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‘Sandra y Julia (o lo que queda de ti)’: “La muerte no es el final, a veces es el inicio de un cierre”

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‘Sandra y Julia (o lo que queda de ti)’: “La muerte no es el final, a veces es el inicio de un cierre”

El escenario es frío, la muerte te susurra algo al oído, algo que prefieres no escuchar, y en ese proceso recibes una carta de aquella persona que no podrás volver a ver. ¿Consuelo o tortura? Así inicia la premisa de Sandra y Julia (o lo que queda de ti), una obra de Karla Gordillo que hoy habita el Foro Shakespeare, manteniéndote en un viaje tiempo-espacio entre líneas que nunca se dijeron pero se vivieron… ¿o viven?

Después de un estreno exitoso, charlamos con Melody Murguía, quien encarna a Sandra en esta puesta en escena que deja a toda una sala en un limbo emocional. Nos sentamos a descifrar el silencio: el previo a salir a escena, el reto físico de actuar detrás de una máscara inerte y el peso de un recuerdo que parece mutar con el paso del tiempo.

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Acá la muerte no es un final, sino el detonante que abre todo en silencio. ¿Cuando leíste el guión por primera vez, cuál fue tu primera impresión?

Eso sucedió en enero, y al verlo ya sabía que sería un reto, una propuesta interesante. No solo porque entre los personajes no existía un diálogo como tal, sino que había que interpretar todas las acciones narradas en tu mente, imaginando cómo sería lograr la sinergia entre todos y esperar la interpretación del espectador. Después de esa primera lectura, sabía que tendría que armarme de determinación para lograr interpretarlo, porque a lo largo de la puesta en escena, se tocan esos patrones que como generación solemos olvidar, obviar o evitar.

Desde tu punto de vista, cuando Sandra sostiene la carta por primera vez, ¿qué emoción se desencadena en ella, nostalgia, intriga…?

Ahí es donde está la premisa, ¿sabes? Observar y sentir cómo esa conexión tan fuerte que tienes con alguien, como una abuela en este caso, va más allá y que a través del papel me puede contar lo que significó su vida: sus amores, sus vivencias y todo aquello que no llegó a contar. El cómo recibirlo… nadie nos prepara para ello. Podrían ser muchas cosas, pero creo que hay cierta alegría e intriga. Al final, es su forma de decirle, estoy contigo, a pesar de no estar en el mismo plano físico, estoy aquí para apoyarte, somos más que el recuerdo.

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FOTO: José Luis Anaya

Esta obra viaja en el tiempo, sucede en varios planos, ¿en qué momento dirías que Sandra y Julia están más conectadas?

Tanto en mi caso como en el de Carla Gordillo, nuestra directora, tuvimos una conexión muy fuerte con nuestras abuelas, lo que me hizo sentir al final que pude haber hecho muchas cosas diferentes: preguntar más, haber actuado distinto. Con ello en perspectiva, diría que su momento más unido es cuando Sandra es joven, es una niña, y pasa tiempo de calidad con su abuela, antes de que toda esta desconectividad digital que hoy nos consume llegara a sus vidas. Pero en realidad, nuestra premisa es entender que la muerte no es el final, a veces es el inicio de un cierre.

No solo no hay diálogos en la obra, tampoco hay rostros reales, son máscaras en el escenario. ¿Cómo asimilaste que tu cuerpo sería tu único vehículo para gritar todo lo que tu rostro no podría?

Fue todo un proceso. Empezando con que al iniciar solo éramos cuatro actores en escena, y conforme hacíamos los ejercicios y prácticas, la directora nos decía que las acciones fueran más grandes, nos invitaba a no limitarnos físicamente a una acción por más pequeña que fuese. Investigamos mucho el cómo se debían ver, mover y sentir los personajes que interpretábamos, y cómo reacciona nuestro cuerpo al tiempo. Ya en junio iniciamos el trabajo de las máscaras y unas semanas después, a la par, empezamos con el montaje, y con ello la magia de la obra, porque nos dimos cuenta de que en escena éramos uno con la máscara, como si nos estuviera moviendo alguien más.

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FOTO: José Luis Anaya

¿Cómo fue la preparación emocional para traer a la realidad escenas de violencia, abuso y miedo?

Ese crédito se lo llevaría nuestra directora, porque ella eligió a este elenco. Todos nosotros somos bailarines y actores al mismo tiempo, entonces ya contábamos con cierto control corporal avanzado que nos permitió llevar nuestros personajes a lugares muy altos. Fue un proceso de prueba y error, viendo qué transmitía mejor lo que pasaba en el momento, junto a la música y la interacción con los demás en escena. Siempre hubo una confianza y una conectividad que hicieron posible el acto que hoy es.

Y llevando toda esta catarsis emocional entre el recuerdo y el presente, ¿hubo algo en esta obra que a ti te fuera difícil digerir o actuar?

Más que como actriz, como persona, como ser humano, esta obra me ha hecho reconectar, sin duda alguna, con lo que alguna vez tuve con mi abuela. El día del estreno se cumplió el aniversario de su fallecimiento después de tres años. Se volvió más que un recuerdo, fue más un logro compartido. Varias escenas que vivían Sandra y Julia eran nuestras igual. El poder presentar este proyecto final al público es el mejor momento; escuchar a la gente en los pasillos decir que lloraron durante toda la obra me hizo sentir que ese mensaje sí había llegado a ellos.

Para cerrar, en tu posición, ¿dejarías una carta para contar eso que no dijiste o prefieres dejaresos silencios en el ahora?

De hecho, esta fue una conversación que tuvimos dentro del elenco, discutíamos qué duele más: lo que callamos o lo que decimos. Yo creo que duele más lo que callamos. Si no está escrito en un papel o si no está hecho, se queda nada más con uno y existe únicamente dentro del mundo de uno. ¿Qué será: un libro, cartas…? No lo sé, pero sé que sí me gustaría dejar algo que diga: compartí mi historia.

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FOTO: José Luis Anaya

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Stephania Santoyo

Stephania Santoyo

Un INFJ intentando sobrevivir con un poco de cafeína, música e intentos de poesía.

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