#SangreDeMetal

El metal ha sido desde sus inicios un crisol donde han tenido cabida cualquier cantidad de tendencias ideológicas¡. Hubo y hay bandas de ideología izquierdista, derechista, anarquista, sexista, machista, cristiana, satánica, agnóstica, new age, fiestera, con enfoque histórico, futurista, literario y también, claro, neutrales. Sin embargo, en el caso del heavy metal (entendido como subgénero), independientemente de la línea ideológica que manejen las bandas. Una característica que ha marcado a cierto sector ha sido ir directo al grano (musicalmente hablando) y enganchar a la audiencia con riffs o acordes directos a la entraña y con melodías fácilmente recordables que en vivo funcionan como puntos de convergencia en los que no importa si se conoce a la banda o no, al final, dan ganas de cantar los coros.

Hammerfall es una banda que dominó ese arte de manera casi perfecta. Sus primeros tres discos fueron acusados de caer en clichés, de ofrecer música más bien básica que a decir de muchos autodenominados conocedores carecía de valor estético. Muchos más obviamente pensaban distinto: sin alardes de virtuosismo, los suecos lograban el punto central del metal, entretener a la audiencia.

Como suele suceder, las letras de una canción están sujetas a la interpretación de cada quien. Hammerfall ha referido en más de una canción el término “templarios”. En la historia de la religión católica y en términos generales, los templarios eran un ejército al servicio del Papa. Lucharon contra los infieles (musulmanes) en las cruzadas y después se les encomendó la custodia del supuesto Santo Grial. Usar la palabra templario en una canción podría invitar al escucha a creer que se trata de una banda con influencia religiosa. Para otros el concepto es metáfora: los templarios en el contexto de Hammerfall son los metaleros, esos entes que entienden y sienten lo que es ser fan de este tipo de música y la encomienda, el Santo Grial, es el metal en sí mismo. Lo que hay que proteger, conservar, difundir y amar es el metal. Y hay que ir en contra de autoridades morales, religiosas y sociales para lograrlo, pero al final del día, vale la pena hacerlo. Por eso el metal sigue vivo a medio siglo de haber nacido, porque el metalero es un personaje con estirpe, aunque el resto de la sociedad lo vea como paria.

Así, Hammerfall es para un festival como un gol a un partido de futbol: felicidad para unos, incomodidad para otros, pero ciertamente un elemento importante del juego. Para el fan de la banda no hay que dar mayor detalle, pero para el fan casual, el que está en un festival por X o Y bandas pero que no conoce a Hammerfall, lo que va a encontrar es una invitación a mover la cabeza como si fuera sonaja, levantar el puño o los cuernos en el aire y cantar al unísono con miles de gargantas. Aquél que vaya con ganas de ser entretenido, encontrará en esta banda una excelente opción para hacerlo. Todos esos llamados clichés que se ven en documentales y videos, estarán ahí: los coros fáciles de recordar y por ende de repetir, las pausas musicales en las que Joacim Cans involucra a la audiencia, los riffs de manufactura básica pero absolutamente crujientes, los momentos para aplaudir al unísono… todo.

Como era de esperarse, la banda ha tenido sus altibajos. Un descenso en su popularidad que coincidió con la creación de música menos directa y supuestamente más elaborada los obligó a tomarse dos años sabáticos, pero regresaron a las raíces de su concepto y nuevamente están a tope. Hoy, la banda mantiene en su alineación a Oscar Dronjak, Joacim Cans y Fredrik Larsson, guitarra, voz y bajo respectivamente, como miembros originales. Han anunciado para agosto de este año el lanzamiento de “Dominion”, el que será su décimo primer larga duración y están listos para rendirle tributo a los corazones ardientes de los templarios metaleros mexicanos:

“Por años fuimos desdeñados por la sociedad, fuimos desterrados y condenados por nuestras creencias, pero nuestras legiones crecieron en secreto. Y ahora el tiempo ha llegado, veo a los Templarios por todos lados, el llamado de la libertad está más cercano. Mantenemos nuestras banderas de rebelión en lo más alto, nuestro color es el magenta y el martillo es la insignia. Corazones ardientes, ardiendo de deseo, ardiendo por el acero, corazones ardientes”.

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