Lejos de la pirotecnia de los Red Hot Chili Peppers, el músico lideró a la Honora Band en una sesión donde la introspección y la paz fueron los verdaderos protagonistas
TXT: Carlos Priego
Flea protagonizó una nueva sesión de Tiny Desk liderando a su ensamble, la Honora Band, en un ejercicio de introspección que trasciende su estatus de ícono del rock. En esta ocasión, el bajista —quien aquí retoma la trompeta, su primer instrumento de formación— se despojó del ego para ceder el protagonismo a un colectivo de élite integrado por Jeff Parker, Anna Butterss, Deantoni Parks y Josh Johnson.
La presentación no fue fruto de la improvisación. Fue el resultado de años de disciplina técnica y una profunda curaduría artística enfocada en la escucha activa y el control de dinámicas.

“No estoy siendo cursi, esta mierda es real”, sentenció Flea durante la sesión, defendiendo que, en un mundo polarizado, elegir la paz y la construcción de puentes es, en realidad, el acto de mayor valentía y dureza que un músico puede ejecutar.
El repertorio abrió con “Traffic Lights”, el sencillo de tintes jazzísticos lanzado a principios de año, que fungió como el umbral perfecto hacia esta nueva etapa. Con la colaboración estelar de Thom Yorke en la grabación original, el tema se despojó aquí de la producción de estudio para revelarse como un ejercicio de sutileza, donde el músico permitió que el silencio y el espacio fueran tan protagonistas como la instrumentación.
Tras este momento de introspección, la banda transitó hacia “Morning Cry”, una pieza que sirvió como puente para intensificar la atmósfera modal del set. Fue en este pasaje donde el ensamble de élite terminó de consolidar su identidad orgánica; mediante una percusión desestructurada a cargo de Deantoni Parks y un contrapunto melódico entre Anna Butterss y Jeff Parker, la agrupación logró una textura sonora densa y fluida, preparando el terreno emocional para que, instantes después, Flea dejara de lado su instrumento para compartir, con una honestidad descarnada, su visión sobre la paz y la urgencia de construir puentes en la actualidad.

La sesión avanzó con “A Plea”, el sencillo debut de este proyecto que vio la luz a finales de 2025. Más que una canción, el tema se consolidó como el eje filosófico de la presentación: una pieza que trasciende el discurso político para invocar, en palabras del propio Flea, un lugar donde “todos nos reunimos y eso es amor”. Con una duración de siete minutos y una textura que destaca por su profundidad melódica, esta composición reforzó la dinámica de contención que definió el set, alejándose de cualquier intención comercial para abrazar una sinceridad descarnada.
Para el clímax, la banda se despojó de los arreglos técnicos en favor de un mantra colectivo, cerrando la sesión con una catarsis basada en la repetición de los versos Build a bridge, shine a light. Fue un cierre magistral: sin estridencias, el ensamble transformó el escritorio de NPR en un espacio de resistencia moral, donde la música terminó de disolverse en una invitación directa a habitar la paz como el acto de mayor valentía.






