Es inquietante contemplar cómo el progreso va de la mano de la capacidad de las sociedades de convivir con la muerte. Los datos de crecimiento, o más bien decrecimiento, de los países que ayer ofreció el FMI . https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=14361 obligan a una reflexión sobre la naturaleza de la supervivencia.

Estados en los que las cifras de muertos diarios bailan como un alegre carnaval, EEUU y Brasil, por ejemplo, tienen según el informe del FMI una expectativa económica de hasta 5 puntos mejor que los de naciones empeñadas por poner a cero el contador de victimas de Covid-19, véase el caso de España o Francia e incluso Canadá.

La obstinación de líderes supremacistas, Trump y Bolsonaro, curiosamente ambos supervivientes de la enfermedad, por no cerrar en la medida de lo posible sus economías y sociedades, contradiciendo las indicaciones sanitarias de la OMS, parece dar sus frutos inmediatos y a largo plazo. Obviamente factores estructurales, alta productividad, los bajos salarios de Brasil y la maquinita de hacer dólares sin freno de Washington, están ahí para comprender las cifras. Pero sería de ciegos negar las bonanzas económicas de su postura ‘sálvese quien pueda’.

La otra economía que campea con holgura la pandemia es China. En este sentido la reflexión es más terrible, ¿para qué sirve la libertad y la democracia si una dictadura te permite ser multimillonario, vivir en la Condesa con un Porsche y un Mercedes en el garaje, o que esta pandemia no reduzca en diez años la esperanza de vida del país?

La macro economía coloca la vida y la muerte como símbolos ponderables, factores de conteo.

Otros símbolos parecen pesar más entre gobernantes de distintos continentes e ideologías. Justo cuando el planeta contempla una deforestación de troncos humanos, en vez de subir el valor de la vida, sufre una devaluación frente a la simbología de objetos con significados museográficos o cinematográficos.

El penacho de Moctezuma, el traje de Superman, AMLO y Trump subidos al símbolo de comprensión simple y demagógica. Del penacho y su historia previa a caer en manos de los aztecas sabemos por el libro la Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme, de fray Diego Durán, uno de los invasores que evitaron el olvido de la rica historia pre hispánica gracias a que plasmó con la herramienta tecnológica de los conquistadores, la gramática , lo que se establecía por la sociedad náhuatl en forma de tradición oral y simbología pictórica.

El tótem de los invasores, el rey Felipe II, estableció el náhuatl como idioma oficial del Virreinato de Nueva España. Fue la independencia de México la que marginó esta lengua de manera oficial, queriendo castellanizar a los indígenas, y la 4T la que no contempla  hacerla obligatoria en los planes de estudio de todos los mexicanos, imitando simplemente la variedad lingüística de países como Suiza o Bélgica. Una norma que sí acabaría con la brecha lingüística y sin duda aliviaría la social, para lo que no es necesario pedir permiso a ningún museo europeo, tan solo legislar con la mayoría del partido gobernante, si es que tiene tiempo en el bochornoso espectáculo de la disputa por su presidencia.

Es más cómodo ponerse el penacho que gobernar, los símbolos son más manejables por abstractos, como diría el filósofo francés Jean Baudrillard, que la realidad concreta de los ciudadanos. El actual gobierno de México, el 15 de marzo de 2020, declaró las lenguas indígenas y el español “lenguas nacionales”. Un título que es papel mojado, y simbólico, hasta que no se declare el náhuatl lengua oficial, lo que obligaría a su estudio en todas las escuelas y su uso en los documentos oficiales. Hoy México no tiene ninguna lengua oficial, un vacio constitucional que ha dejado indefenso a las lenguas nativas.

El EZLN en un comunicado al respecto de la cacareada exigencia por parte del presidente a los invasores, de hace 500 años, para que pidan disculpas, opinó que López Obrador “quiere sembrar el rencor racial y pretende alimentar su nacionalismo trasnochado con el supuesto esplendor de un imperio, el azteca, que creció a costa de la sangre de sus semejantes”, añadiendo que ya basta de jugar con el pasado lejano para justificar, con demagogia e hipocresía, los crímenes actuales y en curso.  El ELZN se declara no conquistado y aún en “rebeldía”

Más que darle voz al pasado lejano habría que dársela a la naturaleza no tenida en cuenta en la contra reforma energética que menosprecia las renovables por venir de la mano de los nuevos conquistadores, las empresas multinacionales. Voz al mundo natural que nos rodea que sí le ha dado la artista audio visual británica Sophie Loizou en su nuevo disco Untold.

Donald, el candidato naranja, tampoco olvida los símbolos de su patria. Al preparar la escenificación de su salida del hospital pidió vestir debajo del traje la playera de Superman, símbolo esencial no solo de EEUU sino del planeta entero lobotomizado a base de comics, películas y series en el convencimiento de que el individuo puede con todo, y lo grupal solo es competencia. El simplismo del bien y el mal que un super héroe encarna, y mas que ninguno el señor Kent. Según informó The New York Times, el presidente de Estados Unidos quería hacer una performance en la que primero se mostraba débil y luego se abría la camisa para mostrar el símbolo del superhéroe. Desechó la idea, pero hoy mismo, hace unas horas, dijo en un mitín de campaña sentirse como Superman, por lo que utilizó la simbología de las esencias USA. Hay que reconocerle a Donald un gracejo gringo que tiene su versión cantinflera en las mañaneras, una autentica continuación de la tradición oral.

De devolvernos a toda la humanidad al lenguaje no gramatical, por lo tanto incapaz de desarrollar ideas, ya se encargan los memes y simbolitos de nuestros celulares.