Al otro día de revelarse el cartel de Ceremonia, el titular fue el mismo en varios medios musicales: “Thom Yorke viene a México”. Semanas antes lo fue “Tame Impala regresa a México” y meses atrás, “a Rey Pila lo eligió personalmente Robert Smith para abrir su concierto”.

TXT: Arturo J. Flores

Por curiosidad busqué algún equivalente de estos titulares en inglés. Encontré algunos, entre ellos el de Pitchfork y el del Milwaukee Sentinel: “Tame Impala and Perfume Genius announce Tour” y “Tame Impala announce North American Tour”.

Lo más curioso es que la publicidad de la gira se refiere a Perfume Genius como “Special Guest” y no como grupo abridor o telonero.

Todas las frases anteriores parecen decir lo mismo. Pero existe una sutil diferencia entre “viene Tame Impala a Mexico” y “Tame Impala anuncia fechas en Norte América”.

Una disimilitud que se vuelve notable si consultamos el encabezado que el portal de una estación de radio colocó en la entrevista que hizo al vocalista de Radiohead: “ANIMA’ DE THOM YORKE: ¿ESTÁBAMOS PREPARADXS PARA ALGO ASÍ?”. Las mayúsculas son de origen.

#EnMisTiempos: México is the shit… no lo traten como la shit

Ahora que el 30 aniversario de Café Tacvba aún está caliente, conviene recordar que hace siete años, una revista los calificó como “los Radiohead mexicanos” y a propósito del lanzamiento de Re, un periódico neoyorquino dijo que el disco era equivalente al White Album de los Beatles.

Culturalmente, y la música no es la excepción, nos medimos en comparación con los otros: los de fuera.

Consideramos una distinción que un artista extranjero haga una parada en México. Olvidamos que se trata de un negocio, que en el más estricto sentido se trata de un trabajador contratado al que se le remunera por realizar un show. Sea Billie Eilish, los BTS o Ghost. Por eso decimos que “nos visitan”, como si fuera gusto de los artistas elegir los derroteros de una gira y no una compleja negociación entre promotoras y oficinas de representación. Sólo la Virgen –suponiendo que sea verdad la leyenda– escogió donde aparecerse.

Billie Eilish en el Palacio de los Deportes

Leemos en la elección de un grupo nacional como abridor de uno británico, una especie de condecoración, una unción divina. Como si el escalón más alto en la fauna musical fuera ser un cachorro al que el extranjero, el que nació en Londres, Oslo o Nueva York, le acaricia con diligencia la cabeza.

Siempre me ha llamado la atención la gente que dice que sólo escucha “música en inglés” o que “no le gusta la música en español”. Desde un punto de vista estricto, el idioma sólo es un sonido más dentro de la composición y si les desagrada entonces que el significado de las palabras que se cantan (¿en qué limbo queda la música instrumental tocada por artistas hispano o angloparlantes? ¿les gusta o no?) corresponda a su lengua madre, podemos inferir cierto rechazo a sí mismos. Tal vez porque les recuerda que no son extranjeros sino locales.

Me parece tan irracional como asegurar que no te gusta la música tocada con guitarras marca Fender.

Tame Impala en Foro Sol

En el malinchismo existe un sentimiento de inferioridad, de reconocer que nunca llegaremos a la estatura, al nivel del otro, sencillamente por la geografía de donde provenimos. Como si hubiéramos nacido incapacitados para hacer música o si la que compusiéramos no mereciera ser escuchada.

En la decisión de eliminar sin justificación a las bandas mexicanas de un festival como el Knotfest meets Forcefest (o de obligarlas a presentarse antes de dejar entrar al público) se manifiesta la actitud servil del conquistado que se ve obligado a servir de alfombra al conquistador.

Pero sobre todo, el complejo se percibe en el uso del lenguaje.

El día que las bandas dejen de “visitarnos” y mejor “vengan a tocar” quizá las cosas cambien.