En franco peligro de extinción se encuentra la especie de los rockstars. Cada vez se hallan menos ejemplares jóvenes en las praderas. Y con la pandemia la situación empeora: estadios cerrados, bocinas silenciadas, reflectores sin focos, groupies bajo llave. Sin embargo por ahí andan, los rockstars; deambulando, lanzando discos en plena crisis. El caso de Foo Fighters, precisamente.

TXT:: Alejandro González Castillo

Los de Dave Grohl traen entre manos un nuevo álbum, Medicine at midnight, donde la resaca grunge insiste (¿de qué otra forma podría ser?) a lo largo de casi cuarenta minutos de canciones producidas por Greg Kurstin y la propia banda. Es así que le siguen los pasos a Concrete and gold, con nueve temas donde cierta paranoia bélica se cuela para ponerse a tono con estos, los días catastróficos.

“Hola. Me estoy comiendo el desayuno que mi esposa acaba de prepararme”, me dice Taylor Hawkins, baterista del combo, al otro lado de la línea telefónica. Porque sí, hablamos por teléfono, uno de esos aparatos que solían estar anclados a las paredes, con todo y su cable rizado para ahí enredar el índice mientras se charla. Muy del siglo XX nuestro encuentro; y por supuesto, plagado de interferencia (sin contar que hablar y llevarse la cuchara a la boca, puedo oír, no es tarea sencilla). Sin embargo, Taylor y yo nos las arreglamos para entendernos.

Apenas nos estamos acomodando para arrancar cuando Hawkins pide disculpas y se aleja del teléfono por unos segundos. Se oyen platos, se oyen pasos. Al volver se nota ligeramente tenso, ¿cual animal enjaulado? “El que resolverá mi cuestionario es un rockstar de verdad, de los pocos ejemplares que quedan”, me digo mientras pienso en mi primera pregunta y aquél sigue sorbiendo y mordiendo. A partir de entonces, el tiempo trota tendido.

Taylor, ¿cuál es la mejor y la peor parte de tocar la batería con quien solía ser el baterista de Nirvana?

La mejor parte, supongo, pues es justo que él sabe perfectamente bien lo que significa ser un baterista. Es un puesto complicado en una banda, y aunque muchos no valoran lo suficiente esa posición se trata de uno de los elementos más importantes dentro de un grupo. En los Foo Fighters Dave se desempeña como cantante y guitarrista, además de llevar la dirección creativa y artística de lo que hacemos; pero emocionalmente sigue siendo un baterista, y eso es algo difícil de encontrar. Es decir, él entiende mi posición, más allá de la técnica y todo eso. ¿Esta entrevista es para una revista especializada en bateristas o algo así?

No, no lo es.

Bueno. Está bien. Sobre lo más difícil… es precisamente lo mismo: estar en una banda con alguien como Dave puede crear ciertas inseguridades, alguna clase de presión que hay que saber manejar. Especialmente cuando me integré al grupo tuve que enfrentarme con varias de mis dudas y aprender a confiar en mí mismo y mis aptitudes.

 

Es que llegaste al grupo luego de que William Goldsmith se fuera, un antecedente que pudo generarte cierta incertidumbre.

La verdad es que Dave nunca corrió a William, y eso no todos lo dicen. En realidad le dio la oportunidad de permanecer en la banda, pero él no quiso hacerlo, William decidió no seguir adelante… Y como te decía, en mi caso, con el tiempo he ido haciéndome más fuerte. Ahora sé y siento que soy un buen baterista, que lo hago bastante bien. Confío en mí mismo.

¿Cuál es tu canción favorita de Nirvana?

“Pennyroyal tea”. No sé, algo tiene que me encanta.

Taylor. Tocaste alguna vez la batería con Jimmy Page y John Paul Jones. Es decir, ocupaste el lugar de John Bonham tras los tambores con “Ramble on” como pretexto, y en el estadio de Wembley. ¿Qué sentiste al hacerlo?

Estuvo bien. Fue tan emocionante como cuando toqué con Roger Taylor, ¿sabes? Fue igual de importante para mí. Tan importante como cuando me eché un palomazo con Stuart Copeland o como cuando estuve con Mick Jagger. Para mí ninguna experiencia es más especial que otra; aunque eso no significa que no sienta que todo eso ha sido, cómo decirlo, surreal. Cuando estás en una situación así, de pronto tienes que reafirmarte a ti mismo que en verdad está sucediendo, que es cierto que te hallas en el escenario con Jimmy Page, o con Joe Walsh. Atesoro todos esos momentos.

Hiciste el papel de Iggy Pop en la película CBGB, ¿qué otro rol de gustaría desempeñar en la pantalla grande?

No lo sé. Honestamente nunca fue mi aspiración ser actor. Jamás imaginé que algo así me pasaría. Lo de Iggy Pop fue extraño; en realidad el director pensaba que yo podía ser Dennis Wilson, de los Beach Boys, esa era la idea original. Luego hubo problemas con el guión y surgió esto, de que yo fuera Iggy Pop y dijera un par de líneas ante la cámara. Lo hice y ya. No fue difícil, la verdad; pero nunca busqué ser actor, francamente. ¿Te digo algo? No me sentí del todo cómodo haciendo eso. Me parece que no soy bueno.

Hablando de papeles, ¿será Ringo Starr el mejor baterista de todos los tiempos?

Ringo Starr es maravilloso. A ver, fue el baterista de los Beatles, es imposible decir algo malo de él. Pero Roger Taylor fue el mejor baterista que pudo tener Queen, así como Stewart Copeland fue lo mejor que le pudo pasar a The Police. Aunque, bueno, Paul McCartney también toca la batería, siempre lo ha hecho. En su disco más reciente lo hace y toca parecido a Ringo. Claro, crecieron juntos. Tocan similar. Y vaya, ese feeling, ese toque de Ringo, yo, por ejemplo, jamás podría igualarlo. Ve cómo tocaban en sus días los Beatles, con qué tipo de micrófonos, por muchas razones ese sonido es inimitable actualmente. Y como dije, ¡es Ringo, hombre!

Alguna vez Ringo abandonó a los Beatles y el resto tuvo que mimarlo para que volviera. ¿Has considerado con seriedad dejar a los Foo Fighters?

Soy músico. Tocar la batería, además de ser mi trabajo, es mi vida. Antes de estar con los Foo Fighters tocaba con Alanis Morissette, y antes, desde que iba a la preparatoria, soñaba con tocar con mis mejores amigos; desde entonces decidí que quería ser baterista por el resto de mi vida, sin importar cómo, lo único que quería era hacer música. He sido muy afortunado al formar parte de una gran banda, como lo es Foo Fighters.

Va sonar extraño esto pero, apenas nos conocimos, Dave y yo supimos lo que éramos: como hermanos con padres diferentes. Algo en nuestro ADN coincidía y por eso las cosas funcionaron desde entonces entre los dos. No ha sido fácil, por supuesto que no es sencillo durar tanto tiempo en una banda así. Llevamos décadas juntos y no todo ha sido belleza; hay procesos que resultan cansados. Pasó por mi mente esa idea un par de veces, la de dejar a los Foo Fighters, pero se fue. En realidad no quiero divorciarme todavía. Le he puesto mucho sudor, lágrimas y sangre a esta banda.

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Hablando del nuevo disco, Medicine at midnight, ¿cuál medicamento no puede faltar en tu botiquín?

¿Mi medicina? No sé. Escribir canciones, grabar, hacer música. Eso es lo que me da felicidad. Aunque, bueno, saber que mi familia está bien y todo eso también me hace sentir fantástico, por supuesto; pero hacer música es algo especial. Saber que lo que hago escapa de las bocinas me hace sentir muy, muy bien. Y mis hijos y mi esposa son otra cosa, claro. Ellos son mi medicina espiritual.