Es la vibración en su pecho lo que le desconcierta, una vibra que en automático la pone en alerta; como alternándose entre la locura y la mesura, ella se contonea porque lo último que quiere es recordarte.

TEXTO Y FOTO POR PABLO PULIDO

Podrías enterarte de sus nuevos secretos, pero a ti sólo te interesa mirar hacia el frente y suspiras… Ella llora cuando sorbe por cada beso tuyo, no hay trampa en la que no quiera caer, a ver sí así se siente menos.

Pisas la nostalgia sin ningún arrepentimiento, o eso quieres creer. Tu caminar y en tu mente tantas cosas pasando, contemplando viejas memorias de una película que te aburrió muy pronto. Y ella vuelve a sorber.

Y se sabe el peligro que te involucra. Siente, siente, siente. Que cuando ella se desploma es sólo para seguir cerca de tu ambición, aunque la apuesta ya no es de tu interés. Estás bañado en otro sudor.

La antesala de esta destrucción fue insospechada, muy dentro de ti el motivo siempre será otro. Sólo quieres que te escuchen, pero no estás dispuesto a decir la verdad… ¿Es ésta una búsqueda de revalidación?

El sentimiento está por desbordarse y ella no pone las manos. Es auto-protección pero tú ya no quieres saber más de eso, poco a poco lo has perdido todo. Es el caos al que has aprendido a amar, el mismo que sentiste cuando él dejó de llegar a casa.

Quisieras extrañar pero no hay nadie quien valga la pena para tus latidos. Y entonces caes dormido ante un sueño negro; todo está inmóvil y eso se siente tan bien. Has llegado a pensar que es mejor que no exista alguien más.

Sorbe, sorbe, sorbe, hasta que los nervios exploten. Anhelas que todo esto desaparezca al amanecer, esperanzada que él recoja las pocas piezas que quedan. Es un largo camino que recorrer y lo haces con el puño cerrado.

La ciudad nunca se había visto tan luminosa. Los destellos acarician tu rostro y cierras los ojos. Caminas porque no hay otra cosa qué hacer. Aquí no hay más omisiones. Tu andar se extiende por las avenidas principales y viene a ti el maldito recuerdo, pero no dejas de pisar.

El bar, el primer abrazo, la vez que te diste cuenta que esto ya no era un juego, cuando te elevaste, ese restaurante, la florería.

Has sido mala, cariño, pero sabes que no puedes quedarte más aquí. Escapa antes de que él aparezca, orbitando en los rincones que no se te ocurriría. ¿Podrás descubrir a tiempo y mantenerlo todo unido hasta el momento correcto?

Mientras tanto, él sigue corriendo, sigue huyendo de sí mismo, ¿y sabes qué? Eso también está bien.

Tú querías devoción, necesitabas protección, un andar paralelo. Fabricaste anhelos que nunca se maximizaron. Confiesas que nunca pudiste ser mejor persona. Puedes soportarlo porque puedes destruirlo. Te elevas.

El fuego latente. El maldito recuerdo.