaleon” habían destruido a la banda por alejarse de su sonido clásico. Más adelante que dejaron ir a Michael Kiske y su lugar lo ocupaba un Andi Deris y luego, cuando ya estábamos en la era del CD, a descubrir que efectivamente Helloween estaba de vuelta más potente que nunca, y para dejarlo claro, en el tema “Still we go” del potente “Master of the Rings” hablaban del casi quiebre de la banda por escuchar las voces de los que dicen saber y aclaraban que “ahora vemos un horizonte y estamos aquí para quedarnos, si no alcanzas a ver nuestra señal es porque debes estar ciego. Aquí seguimos, en la carretera del metal, seguimos”.

Desde ese disco no han vuelto a bajar la potencia. Han tenido discos buenos y otros no tanto, pero ya no más experimentos poperos y guangos, sólo metal al estilo que tanto bien le hizo a la banda y al mundo: veloz, melódico, con duelos de solos, con letras pensadas y llenas de significado.

Finalmente también me llegó la primera vez de verlos en vivo. Debut con Helloween y también con Circo Volador, espacio hoy vital de la escena que no conocía. Dos mil quinientas almas reunidas por la primera visita de los teutones a México, todos al borde la lágrima pero con la garganta a tope reviviendo los años de pubertad con canciones que no han muerto hoy y que probablemente vivirán por siempre. Luego, el venir a México se volvió práctica recurrente, siempre con llenos espectaculares y también con la idea de saber como sonarías los temas más viejos si los tocara y cantara Kai Hansen o los de los Keeper si los cantara Michael Kiske, hasta que un día vino el anuncio.

Helloween no iba a deshacerse de los músicos que habían estado en la banda en la etapa de reconstrucción pero tenía una salida al estilo calabazas felices: sumaría a los antes mencionados, alargaría su set y tocaría temas viejos y clásicos con sus creadores originales y temas de los 90 al presente con los músicos que están actualmente en la banda. Decir que fue la salida fácil es faltar a la verdad. Lo fácil era regresar a la alineación original y correr a los demás, como hacen todos, pero ellos se fueron por el camino largo y como recompensa han montado una de las giras más espectaculares y ansiadas del mundo del metal. Lo lograron y se agradece: “happy happy Helloween, oh oh oh”.