Liberados. Así se sienten Maya Piña y Tulio Almaraz al ver por fin publicado Calma (2019), el primer álbum de estudio de Budaya. Pero saben que la sensación debe ser apenas momentánea pues tienen que pensar en el paso siguiente. Promocionar el disco y emprender una gira en forma está en la vista como el próximo paso en la trayectoria.

Días después del pequeño show que dieron para presentar su LP, me reuní con los jóvenes músicos para platicar del largo proceso por el que pasaron. En el camino, también, aprendieron algunas cosas de sí mismos y de la generación de talentosos a los que pueden llamar amigos y que suman a lo que es Budaya.

Txt: Aldo Mejía

El primero de los adelantos de Calma salió hace tres años, ¿qué tanto pasó en el proceso?

Maya: Si te somos sinceros, luego de Motionless (2014) pasamos por un break en el que existía la posibilidad de que no siguiéramos con Budaya. Cuando decidimos continuar, empezamos a desarrollar la idea de una canción, y en ese inter nos invitaron al Festival Marvin y luego siguieron otras invitaciones y lo tomamos como una señal para seguir.

Fue entonces que nos mudamos a la ciudad e Ian Corona, de Dapuntobeat, nos adoptó. Él pidió ser nuestro productor y desde entonces han sucedido muchas cosas; hemos aprendido más, tanto de nuestros mentores como de la industria musical. Con cada sencillo que sacamos tuvimos que cambiar la estrategia de promoción y los planes.

Luego de tomar la decisión de seguir con Budaya, ¿cómo fue crearle una identidad sonora, no sólo al disco, sino al grupo?

Tulio: Honestamente, no hemos llevado una línea, creo que ha sido más como lo que nos nace en el momento. La de Calma, fue una producción de más de dos años y salieron muchas influencias, escuchamos nuevas cosas, sentimos más y quisimos hablar de cosas diferentes. Nos costó mucho trabajo sentarnos en un solo sonido.

Si escuchamos algo que nos gusta, lo probamos en el momento. Si llega Maya con una propuesta de voz, también yo me imagino algo diferente a lo que suelo escuchar. Nos gusta salirnos de nuestra zona de confort en el sonido y queremos que la gente perciba eso, que no pueden esperar un sonido definido de parte de Budaya.

Cuando les pregunto cómo reconocen que un experimento funcionó, entre risas me contestan que no siempre sucede. Me platican que de Prisa presentaron una versión en el Festival Marvin 2016 y luego “mataron” la canción para comenzarla desde cero hasta que les hizo click y surgió la versión que quedó en el disco.

Tulio: Creo que cuando nos hace más sentido y hace click un sonido, es cuando somos más honestos. Prisa traía un estilo de electrónica que se estaba haciendo mucho en ese tiempo. Estábamos imitando una tendencia, y por eso no nos convencía. Sentir que realmente es tuyo, y el hecho de que funciona es una decisión emocional que técnica.

¿Fue difícil permitir que alguien más entrara sus ideas en Budaya cuando estaban concibiendo una identidad?

Tulio: Al principio fue complicado porque sientes que las canciones son tus bebés, y que te digan que están feos, no se siente bien, la neta. Pero uno va aprendiendo a discernir y a recibir feedback si viene de una persona que sabes más que tú. Pero este es nuestro proyecto y nosotros sabemos hacia dónde lo queremos dirigir, y poco a poco podemos decir hasta dónde ya no porque dejaría de ser Budaya.

Maya: Claro que Ian fue una pieza clave en todo el disco. Él nos dijo ‘esto está bien, pero puede estar mejor con un juego de voces’, por ejemplo. Eso nos abrió la visión. Nosotros tenemos la batuta, pero queremos aprender más, trabajar con otros productores. Cuando comenzamos el proceso estábamos medio inmaduritos, y se nota el cambio.

A pesar de que se recargan mucho en el sonido, no descuidan las letras. ¿Cómo las conciben?

Maya: Desde un principio quisimos que nuestras letras fueran abiertas para no centralizarlo todo en el amor, en ‘me dejaste’, en ‘no sé vivir sin ti’, ¿sabes? Nos gusta que se abra la temática y que cada persona la pueda adoptar, abrazar o entender como prefiera.

Nos basamos en nuestras experiencias con la naturaleza; me gustaría pensar que algunas canciones te pueden trasladar a la sierra, como Calma, que fue escrita mientras veíamos time lapses. Origen está inspirada en sueños y episodios personales. Pero la gente las hace suyas y esa es la función de no hacerlo tan personal.

Al mismo tiempo que intentaban encontrar una identidad para Budaya tenían que presentarse en vivo pues la industria no permite los encerrones creativos. “No podíamos darnos el lujo de no tocar”, me explica Maya. “Tocábamos para pagar la producción de una canción porque, cuando Tulio y yo nos vimos a la cara y decidimos seguir adelante, teníamos que hacer rentable esto, para nosotros y para quienes quieran trabajar con nosotros.”

Foto de Verónica Ramos.

Luego de verlos en la presentación oficial de Calma, puedo distinguir la distancia que toman las canciones del álbum. En vivo ponen otros acentos, cambian el ritmo y modifican partes enriqueciendo su propia creación. “Ayuda que no estés conforme con la versión final de una canción. En algún momento tienes que parar de meterle a una canción, entonces pienso ‘ojalá le hubiese podido agregar más’. Por eso en vivo les metemos intros o versiones diferentes, para no volver tedioso cada show”, explica Tulio al respecto.

Maya, quien lleva la mayoría de las voces, sabe que en estudio está todo más controlado y si hace seis capas de su voz en canción es para darle armonía. Por el contrario, durante un concierto no se va a guardar nada y va a proyectarse para transmitir cierto sentimiento. “Influye también la energía que recibimos del publico porque es exhausto estar frente a una multitud que no te genera. Pero igual lo vamos a intentar porque nos gusta que te lleves otra experiencia.”

Budaya pertenece a una generación de artistas venidos del bajío: diseñadores, ilustradores, bailarines, directores y músicos. Además, hay una estrecha relación de trabajo entre ellos y están emergiendo como una comunidad. “Es muy bonito lo que dices porque es real. Para empezar, nos une la amistad y el arte. La gente que se nos ha sumado a sido por genuino gusto, porque la admiración es muta”, me dice Maya.

El video de su sencillo gotas de Vinagre surgió de esa amistad, de un intercambio de talentos, como ellos lo llaman. Lo mismo sucedió con el diseño de su disco, del cual estuvo a cargo Violeta Hernández. “Budaya está muy inspirado por temas orientales y ella también; nosotros sólo le pedimos que fueran un par de elefantes”, recuerdan. “Violeta se adaptó a nuestra idea y nos funcionó para carteles y para cada sencillo. El color rosa es porque vibra chido y nos trae paz.”

¿Cómo se han sentido en una industria que muta de forma constante?

Maya: La verdad es que todo esto ha sido pura chiripa. Lanzar los sencillos no fue planeado, no dijimos ‘publiquémoslos ahora porque vana funcionar’, lo hicimos porque pudimos pagarlos uno por uno. Y fuimos descubriendo todo esto. Ian es de la vieja escuela, de hacer un disco entero y hasta entonces hacer planes. Ya queríamos soltarlo para dar el siguiente paso.

¿Cuál sería ese paso?

Maya: Queremos tocar mucho estas canciones, que la gente las cante todas. Queremos sumar al proyecto a nuestro amigo Rodrigo De Leo, y poder jugar con el show, él es saxofonista, percusionista y hace beatbox. Para lo nuevo podríamos hacer algo con el sax. Pero lo primero es promocionar bien el disco, ver a dónde nos lleva todo el 2019 y el próximo año. Afortunadamente, como no se espera un sonido específico de Budaya, podemos seguir nutriéndonos y ver qué sale.

Este no tener definiciones abre muchas puertas, ¿a qué ritmo le tienen puesto el ojo?

Tulio: A mí me gustan las combinaciones de instrumentos étnicos, sin importar la procedencia: Latinoamérica o Medio Oriente, y adaptarlos con sonidos vanguardistas y urbanos.

Maya: Siempre he querido hacer trip hop, pero quizá no dedicarle un EP, sino tener los elementos más oscuros, dramáticos y sensuales. Porque estaría chido poner a la gente a bailar, pero creo que queda en evidencia lo sentimentales que somos. En nuestros shows no siempre bailan, a veces sólo se mueven y sienten la música, que está cool.

Para cerrar nuestra plática les pido que me digan en qué aspectos se descubren mejores músicos que cuando empezó este proceso. Luego de pensarlo un momento, Tulio consiente que ahora son mejores instrumentistas y vocalistas. Sin embargo él, ha mejorado en su ego puesto que aprendió a tomar distancia de su obra, revisarla y ver en dónde puede ser mejor. Maya aprendió a cuidar su instrumento principal: su voz. Acepta que por la forma en que estaba cantando se lastimaba; ahora puede llegar a timbres y texturas que antes no.

Al terminar y off the record, platicamos un poco más de la industria, de lo cambiante que es para todos: artistas: mánagers, labels y hasta periodistas. Más que preocuparnos, nos emociona porque el reto es ofrecer al público productos de calidad, pensando en no subestimarlos en ningún momento.

En su tienda en kichink puedes comprar Calma.

“Calma”, arte de Verónica Hernández.

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