Los mejores Simpson fueron los de la Generación X

TXT: Toño Quintanar

Es más que evidente el hecho de que Los Simpson no han encajado muy bien con los perspectivismos ideológicos de la nueva era.

Esto se debe en gran medida al hecho de que son un producto creado por la Generación X para la Generación X.

Fue en el corazón de la década noventera que esta serie conoció sus momentos más gloriosos; misma situación que es consustancial a esa astucia con la que era capaz de realizar aproximaciones culturales deliciosamente satíricas.

Uno de los momentos más memorables de este fenómeno fue Homerpalooza (1996), episodio en el que, después de sufrir la crisis de la edad adulta, Homero descubre sus dotes como “fenómeno” y se embarca en una gira con The Smashing Punmpkins, Cypress Hill y demás bandas.

¿Qué es lo que más cautiva de este episodio? Simple: la radiografía que ofrece de una época en la que la contracultura alternativa aún se alzaba como un estandarte de individualidad existencial.

Momentos hoy memorables como aquel en el que Homero es expulsado del festival tras ser confundido con un agente de narcóticos, o ese otro en el que explica que, gracias a la “lúgubre” música de los Smashing sus hijos han dejado de soñar “con un futuro que no puede darles” se destacan como hipérboles irónicas de un momento sociocultural que, hasta la fecha, continúa siendo el receptáculo de múltiples mitologías sumamente entrañables.

Al mismo tiempo, el crisol de personajes invitados que desfilan a lo largo del episodio es algo verdaderamente sensacional. Homerpalooza nos regala múltiples momentos musicales de gran relevancia; sin embargo, en mi opinión, destacan dos por su contundencia icónica. El primero es aquel en el que una marejada de adolescentes con aspecto nihilista bailan cual muertos vivientes al son de “Zero”. El segundo es ese otro en el que Cypress Hyll interpreta “Insane in the Brain” junto con la Orquesta Filarmónica de Londres.

Por otra parte, este capítulo nos presenta el que, por mucho, es el momento más memorable de Otto. Me refiero a aquel en el que sostiene una siniestra conversación con sus Converse, mismo gag que es un guiño directo a “1999” de Prince.

Homerpalooza es una comparación sumamente exacta entre dos épocas. A pesar de que el episodio es una cristalización de los ideales contraculturales de los noventa, la aproximación que hace con respecto a los setenta –el amor de Homero por Grand Funk Railroad y los flashbacks a su época en la secundaria son algo verdaderamente exquisito- es igualmente precisa y contundente. Misma situación que ayuda a ensamblar una potente reflexión acerca de la juventud, la adultez y la forma en que ambas pueden coincidir mientras los individuos conserven su instinto de rebeldía.

Imagen de portada: TV Time