Quedó dividida simétricamente, geométricamente, por una línea vertical ascendente, símbolo de la victoria de la razón sobre el espíritu. Una sucesión de puntos trazando el destino. Habrá quien, alegre, encuentre en estas interpretaciones el signo de optimismo que necesitaba para estos turbios tiempos. Pero los significados solo son el camino de los hechos, los cuales permanecen ocultos bajo el manto de las intenciones que esperan el momento de asaltar al puente del simbolismo y tomar el mando de lo concreto.

Dividida la ciudad, como la Atenas de la obra de Nicole Laraux. En este libro la polis clásica debe recurrir al olvido, el valor menos en alza en el mercado de las ideologías del #2021, para recuperar su unidad. La ciudad partida en espejo y reflejo, sin que quede claro quién es el que hace de origen y quién de proyección.

Entre medias de las dos partes un rio imaginario de caudal representativo repartiendo circunstancias en dos orillas. Bilbao, San Agustín de Laredo y ahora CDMX por el caprichoso resultado electoral. Una rivera de baja conectividad y recursos, la otra ahogada por las tarjetas de crédito, partición fruto de la misma semilla, la división discursiva. No está en boga la unidad porque para alcanzarla debemos ejercer otra acción en desuso, la humildad.

En la urbe, ahora partida en dos, durante la campaña electoral, y después de ésta, la divergencia programática más resaltada entre candidatos era qué mafia de ambulantes apoya a cada uno, nada de, por ejemplo, cuál postura trae cada equipo ante Airbnb. Los diputados locales de Morena tan solo declararon off the record a algùn medio su disposiciòn a llevar adelante una ley para prohibir en condominios las apps de hospedaje. Nada en lo concreto.

Sobre este asunto y otros en relación con la Ciudad de México, el fondo de inversión Black Rock, lo tiene claro cómo ha dejado patente durante la pandemia llenando los quioscos y las paradas de camión, en zonas de la alcaldía Cuauhtémoc, quinta economía del país, de anuncios con un simple eslogan: “Inversionista es el que sí piensa en el mañana”.

Esta frase publicitaria, viniendo de Black Rock, se podría entender como marketing orientado a promover una de sus principales líneas de inversión, los planes de jubilación. Igualmente debido a los meses en los que se estuvo anunciado, desde el principio de la pandemia hasta al menos el pasado mes de marzo, alguno pensaría en una de las muchas compañías de las cuales es el mayor inversionista, Pfizer. Pero no tiene mucho sentido el inversionista de la cara por la empresa que financia.

Black Rock es conocido como “fondo buitre”, principalmente por comprar deuda de países en quiebra. Este sentido oportunista se extiende al mercado inmobiliario que por razones obvias la pandemia dejó en una situación precaria. Muchos propietarios vendiendo casas, depas y edificios por la necesidad de cash. Un rápido vistazo a las nuevas construcciones de la Condesa y Roma y al uso que se les va a dar indica que el objetivo primero de los constructores es sumarse a la oferta de Airbnb. Los nuevos inmuebles son en muchos casos edificados con departamentos mínimos para recibir a más turistas. Del turismo cultural y de cierto estatus pronto pasaremos al de los spring breakers.

Black Rock tiene fácil acaparar con su inmenso musculo financiero, gestiona 6,3 billones de dólares, así que qué mejor que una cool presentación en sociedad con sus lustrosos posters, hay de sobra  para eso.

Esta reflexión quizás no sea más que otro ataque de paranoia, como el nuevo EP de Daniel Davies, habitual colaborador de John Carpenter, titulado Spies, en el que Davies saca sus demonios obsesionado por el espionaje tecnológico y crea una obra de oscuro ambient entre sinfónico y cinematográfico.

Volviendo al asunto Black Rock, nada es de extrañar cuando se trata de este fondo.

Recientemente el argentino Jorge Rachid, uno de los médicos del Comité de Expertos que asesora al gobernador de Buenos Aires, denunció que Pfizer solicitó a Argentina como garantía de la venta de vacunas contra el coronavirus una “nueva ley con bienes inembargables que incluía glaciares”. “Cuando digo los glaciares no es casual, porque hace dos semanas el agua dulce comenzó a cotizar en Wall Street. No nos olvidemos de que el dueño de Pfizer es el fondo Black Rock, el mismo que trató de impedir la reestructuración de deuda argentina, añadió Rachid.

Black Rock es monopolista, la fusión Bayer-Mosanto, de las que es el mayor inversionista, fue impulsada por el fondo de inversión; y largoplacista.

Son muchas las voces que avisan de los riesgos para le economía mundial que representa su principal jugador, Black Rock.

Entonces volvemos a la ciudad divida. Sus ciudadanos ignoran cuál será la postura de los gobernantes ante fenómenos como Airbnb y actores financieros como Black Rock. La respuesta nos la dio el presidente de México en el 2018, el que se considera azote de los neoliberales, conservadores y “fifís” que han vencido en el margen izquierdo de la capital mexicana dejando, supuestamente, dividida la ciudad en dos. El jefe del estado celebró que el fondo de inversiones más grande del mundo realizara una convención en México, lo que para el mandatario era muestra de la confianza de Black Rock en el mercado mexicano
Puede que la ciudad este divida pero la roca es firme.