Al remontarnos a un texto de obligada consulta como lo es post-punk: romper todo y comenzar de nuevo, escrito por uno de los críticos musicales más influyentes de los últimos años, el inglés Simon Reynolds, podemos derivar en otro texto, uno que lleva por título ‘Nueva oscuridad’: aquí están los jóvenes, redactado por el español David Saavedra, y que es muy pertinente citar:
“En cualquier caso, ninguno de estos artistas vivió en tiempo real la primera explosión siniestra, la de Joy Division, The Cure, Siouxsie and The Banshees o, en España, Parálisis Permanente o Décima Víctima. El influjo les llegó filtrado, o bien por los discos de sus padres o por las oportunidades que ofrecía el streaming o la cultura de la “retromanía” –según el concepto acuñado por el periodista Simon Reynolds– para descubrir música del pasado. Todo esto, en colisión con otros movimientos del ahora y las sucesivas reinvenciones que la música oscura ha experimentado en estas cuatro décadas”.

¿Quién hubiera pensado que a estas alturas del siglo XXI la exasperación existencial que motiva al post-punk perviviera? Existe toda una serie de agrupaciones que hacen suyas ciertas herramientas estéticas del pasado y las pasan a través de los conceptos del recomienzo y la reinvención; si no lo entendemos así, estaríamos diciendo que el talento emergente oscuro hace una especie de covers y ello no sería exacto… existe un afán evidente por manufacturar las cosas muy a su modo.
Tal es el caso de una agrupación procedente de Dublín que ha destacado precisamente por plasmar ese Zeitgeist y describir en sus canciones las contradicciones, angustias y corajes no solo de una sociedad desproporcionada, sino de un mundo injusto al completo desde que se hizo visible hace una década bajo el nombre de Girl Band. Pronto encontraría eco en el periódico The Irish Times, el cual destacó su capacidad para hacer un ruido “excitante, amenazante y apasionante… un acto compuesto por esos elementos que conforman la actualidad”.
Con esas cartas credenciales, el combo se fue abriendo paso en la escena británica, escalando debido al impacto de los álbumes ‘Holding Hands with Jamie’ (2015) y ‘The Talkies’ (2019), este último un tanto más abstracto que su predecesor. En ese par, Gilla Band (entonces Girl Band) busca transmitir molestia e inconformidad… individual y colectiva; sus canciones son nerviosas, tal como lo plasman en temas como ‘Shoulderblades’ y ‘Going Norway’; la sensación es de quien asiste a un mitin callejero o presta atención a las expresiones ciudadanas que se dan en el Marble Arch londinense…
Gilla Band se sube al escenario y amenaza con desmadrarlo todo (en algo nos recuerda a los primeros tiempos de The Horrors, (cuando eran más ruidosos). El asunto es que los músicos fueron trepando y ganando más visibilidad, pero en la misma proporción el nombre provocaba demasiada polémica y no se tomó a bien la humorada de que se anunciaran como una banda de chicas y fueran solamente hombres los integrantes. En noviembre de 2021 sorprendieron a propios y extraños con el anuncio de que dejaban atrás lo de Girl Band y pasaban a llamarse Gilla Band.
Los artistas emitieron un comunicado en el que explicaban el origen del nombre: “Fue elegido sin pensarlo mucho, desde un lugar de ingenuidad e ignorancia”; para luego apuntalar el razonamiento para tan importante decisión de modificar su apelativo: “Independientemente de nuestra intención, el efecto del nombre ha sido perjudicial para las personas. Intentamos negar cualquier papel desafortunado que hayamos desempeñado en la propagación de una cultura de no inclusión en la música”. Por fortuna, hoy día la banda se llama diferente, sin embargo, no ha perdido un ápice de garra y fiereza, tal y como podemos apreciar en los sencillos ‘Eight Fivers’, ‘Backwash’ y ‘Post Ryan’, que siguen siendo crujientes y vociferantes… con su cantante soltando hostias para todos lados.
Si escuchamos con atención sus proclamas musicalizadas, habremos de encontrar que la influencia crucial a través de los años es la de The Fall, aquella agrupación que encabezara Mark E. Smith y producía una sensación de rudeza similar, mientras arremetía contra el orden social imperante.
Podemos decir que Gilla Band es una orgullosa continuadora de tales intentos. Con todo lo escrito detrás, los músicos llegan por vez primera a México a través del Festival Marvin.
Apenas con su tercer álbum recién estrenado, Most Normal, una obra editada por uno de los sellos ingleses de mayor prosapia, Rough Trade. Un temario ruidoso, urgido por increpar su presente. Una docena de composiciones taladrantes, lejanas de las convenciones estructurales de la canción en cuanto a ejecución e intención; piezas que achicharran oídos desde la primera escucha.
Cerremos nuestra incursión alrededor de lo que representa Gilla Band con un apunte de David Sánchez Usanos, profesor de Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid y también crítico musical y literario, quien apunta: “No hace falta leer a Bourdieu o a Baudrillard para caer en la cuenta de que las referencias artísticas y culturales desempeñan un papel importante en la construcción de nuestra identidad”; quien también habla de otra característica que le aplica perfectamente a estos músicos: “funcionan como emblemas del pensamiento antiutópico, idóneos para tiempos cínicos como los nuestros”.
No se diga más.
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