Escribieron una de las mejores canciones de thrash. Se llama “Impaler”, habla sobre Vald Draculea, príncipe de Valaquia (hoy Rumania) en tres etapas distintas en el Siglo XV. 

Un texto de Luis Jasso (Chico Migraña)

La versión musical referida tiene varios riffs clásicos a lo largo de sus cinco minutos y medio de duración, y uno de ellos, el que da inicio a la canción, fue retomado años más tarde por Metallica en el tema “Trapped under ice”. ¿Plagio? No, “Impaler” es un tema que escribió el guitarrista fundador de Exodus, un tal Kirk Hammett que después fue reclutado por Metallica para sustituir a un tal Dave Mustaine, así que técnicamente, al haberlo escrito él, el riff era suyo para usarlo cuando quisiera.

Pero el texto es sobre Exodus, aunque su historia sea más complicada que el vaivén de riffs de discos como “The Atrocity Exhibition: Exhibit A”. Así pues, superada la salida de Hammett y tras breves estancias de dos guitarristas sustitutos en 1983, reclutaron a Rick Hunolt quien junto con Gary Holt, que ya estaba en la banda, formaron el brutal ataque a seis cuerdas tan característico del quinteto durante los siguientes diez años, tiempo en el que grabaron los discos “Bonded By Blood”, “Pleasures Of The Flesh”, “Fabulous Disaster”, “Impact Is Imminent” y “Force of Habit”.

Al principio, la figura cuasi mítica de Exodus fue su cantante, Paul Baloff, un tipo extrovertido que dicen los que lo vieron era la definición encarnada del término “metalero”. Salvaje, rijoso, con una voz rasposa que le permitía cantar a gritos, Baloff escribió buena parte de la letra del clásico “Bonded By Blood” (“Unidos por la sangre”), un tema que refleja lo que sucedía en los mosh pits de principios de los 80: “el metal y la sangre se vuelven uno mismo, los espectadores casuales miran boquiabiertos lo que pasa. Probamos la dulce sangre de unos y otros, compartiéndola sin envidia. Sacudimos la cabeza como si acabáramos de resucitar, metal intenso es todo lo que necesitamos”. Su pasión era tal que para evitar pleitos y problemas, lo corrieron.

Su lugar fue ocupado por Steve Souza, uno al que le dicen Zetro y que entonces era el cantante de una banda llamada Legacy, misma que después cambió su nombre a Testament. Si los músicos de la escena de la Bahía de San Francisco no estaban unidos por la sangre derramada en los conciertos lo estarían por el intercambio de elementos. Con Zetro en la voz grabaron desde el “Pleasures” hasta el “Force”.

Llegaron los inevitables problemas de dinero, malas decisiones y contratos y por ahí de 1993 la banda desapareció. Se juntaron de nuevo del 97 al 98, tronaron y se volvieron a juntar en el 2001, ambas ocasiones con Baloff, sin embargo, un derrame cerebral le quitó la vida en el 2002, por lo que regresó Zetro. Con él grabaron “Tempo Of The Damned”, discazo que recibió las mejores críticas posibles pero que significó también el regreso de las discusiones por dinero entre Zetro y el resto, por lo cual se fue nuevamente de la banda.

Su lugar fue tomado por Rob Dukes, un antiguo roadie de la banda con el cual grabaron tres discos: “Shovel Headed Kill Machine”, “The Atrocity Exhibition: Exhibit A” y “Exhibit B: The Human Condition”.

Luego, en 2014 regresó Zetro, grabaron “Blood In Blood Out” pero para entonces y desde el 2011, Gary Holt ha dividido su tiempo entre Exodus y Slayer, banda en la cual sustituye al fallecido Jeff Hanneman. Y es así como la duda surge en el contexto del Force Fest, concierto en el cual tocarán ambas agrupaciones, el mismo día y en el mismo escenario: ¿será que Holt toque con los dos?

Hay mucho que decir sobre Exodus pero esta columna se fue por la tangente en un intento por homenajear a la banda al burlarse de su interminable desfile de personajes (y eso sin contar a bajistas y bateristas), aunque al final del día, su música y legado son lo realmente importante. Pongamos pues a Exodus a todo volumen, porque lo demás, es lo de menos.