#EnMisTiempos

Gin Muerto-nic: ¿Ya hiciste la playlist de tu funeral?

/
326,966
Gin Muerto-nic: ¿Ya hiciste la playlist de tu funeral?

El momento cumbre fue cuando uno de los convocados colocó su vaso sobre el ataúd para googlear en el celular los versos de un poema que leería.
Fue cuando otro de los amigos de la escritora que falleció dijo:
—A ella le hubiera encantado ver esto.

TXT::Arturo J. Flores

El que buscaba en Internet corrió a bajar el volumen de la música, se acomodó los lentes y leyó delante del féretro unos versos de Sor Juana. No recuerdo cuáles, pero bien pudieron ser estos:

“En lágrimas y suspiros,
alma y corazón a un tiempo,
aquél se convierte en agua
y ésta se resuelve en viento”.

Después pasamos uno por uno al improvisado escenario, donde, delante de un cuerpo vacío de vida y ante una habitación repleta de alegres fantasmas, leímos poesía, compartimos anécdotas y echamos sinceras risas.

He escuchado a muchas personas decir que cuando mueran no quieren lágrimas. Preferirían mejor que los sobrevivientes armaran una fiesta con tragos, canciones y chistes. Por primera vez participé del cumplimiento de esta última voluntad. Murió Mónica Maristain, amiga y colega, argentina por accidente pero mexicana por convicción. La primera y hasta el momento única editora de Playboy. Poeta, periodista de afilada pluma, autora de varios libros. Al último tuvo el detalle de encajar como título un vaticinio: Leeré hasta mi muerte.

Supe que algo se saldría de control cuando a la sala 8 de Gayosso se presentó Alonso Arreola, amigo de Mónica. Escritor también y bajista de rock. Sin pedir permiso, emparejó una bocina con el bluetooth de su celular y comenzó a sonar una playlist con la música que a Mónica seguramente le recordaba, a punta de bailes, la tierra en la que nació: Babasónicos, Charly, los Cadillacs, Virus

Después, los destructores del silencio que pesa sobre los velorios pasaron a ofrecernos un trago.
—Se va a realizar un brindis en honor a ella —advirtieron.

Sobre los periodistas de vieja escuela pesa una singular sentencia: “un periodista que no toma es como una flor sin aroma”. Nadie sabe quién la dijo, pero la mayoría la veneramos. 

En su velorio, Mónica no pudo beberse un gin tonic. Lo hizo su espíritu a través de sus amigos, quienes llenaron el lavabo del baño de hielos y se tomaron la molestia de introducir dos botellas de ginebra y una de vodka a la sala. También llevaron rodajas de pepino, limón y naranja finamente cortadas en un tupper (táper, diría ella; pronunció alguien imitando el acento porteño de la homenajeada), tal como Maristain acostumbraba hacer cuando la invitaban a una reunión.

Y mientras uno por uno nos íbamos turnando para dedicarle unas palabras a la destinataria de los arreglos florales, mi atención se dirigía hacia la música, que sonaba a un volumen que las señoras de la veladora perpetua hubieran considerado indecente. Porque el único escándalo que se permite en los velatorios es el del llanto. Las risas y las canciones se malmiran. Porque la muerte debe ser sinónimo de tristeza y no de celebración por la vida del muerto. No así para los bohemios. 

Recordé un verso de los Cadillacs:

“Muerto, muerto, muerto…
Mirá, te están velando.
Son todos tus amigos,
todos tus recuerdos olvidados”.

Entre el aroma de las flores y de las frutas de cada cóctel, resolví que pronto yo también armaría la playlist de mi propio funeral.

Le escribí a dos amigos para exigirles que, si la muerte me visita antes que a ellos, se presenten en donde sea que me velen y reproduzcan la lista de canciones que como testamento les dejaré. También deberán colocarle un vaso con mezcal en las manos a cada convocado y me traerán a cinco comediantes para improvisar un roast de stand up delante de mi cajón.

Maristain falleció a 7,500 kilómetros de su familia. Pero supo reclutar al ejército revolucionario perfecto: una caterva de inadaptados que reventó su velorio desde adentro; que, en vez de estériles padrenuestros y vacuas avemarías, llenaron el aire de estridentes riffs de guitarra, brutales redobles de jazz y, sobre todo, sincera poesía en forma de carcajadas.

Estoy seguro de que cuando aquel lector apoyó su vaso en el féretro para ajustarse los lentes y buscar el verso de Sor Juana, el alma de Maristain chocó su propia copa desde el interior. 

¡Salud con un Gin Muerto-nic!

Así va la lista de mi funeral hasta el momento, más las que se acumulen esta semana:

  • “Soldier of Fortune” – Deep Purple
  • “Fiesta de mi funeral” – Raxas
  • “El viejo” – La Vela Puerca
  • “Man in the Box” – Alice in Chains
  • “Arthur’s Theme (Best You Can Do)” – Christopher Cross
  • “La Morte d’Arthur” – Sopor Aeternus and the Ensemble of Shadows
  • “La soledad” – Xhelaz
  • “Donde las águilas se atreven” – A77aque
  • “A dónde vas” – El Último Ke Zierre
  • “Nemo” – Nightwish
  • “Devil Came to Me” – Dover
  • “Gone Away” – The Offspring
  • “A la orilla del sol” – Santa Sabina
  • “Dios bendiga a los gusanos” – Fobia
  • “Más allá del tiempo” – El Clan

¿Qué pondrías en la tuya?

*También te puede interesar: Marion Raw y la nostalgia esperanzada del “Adiós”

Staff

Staff

21 años hablando de cultura pop nos respaldan. También hacemos Festival Marvin.

Auditorio BB