#EnMisTiempos

Free at last, they took your life

They could not take your pride…

U2

Por Arturo J. Flores

 

Este sábado se celebra el Pride. El día que la comunidad LGBTIII recuerda los disturbios ocurridos en 1969 (o sea que en 2019 se celebran 50 años del inicio del movimiento) en el pub Stonewall Inn, de Greenwich Village. Lo que comenzó con una triste redada de rutina, en la que la policía, como era su costumbre, acosaría a homosexuales, lesbianas, Drag Queens, transexuales y todo aquel ser humano que profesara una orientación sexual distinta a la hetero, se convirtió en una auténtica batalla campal por la libertad de expresión.

Un año después de esos hechos violentos, se llevó a cabo una marcha que se considera el inicio del Desfile del Orgullo.

Uno que se replica además en muchas parte del mundo.

Pero que, en mayor o menor medida, dependiendo de los territorios, continúa siendo objetivo de críticas, discursos, comentarios y chistes ofensivos, homofóbicos y discriminatorios.

Lo peor es que cuando uno transporta esa realidad al mundo de la música parece aún más absurdo. Porque para mala suerte de los homofóbicos, la influencia de la comunidad LGBTTTI en la música que incluso ellos escuchan, resulta indiscutible.

Como algunos saben, funjo como administrador del grupo Periodismo Rock 2.0 en Facebook. Hace tiempo estoy gestionando la posibilidad de cambiar el nombre a Periodismo Musical, pero esa es otra historia. De cualquier modo, siempre hablamos de música en general. Cada semana hacemos una dinámica para cambiar la fotografía de portada. Todos pueden proponer a un personaje, de acuerdo con una temática preestablecida.

Por ejemplo, la mejor portada de un disco en la que aparezca un niño, a propósito del Día del Niño, o la mejor fotografía tomada en un Corona Capital o un Ceremonia, cuando la edición más reciente de esos festivales se acerca. La imagen ganadora, se queda publicada como identidad cuando menos una semana.

Propuse entonces que para el Pride, pusiéramos a un musicx que profesara una inclinación musical distinta a la hetero y las sugerencias llovieron.  Desde Rob Halford, cantante de Judas Priest (quien por cierto terminó como triunfador), hasta Juan Gabriel. Eso sí, pasamos por Klaus Nomi (un icono del gótico, que fue además corista de David Bowie, uno que siempre ha representado la libertad sexual por antonomasia y que a los machitos les fascina), St Vincent, Brian Molko (Placebo), Freedie Mercury, la Bruja de Texcoco, Patti Smith, Pete Burns (de Dead or Alive), Joy (de Jesse & Joy), La Prohibida y Courtney Barnett.

en mis tiempos LGBTIII

Leather, estoperoles y látex.

Lo que al final quedó claro es que la influencia de los iconos del arcoíris han desplegado en los distintos universos musicales ha sido tan profunda, que seguro ha permeado los gustos de los homofóbicos más recalcitrantes, vomitivos y medievales que podamos imaginar.

Sólo hay tomar en cuenta que Halford, considerado el Dios del Metal y quien puso de moda la vestimenta de cuero en la música heavy, inspirado por el submundo BDSM, es gay. Para pesar de quienes se enorgullecen de la masculinidad de acero de su música, que como vemos en el fondo es un metal bastante dúctil.

Igual pasa con Freddie Mercury o Elton John. Ambos cuentan con bio pics que arrastraron auténticas multitudes al cine. Seguro entre ellos había uno que otro personaje nefasto de esos que dicen “yo no tengo nada contra los gays, siempre y cuando no se metan conmigo”, “Eso es antinatural” o “Dios me curó de la homosexualidad” (¿Me estás oyendo, Mauricio Clark?).

No hay lastre más pesado, inútil y tóxico que aquel que le brinda la ilusión a alguien, para opinar sobre algo tan ajeno y personal como es la sexualidad de los otres.

Sobre todo cuando la música que tanto les gusta –y que representa su homus machus– en realidad está pintada con los colores del arcoíris.

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