Este sábado, el músico Patrick Watson se encontrará con su público mexicano en El Plaza. La cita se celebrará a propósito de la salida de su sexto disco de estudio: Wave (2019). Una placa íntima y que le sirvió como proceso para entender algunos episodios terribles en su vida: la muerte de su madre, el suicidio de una amiga, la partida de su baterista y el distanciamiento con su novia.

Todo esto paso en el mismo instante, con la fuerza de una ola, y aunque a cualquiera le hubiese costado trabajo digerir la situación en un todo, Patrick la convirtió en una colección de canciones que gusta de percibir como cartas de amor para sí mismo. Hace unos meses, me encontré con él músico para platicar de este proceso.

TXT: Aldo Mejía

¿El trabajo creativo fue terapéutico para afrontar tus pérdidas?

Creo que hay una mala concepción detrás de este disco. Mis pérdidas pueden ocurrirle a cualquiera, son parte de la vida y ésa es así. La cuestión es cómo asimilas dichas pérdidas. Mi madre estaba muy enferma, así que cuando murió me sentí feliz por ella; no veo nada dramático sino el termino de un capítulo. Esto hizo que resintiera la racha, por supuesto, pero estaba feliz de que ya no sufriera más, y no me afectó de un modo en particular.

Perder a alguien querido es algo que le puede suceder a cualquiera. Creo que tenemos ideas particulares de cómo deberían de ser las cosas y cuando no suceden así no es tan difícil de llevar como la propia idealización. Pasamos demasiado tiempo pensando “oh, nunca creí que llegaría este momento”, en lugar de asimilarlo y procesarlo. Y cuando te liberas es el mejor regalo que te puedes hacer.

A pesar de las adversidades que envuelven el aura de Wave, Patrick Watson lo ve como algo triste, sí, pero no inevitable. Para su fortuna, todo el tiempo está dentro del estudio componiendo y escribiendo.

“En el proceso una amiga se ahorcó a causa de la depresión más extraña de la que haya escuchado. Es tomar algo feo y hacer una pieza a partir de ello, sin compadecerte o hundirte en la tristeza. Es pensar ‘oh, esta mierda es fea, bueno qué más da’. Y poder lidiar con todo. No es una cuestión de ser fuerte, porque no me considero tal, sino que hago lo mejor que puedo con lo que he visto y he vivido. Conozco mis límites y hago lo que puedo.”

Patrick Watson me explica que estas canciones se tratan de la ola como tal, sino del momento siguiente en que te arrastró y no puedes nadar contra ella o de lo contrario puedes ahogarte. Tienes que dejarte ir por un momento dentro de la ola, cuando termine podrás ver dónde estás y comenzar a nadar. De ese instante es del que hablan estas canciones.

Me gustaría interpretar que tú empezaste a nadar cuando comenzaste a escribir las letras, ¿no?

Nunca he sido el tipo de compositor que se sienta y escribe en una sola sesión, soy terrible para eso. ¡Escribir una letra puede levarme meses! Si vieras mi departamento pensarías que he perdido la cabeza: tengo líneas por aquí y por allá. Pero esta vez me obligué a ser más conciso y es uno de los aspectos que más me gusta de este disco: no hay partes flojas.

Patrick Watson en El Plaza

¿Y cómo te fue con la concepción de los sonidos y melodías que enmarcan las letras?

Lo que solía hacer era crear sonidos semejantes a un paisaje o una vista panorámica en la que luego colocaba mi voz al momento de la mezcla. Aquí traté de acercarme a un sonido hip hop, en el que la voz está en el primer plano y casi puedes sentir cómo te golpea en la cara. Todo aspecto musical fue diferente.

Aquí hubo varios elementos electrónicos con lo que eliminas de la ecuación el sonido de un cuarto en el que se graba el instrumento. Teníamos que contar una historia de la mejor forma que podíamos.

Frente a mí está un artista con una risa abierta, escandalosa; alguien que prende un cigarro tras otro y con desparpajo confiesa que no le gusta este disco, es más, lo odia. Gusta de sus canciones mientras las está mezclando, pero en cuanto las imprime no vuelve a ponerlas más porque le parecen terribles y hasta le dan ganas de cambiar de trabajo.

“No sé, es como si vieras una foto de diez años atrás y no sabes en qué estabas pensando cuando te cortaste así el cabello. Si entro en una cafetería y están tocando una de mis canciones me salgo definitivamente”, bromea y ríe mientras se pasa la mano por el cabello desordenado.

Apenas pasa la broma, exhala el humo de sus pulmones y me cuenta:

En cada uno de los discos me desgarro un poco de piel. En éste en particular me desgarré toda la piel, me hice toda clase de rasguños y eso se tradujo en las letras, en la forma en que las canto y en todo el sistema creativo que tenía. Cuando eres joven sólo piensas en hacer ruido y cuanto más ruido mejor, pero conforme avanzas te encuentras a ti mismo y el sonido tiende a tener un trasfondo. De cualquier manera en que me hubiera ocurrido habría estado bien porque así le sucede a cualquier músico.

Pero toda la estructura de mi vida colapsó y entonces tuve que recoger algunos pedazos. Incluso siento que en ese momento perdí mi voz, literalmente. Hubo conciertos en los que no llegaba a los tonos o perdía las notas. Así que me hice varias preguntas acerca del ser cantante, y me di cuenta de que tan importante es la intención como la interpretación. Y eso me puso en un camino muy diferente en cuanto a las letras porque las palabras que estaba buscando cambiaron también.

Creo que todo eso da como resultado un disco en el que las letras son muy distintas a mis composiciones anteriores. No es triste o feliz, es lo que es. Es muy crudo y hay muchas cosas divertidas en ello.

El instante después de la ola: entrevista con Patrick Watson

Patrick Watson es consciente de que escribir una canción triste es bastante simple, y si alguien pasa por un momento difícil no quiere hacerle sentir peor. Sabe que cada uno tiene un proceso diferente y si alguna responsabilidad siente es la de hacerte pensar; ofrecerte una aliciente para un momento duro, si acaso.

“En algunas de estas canciones quedaron retratadas ideas que me rondaban hace tiempo. Por ejemplo, en Turn Out The Lights hablo de la fantástica relación que llevó con mi novia en la que decidimos ser ridículamente honestos el uno con el otro, desde las cuestiones más importantes hasta los detalles más pequeños. Porque a veces es más difícil mostrarte en tu fealdad que aparentar cierta sensualidad cuando estás a solas debajo de las cobijas”, me dice con tranquilidad en el rostro.

Para cerrar nuestra charla, me dice que todo el tiempo está en el estudio trayendo nuevas ideas. Su relación con una escritora ya empieza a tener cierta influencia en su proceso creativo pues ha estado leyendo como loco el último año. Además de que tiene en la vista a un productor para trabajar con él.

No deja de sorprenderle que su música haya trascendido a nuestro país y que el público mexicano haga suyas las canciones que escribió. “Me siento muy privilegiado y estoy muy emocionado”, concluye.