Hamilton Leithauser: entre amores triunfadores y quebrados
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¿Será que de verdad estamos en tiempos de recomposición? ¿Seremos capaces de identificar aquello que debemos cambiar? Si pienso en términos del periodismo musical no es fácil entrever en que momento perdimos el rumbo. En un caso dado también habríamos de mencionar la falta de lectores y escuchas exigentes de verdad, pero ello no exime a una gran cantidad de escribidores que saturan diarios, revistas y portales con textos que redundan en “todo es maravilloso”, en que “cada cosa tiene su mérito” y que, a fin de cuentas, “todo vale”.

Están equivocados y todos juntos hemos alimentado un círculo vicioso alrededor de la complacencia y la mediocridad. ¿Qué podemos esperar si apenas interesan los álbumes y la mayoría pepena apenas una o dos canciones por disco?

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Traigo esto a colación a propósito de la carrera de The Walkmen, la banda neoyorquina que encabezó Hamilton Leithauser y que jamás dio el estirón que algunos de sus contemporáneos y vecinos consiguieron; vamos, que nos referimos a The National y Vampire Weekend. La trayectoria de los de Brooklyn siempre fue irregular y no pudieron concretar lo que se veía como un futuro promisorio. Eso mismo, se quedaron en eternas promesas y nada más. Entonces, hay que decirlo y punto; no valen los rodeos.

Al menos, nadie puede criticar a Leithauser por no intentarlo, pero a decir verdad su debut en solitario Black Hours (2014) también se desdibujó y la figura de crooner trasnochado que se quiso labrar no cuajó. Una vez más se quedó cortó del salto definitivo.

Después Hamilton Leithauser firmó, junto con Paul Maroon, Dear God (2015) para a continuación colaborar con Rostam Batmanglij, en I Had a Dream That You Were Mine (2016), este último también en busca de una personalidad artística propia tras el enorme éxito con Vampire Weekend. Al año siguiente lo encontramos lanzando con Angel Olsen “Heartstruck” y haciendo algunas buenas versiones, entre ellas la de “Mr. Tambourine Man”, ese clásico incombustible de Bob Dylan.

He aquí un punto de inflexión interesante, muy probablemente el estudio a detalle del universo sonoro del de Minnesota le llevó a sacar conclusiones interesantes a propósito del oficio de componer canciones. El hecho es que la huella del icono mundial y premio Nobel de literatura es muy perceptible en el que debemos considerar su segundo álbum como tal.

También para tomar distancia de ese ánimo colaborativo en el que se movía es que en este disco prácticamente se bastó a sí mismo –tocó casi todos los instrumentos, compuso y dirigió la grabación del disco en su propio estudio-. Habiendo arrancado su carrera desde finales de los noventa con The Recoys que nadie dude de que este hombre se empeñaba en dar el golpe definitivo de autoridad… y quisiera anticipar que lo ha logrado.

Lo principal es que ha dejado de lado esa parte de crooner vintage que no le sentaba del todo y se ha apuntalado con lo mejor que siempre ha sido: un músico de indie rock. Fue entonces que el espíritu del Dylan más eléctrico y la curiosidad exploratoria de Paul Simon le ayudaron para dar con canciones muy bien cohesionados y en las que sí transpira el perfume del arte memorable.

Los elogios le han empezado a llegar con “Here They Come” y “The Garbage Men”, pero quiero anticiparles que se requiere de la escucha completa del álbum para dar con las verdaderas joyas. Ha dado con una tríada en que la parte narrativa resulta muy efectiva y consigue ir confeccionando una energía épica que se va liberando poco a poco. En la seguidilla que conforman “Til Your Ship Comes In”, “The Stars of Tomorrow” y “Wack Kack” hay emociones condensadas y observación atenta del mundo.

En algunos de los temas se han sumado su mujer e hijas para conformar el coro –de esta manera todo queda en familia-. Hamilton puede contar acerca de los abismos a los que se enfrenta un cantante de rock o hacer crónica de las historias de los bajos fondos, ya sean de NYC o de Baltimore. Ha logrado entrever que esos amores –triunfadores o quebrados- se esparcen por doquier. Aquí las buenas canciones lo consignan, porque si fuera poco también está ahí “Stars & Rats” para completar la experiencia.

The Loves of Your Life, editado por Glassnote, es un disco con grato sabor añejado; cierto, nos remonta hasta otras épocas y lo hace mostrando las cicatrices que han dejado las batallas pasadas. Como buen peleador callejero, Leithauser ha sabido asimilar los golpes y hasta algún descontón que lo llevó hasta el suelo. Ahora se ha levantado para asestarle a la vida un buen madrazo en pleno rostro a través de un cancionero con mucha garra y mañas.

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