En cualquier tipo de juego, siempre encontramos al típico jugador que se enfada cuando pierde, que incluso llega a acusar a los demás jugadores de su fracaso o de hacer trampas. En esos casos, siempre surge la respuesta por parte de cualquier otro jugador: “lo importante no es ganar, lo importante es participar”. En realidad, así debería ser, porque el juego surgió como una manera de entretenerse, si bien es cierto que la emoción reside en lograr el objetivo, y esto muchas veces significa ganar.

Sin embargo, no siempre el mecanismo del juego está orientado a ganar contra otros, a veces el juego simplemente se convierte en una historia interactiva, como quien lee un libro o ve una película pero con capacidad de decisión sobre los acontecimientos que se desarrollan. El juego es además una herramienta de aprendizaje en muchos aspectos. Está muy relacionado con el uso de las matemáticas, sea para contar casillas en un tablero, puntos necesarios para avanzar, objetos que encontrar o tiempos y velocidades punta. El sistema de puntuación es matemático, y muchos juegos de cartas o dados también consisten en realizar sumas y restas, e incluso en los de cartas, es muy frecuente utilizar la estrategia del conteo (también aplicada en el dominó) para saber cuáles son las opciones que aún no han visto la luz.

Por tanto, el objetivo a veces es aprender habilidades y aptitudes, ya sean intelectuales o actitudinales (practicar la toma de decisiones en equipo, por ejemplo). Ganar, en muchos de los casos, pasa a un segundo plano. Juegos como el recién estrenado Snoop Dogg se convierten en una experiencia musical, en la que lo importante es el proceso y no el final. Lo mismo sucede con todos los Nintendo LABO para Switch, en los que los jugadores reconocen que muchas veces han preferido el procedimiento de construir las herramientas en cartón al luego resultante en el que se utilizan estas herramientas.

Un caso más curioso es el de algunos de los poker games más desconocidos: el Seven Card Stud Hi-Lo, que repartirá el bote entre la mejor y la peor mano que existan en la partida. En un caso como este, aquel que en otras circunstancias sería el menos afortunado iguala recompensas con el mismísimo rey de la partida. De hecho, existe otra variante, el Seven Card Stud Low, que sólo premia a la peor mano posible en términos de poker.

Siguiendo, de hecho, con el ejemplo del poker, aquí vemos importante resaltar que una derrota, o incluso varias, no serán motivo de disgusto, porque se trata de un juego en el que hay que tener un enfoque más global. Aquí será el conjunto de todas las partidas lo que lleve hacia el éxito, como decía la Mala Rodriguez hace un par de meses, cuando comentaba cómo hizo el proceso de selección de temas para su nuevo disco: “Sí escuché mucha música, pero pienso que era más como jugar Poker, tienes que jugar muchas manos, y decir paso en repetidas ocasiones para tener un buen juego, pues así el disco“. A veces, el objetivo va más allá de ganar una partida, a veces, el resultado que merece la pena es todo lo que nos enseña jugar, ganemos o perdamos en un momento determinado.

Si nos detenemos a pensar en el juego en general, descubriremos que no todos van de ganar o perder. Los que tienen que ver con construcciones o representaciones de la realidad podrían no finalizar jamás, si lo deseásemos. The Sims, Minecraft, y en términos no virtuales montar un set de Lego o jugar con figuras, no persigue otra cosa que disfrutar en sí de cada pieza encajada o de la historia que inventamos con los objetos y muñecos que tenemos. Jugar con un coche teledirigido, en una cama elástica, manejar un spinner… son actividades lúdicas practicadas por muchos adultos (más de los que lo admiten) y no tienen otra intención que pasar el rato y desintoxicarse de la rutina y el estrés. Sin embargo sí hay juegos totalmente focalizados a la competitividad, y por supuesto que en estos, el objetivo es superar a los demás, como en el mundo del deporte. Aún así, cualquier deportista al que hayan entrevistado recomendará no pensar sólo en la victoria, sino disfrutar de toda la carrera como deportista, sea profesional o amateur.

Sin duda alguna, aquel cuyo único objetivo no es ganar, suele ganar igualmente porque disfrutará de la esencia del juego, sea en equipo, individual en solitario o en partidas uno contra uno (o contra todos). Deleitarse con los detalles será siempre la clave para que el tiempo de juego sea bien aprovechado y que, en el caso de no poder proclamarse ganador, realmente esto no se convierta en una mala noticia.