#EnMisTiempos

Por Arturo J. Flores

Maldita la hora en que se apareció en tu vida. Aunque benditas sean las canciones que se escriben en honor a la pena. Porque tu Crush con su fuerza destructora, igual que los huracanes arrasa con tu tranquilidad, tu entereza, tu sentido común y tu amor propio. Pero con esa misma intensidad, te inyecta una dosis descomunal de inspiración.

Un día después de proyectarse el episodio de la serie de Luis Miguel en el que rompe con Mariana Yazbek, las reproducciones de Culpable o no se fueron hasta las nubes. ¿Habría cambiado el cantante los millones de billetes que esa canción le dejó, con tal de haber sido feliz con su Crush por siempre jamás?

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Me rehúso a creerlo. Porque lo cierto es que como las de tibia y peroné, las fracturas del corazón tarde o temprano dejan de lastimar. O sólo te duele cuando hace frío.

De Marianas y Marianos está llena la música que escuchamos. Los Crushes, como los asesinos en serie, aguardan ocultos detrás de una esquina para saltarte encima. Y clavarte los colmillos de vampiro en la yugular. Pero sólo del sufrimiento puede uno exprimir las mejores gotas de creatividad. Díganselo a Eric Clapton, quien de su Crush con Pattie Boyd, esposa de su amigo George Harrison, compuso uno de los éxitos que lo definen: Layla.

Consecuencias de desear a la mujer de tu prójimo.

Pero la modernidad nos enseña que los Crushes continúan siendo el pan de todos los días. My Dear Melancholy será recordado como una de las obras maestras de The Weeknd. Un EP en el que habló abiertamente de los sinsabores que le dejaron dos de sus más intensas relaciones. La de Bella Hadid y Selena Gomez. A esta última le recrimina que estuvo a punto de regalarle un riñón: “Casi me corto un pedazo del cuerpo para salvarte la vida”.

Nunca he llegado a ese extremo. Pero envueltos en la vana esperanza de que un Crush deje de serlo, también he cometido la estupidez de tirarme al abismo igual como un Niño Héroe. Porque cuando suena tu celular, y es Crush quien desde el otro lado te lo suplica (sugiere, ordena, impone), eres capaz de tirarte por a borda del barco sin salvavidas.

Una vez dejé plantada en medio de un concierto de los Yeah Yeah Yeahs por culpa de un Crush. Una que acudió a mí en estado de emergencia y que un par de años más tarde, desapareció. Me quedaron las líneas que le escribí. Incluida esta columna.

¿A poco nunca te has dejado destripar en vida como Prometeo, sólo a cambio de que tu Crush te roce la mejilla con el dorso de la mano?

Pero la maldición del Crush no conoce límites. Tiene naturaleza de boomerang. Porque con la furia con la que maldecimos al cielo la indiferencia y crueldad que nos trata un Crush, ahora mismo podrías estar pisoteando el amor que alguien más te profesa. Lo siento, pero tú también eres Crush.

Te han dedicado canciones.

Seguro le cortas la respiración y obligas a sudar helado a una persona cuando te mira en la calle y no se atreve a saludarte.

Examina con la dedicación de un detective de CSI cada una de las publicaciones que haces en Instagram. Intenta descifrar con quién andas, en que lugar, haciendo qué rayos.

Y no importa que no nunca sido tu intención sumergirlo en el Pantano de la Tristeza, Michael Ende dixit, ese ser maldecirá hasta el último minuto que te aparecieras en su vida.

Crush. Crush. Crush.

Que te vayas al diablo y que venga Jesús.

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